POV CHARLIE
Mi hermana arregló todo, podria jurar que lo hizo a propósito¿pero como lo sabría? Insistió en que quería que todos nos quedáramos en casa de mis padres, y cuando digo todos, no me refiero solo a mi, si no también a mis tíos, Stef y Oliver, por supuesto a Bea, dijo sentirse mareada luego de beber mucho, parece que las cosas no cambian, ella apenas se tomó una copa, sigue siendo la niña de mis ojos, tan frágil... La conversación con Bea se dió sola, como si nunca nos hubiéramos separado, pero se que eso no puede ser y me voy a obligar a sacarla de mi mente, al menos dejar de verla como mujer y empezar a verla como... Mi prima, recostado en mi antigua habitación, no puedo evitar pensar en Jiyeon, mi mejor amiga, nunca pensé que volver a casa se sentiría tanto como.. dejar una parte de mí atrás.
FLASHBACK
Estábamos en la estación de Hongdae, justo frente a la salida 9, el lugar donde empezaron tantas noches de risas, planes espontáneos y charlas que se extendían hasta el primer tren de la mañana. Jiyeon tenía los brazos cruzados y una expresión difícil de leer. Con ella siempre fue así: reservada en los momentos importantes, como si al no mostrar lo que sentía, pudiera controlar el dolor.
“Entonces... ¿ya está todo listo?” preguntó sin rodeos, mirando a la gente pasar como si eso hiciera más fácil no mirarme a mí.
Asentí -Vuelo mañana temprano. Mamá está emocionada. Dice que ya era hora- le dije
Ella asintió también, pero más lento -Veintiocho años… Y aún te regaña como si tuvieras quince- dijo con una media sonrisa.
Reí, bajando la cabeza -Lo sé. A veces siento que no he cambiado tanto- reí también, para aligerar el momento, Jiyeon no respondió. Se quedó quieta, en ese silencio que a veces compartíamos cuando las palabras no alcanzaban. Era buena en eso. En decir mucho sin decir nada -No estoy seguro de que esté listo para irme- admití después de un momento.
-Pero te vas igual- dijo, sin rencor. Solo con verdad.
-Sí- confirmé
Ella respiró hondo y me miró por fin. Sus ojos tenían ese brillo que conocía bien: no era tristeza pura, era una mezcla de orgullo, resignación y un cariño que ni la distancia iba a apagar -Me alegra que vayas a estar con tu familia- dijo. -Te lo mereces, Charlie. Pero eso no significa que no duela-
Me acerqué un paso -Eres mi familia también, Jiyeon. Nunca habría sobrevivido estos años aquí sin ti-
-Lo sé- dijo, y esta vez, su voz tembló un poco -Y tú tampoco sabes cuánto hiciste por mí. Siempre fuiste más que un amigo. Eres el tipo de persona que deja huella, incluso cuando se va- admitió
Me dieron ganas de decirle que me quedaba. Que me olvidaba del vuelo, del trabajo remoto, de los planes familiares. Pero sabía que eso sería egoísta. Y ella nunca me dejó ser cobarde.
-Voy a escribirte. Llamarte. Enviarte fotos ridículas de mi padre intentando cocinar kimchi- aseguré
-Más te vale- respondió con una sonrisa quebrada. Nos abrazamos. Fuerte. Como si los años de amistad, de risas y secretos, se pudieran apretar en ese momento para que no se escaparan. Cuando nos soltamos, Jiyeon me puso algo en la mano: un pequeño llavero con un tigre, como el que vimos una vez en una tienda de Insadong y del que dijimos, medio en broma, que sería nuestro amuleto de buena suerte -Para que no te olvides de Corea- dijo.
La miré, con un nudo en la garganta -Imposible. Sobre todo de ti- Y entonces me fui, con la sensación extraña de que estaba cerrando un capítulo que no quería terminar. Pero también con la certeza de que algunas conexiones, como la nuestra, sobreviven incluso a los océanos. Ella solo tiene a su madre, no tengo idea de por qué en Corea la gente tiene tan poco apego personal, no tiene más amigos que yo, y eso me duele, me hubiera encantado decirle que viniera conmigo, pero la salud de su madre está muy desmejorada y le sería imposible hacerlo, con la promesa de seguir en contacto, me fui a casa a empacar 10 años en una sola maleta..
