La primera nevada hizo su aparición en medio de la mañana siguiente, el invierno ya había estado haciendo su presencia desde hace algunos días pero hoy realmente quiso hacerse notar. El sol alumbraba y era tan brillante como para molestar los ojos de Noah pero aun así, nada de calor, es más, las puntas de sus dedos eran un poco azules del frío y él a pesar de ser una persona muy consciente de las contradicciones ambientales, no tenía la ropa adecuada para la época.
Esa mañana corrió desde el auto en el estacionamiento a la entrada del teatro. Antes de entrar visualizo una corta fila de niños de primaria. Abrigados desde la cabeza hasta los pies, manos envueltas en mullidos guantes de lana y pequeños gorros de distintos y características mezclas de colores. La capa de nieve no era densa, pero aun así si la veías podías sentir como su frío calaba tu piel. Miro sus manos y luego a los niños cerca de la entrada de la pequeña guardería de la zona. –Son tan pequeños y lindos- Miró con curiosidad y nervios, varios de ellos se veían caminando torpe pero sonreían y jugaban tomados de las manos.
“Voy dos veces a la semana al gimnasio” Dijo una voz cerca de su oído. El omega instintivamente por la sorpresa llevo ambas manos a sus oídos y los cubrió nerviosos. No se percató de lo que le habían dicho pero recibió gustoso el aroma a feromonas, delicioso aroma a tierra profunda en el bosque, tierra húmeda, suave y exquisita. Lo llevaba a su lugar favorito.
“Es muy temprano ¿qué haces aquí?” el alfa pestaño un par de veces viendo las manos azuladas del más joven, sonrió. Quito de manera elegante y casual sus guantes de cuero n***o, agarro las manos del omega y las apretó entre las suyas. El chico se sonrojo por la tierna acción y no se retiró, disfruto el calor. Miró sus manos sintiendo nuevamente la punta de sus dedos. “Era verdad… Estas calentito”
El mayor parecía repentinamente ser un hombre de pocas palabras. Respiró profundo y con su nariz agito el cabello de la frente del más joven, sujeto con una sola de sus manos las del omega y aparto el cabello con la otra. “Tú ropa es demasiado ligera, terminarás resfriado si vistes así con esté clima”
“Tú tienes calor para todos así que estaré bien”
-Ajam- Recibió como respuesta, el alfa busco con la mirada la dirección de lo que mantenía al más joven perdido en sus pensamientos. “¿Qué mirabas con tantas atención? ¿Algún chico?” Cuestiono levantando una ceja. El omega dejo escapar una risa mientras observaba como el alfa continuaba mirando en todas direcciones.
“Con este perfecto espécimen que podría llamar más mi atención” bromeo jugando con sus dedos entre las manos del alfa.
Al instante deseo no haber dicho lo que dijo, quiso retractarse pero ya había oído el ronroneo de satisfacción del más alto sintiendo como en su pecho su corazón dio un vuelco. Señalo con su cabeza el pequeño jardín de la guardería, ahí los más pequeños recibían instrucciones y escuchaban atentos a los maestros.
“Los niños… En casa tengo dos” Dejo salir el más alto. El omega lo miro descompuesto. ¿Tenía dos hijos? Como puede estar coqueteando con dos niños en casa, ¿y su pareja? Quiso quitar sus manos pero fue sujetado con fuerza. “Mis hermanos, tengo hermanos mellizos” Jadeo alterado casi entrando en pánico. Soltó con algo de desespero esas palabras siendo observado, el omega quiso reír por su sobre reacción pero el alfa ya estaba buscando algo en su bolsillo con la mano libre.
Saco un celular del bolsillo interno de su gabardina, prendió la pantalla sin desbloquear y ahí dos pequeños mini Orión sonreían abrazados a un perro. “Tienen 12 años, pronto cumplirán 13, no soy tan viejo para tener hijos tan grandes”
“Eres grande, no viejo” Aclaró el omega “Me refiero a tamaño más que edad ¿Qué edad tienes?”
“30, cumpliré 31 dentro de poco” Julián no estaba tan bien informado, tenía solo 30. Sonrió tímido, Orión no le pregunto, él ya sabía todos los datos básicos de su omega; hombre preparado vale por mil. “Mis hermanos pequeños y yo tenemos el mismo día de cumpleaños”
El omega lo miró con sorpresa, aquello sonaba realmente cálido y tierno. Su mano salió de su escondite y acaricio la mejilla del alfa que no veía nada en particular, solo estaba comportándose tímido y jovial.
