"Sí, una muy mala inversión. Y creo que soy el principal culpable, y hay muchas personas afectadas. Tú puedes ser la jefa, la presidenta, pero quizás las otras personas..." "¿Por qué no me lo dijiste antes?" interrumpí, molesta. "Estamos tratando de planear una vida, de traerla al mundo, y no eres capaz de decirme que estás en la quiebra ¡Me parece irresponsable!" "Por eso estuve raro y no quería decirte, no quería preocuparte", explicó. "¿No estás embarazada, verdad?" preguntó ansioso. "Por favor, vete", comenté, molesta y cruzada de brazos, mientras él me miraba triste. "No, por favor, hablemos..." "Te dije que te fueras, Javier ¡Vete!”, grité molesta. “Si quieres, te puedo invitar a un helado", propuso. "Pero si no tienes dinero..." añadí con sarcasmo. “Pero… algo me queda y…”,