FIN DEL FLASHBACK
Tomé mi teléfono, no podía dormir, aún no estoy acostumbrado al cambio de horario, vi la hora, eran cerca de las 12, en Corea sería casi la 1 de la tarde así que sin dudar, oprimí el botón de videollamada en el contacto de Jiyeon
-¿No puedes vivir sin mi cierto?- dijo al responder, me reí
-¿Tengo que confesarlo? sabes que me haces falta ¿Cómo va todo por allá sin mi?- le dije
-Pues bien.. es cuestión de acostumbrarse, sabes que no tengo muchos amigos Charlie- me dijo obviando su respuesta
-No empieces ¿Cómo está tu mamá?- quise saber
-Cada vez peor- me respondió y la sonrisa que antes tenía, no estaba más.. -Sigo pidiendo a diario por ella- así era desde hace casi tres años..
-Solo llamo para decirte que te extraño y que ojalá estuvieras aquí- le dije con una sonrisa -Tuve una extraña bienvenida- confesé
-¿No te extrañaban tanto como pensabas?- se burló, dejo salir a esa Jiyeon que yo conocí
-Te equivocas.. o eso creo- le dije divertido y empecé a contarle todo lo que pasó con Bea, me escuchó atentamente como siempre lo hace, esperó hasta el final para poder hablar..
-El amor es así amigo, no pide permiso, solo llega y no avisa- me dijo seriamente
-¿Cuál amor? ¿Que sabes tu de eso? Jamás te conocí uno ¿No me vas a decir que estás enamorada de mi verdad?- soltó una sonora carcajada al escuchar lo que le dije
-Eso quisieras, todo indica que voy a morir soltera- dijo, no se muy bien si estaba bromeando, si bien siempre nos contamos todo, nunca entendí por qué siendo tan linda, nunca la vi con nadie.. -Piensa muy bien tu siguiente paso, siempre te importó la familia, yo te apoyo en lo que sea que decidas- me dijo -Ahora duerme, todo un día de ser posible, será difícil que te acostumbres al nuevo horario- me hizo una seña con la mano, se la devolví y cortamos, daba vueltas en la cama, no podía dormir, me levanté resignado hacia el balcón de mi habitación, necesitaba tomar algo de aire fresco..
NARRADOR OMNISCIENTE
Charlie se apoyó en la baranda del balcón, el aire fresco de la madrugada apenas estaba aliviando su inquietud. Fue entonces cuando escuchó un leve crujido debajo, seguido de susurros apurados. Al asomarse con cuidado, distinguió las siluetas de su hermana Valentina y su prima Bea, cruzando el jardín trasero con mochilas a la espalda.
El corazón le dio un vuelco.
—¿Qué hacen...? —murmuró, pero no se atrevió a llamarlas.
Sin pensarlo demasiado, bajó las escaleras descalzo y abrió la puerta con sigilo.Las vio subir al auto de su hermana Valentina. Charlie se agachó tras el seto cuando escuchó el chirrido de las puertas. Su corazón latía con fuerza mientras observaba cómo Valentina tomaba el volante y Bea se acomodaba en el asiento del copiloto. Sin encender las luces, el auto se deslizó hacia la calle con sigilo... hasta que, en cuanto doblaron la esquina, aceleraron a toda velocidad.
Charlie no lo pensó dos veces.
Con el corazón en la garganta, corrió descalzo por la vereda, aún en pijama, siguiendo el sonido del motor que se alejaba. Sabía que no podría alcanzarlas corriendo, pero también conocía todos los atajos del barrio. Si se apuraba, podía llegar a la vieja estación de tren antes que ellas.
El pavimento le quemaba los pies, pero el miedo y la curiosidad lo impulsaban más que el dolor. ¿A dónde iban a esa hora? ¿Por qué se habían ido sin decir nada? ¿Y por qué esa prisa desesperada?
Charlie no lo sabía aún, pero aquella noche cambiaría todo lo que creía sobre su hermana...