Antes de que ambos entrarán en una burbuja suave con ese aroma cargado a feromona que dejaban salir de vez en cuando cada vez que estaban cerca, el teléfono de Noah sonó en su bolsillo. Lo saco y miró la pantalla. Un número desconocido. “¿Hola?” El alfa se mantuvo cerca, pego su pecho a su costado bloqueando el aire frío, no habían entrado aún al teatro por motivos que ambos no conocían.
“Maldición, Noah, ¿por qué es tan difícil contactarte? Tuve que preguntar a nuestros compañeros para obtener tú número”
“¿Francis?” El alfa reconoció de algún lugar el nombre, no recordaba claramente de dónde pero sabía que no era nada bueno.
El omega dio un paso al costado impidiendo que el alfa escuchará la conversación. “¿Continuas enojado? Podríamos reunirnos y conversar, quizás podría viajar a tú casa y vernos, me quedaré unos días y …”
“Alto, a terréense no le gustará esa idea y a mí me gusta menos, quédate donde estás, nosotros ya no tenemos nada que ver. “Corto la llamada sin despedirse, al instante volvió a sonar pero fue silenciado. Noah dio un suspiro y miró al alfa. Lo hacía sentir tranquilo. “Tengo frío” Dejo salir suavemente. El alfa de forma protectora lo rodeo por la cintura cubriendo casi todo su cuerpo con la chaqueta. Noah sintió el impulso incontrolable de reír con demasiada efusividad. “Me refería a que entráramos”
El alfa lo dio vuelta en sus brazos y camino al interior del edificio.
Sí, se estaba tomando demasiadas atribuciones. Solo ayer había hablado con el omega sobre no querer una relación. No, él no se iba a rendir ni se atrevería a bajar la guardia.
Algunas miradas furtivas los vieron entrar, el omega sintió el recelo de algunos ojos como agujas. –El yugo de la belleza- Pensó. Pues el alfa era demasiado hermoso como para pasar desapercibido.
“Estoy cansado Francis, no lo entiendes, está no es la vida que quiero, quiero salir, estar con otras personas, viajar” Terrece grito agitando sus manos, lanzando algunos objetos al piso. Era la tercera vez para el omega en menos de una semana llegar ebrio luego de desaparecer durante toda la noche. Francis debía trabajar en la empresa de sus padres, estudiar y llegar a su nuevo apartamento de lujo para soportar esto. Jamás desde que comenzaron a vivir juntos lo encontró en casa, nunca tenía tiempo para él pero siempre exigía dinero y tiempo que el mismo no otorgo jamás. Francis estaba cansado.
En siete meses descubrió algo. Su mejor amigo le advirtió por una razón, y también, por ser hermanos no significa que podría ser parecido. Esté omega no se arecía en nada al omega que era su mejor amigo, no era dulce, no era tierno, no era listo, tampoco fue jamás complaciente o suave, no quería afecto solo le importaba tener dinero pero tampoco quería trabajar o estudiar. No buscaba una relación solo un apellido y quizás molestar a su familia.
“Quiero anular el matrimonio” Dejo salir rascándose la nuca. Ya estaba molesto desde que Noah, su persona favorita en el mundo le cortó la llamada luego de más de cinco meses sin hablar con él. “Estoy cansado, desde que estamos juntos como un matrimonio no eres nada de lo que pensé me gustaba, llegas ebrio todos los días, gastas, no tienes metas y solo te quejas de todo. Así no se puede convivir.
“¿Qué quieres decir? No puedes, no tengo un lugar donde ir”
Entro en pánico el menor, lo miro desesperado, vio en todas direcciones, la comodidad a la que recién estaba acostumbrándose, sus nuevos amigos, los bares y la noche. ¿Tenía que dejarlo? “hagamos un último intento, no hemos tenido siquiera un viaje de luna de miel, te siento lejos, nunca pasas tiempo conmigo” Francis lo vio directo a los ojos. La mirada inyectada en sangre del más joven le hizo entender que esto podría ser una oportunidad de hacerlo darse cuenta que no tienen nada en común, que este matrimonio fue un error. Por suerte no había cachorros ni marca de por medio. O se vería atado a aquel omega para toda la vida.
“¿qué propones?” El omega lo vio esperanzado, se colgó del cuello de su chaqueta, las manos del alfa sostuvieron sus puños tratando de mantenerlo alejado de él. Sus intentos de ser afectuoso últimamente le causaban jaqueca, Francis sabía que el omega dormía con otras personas, lo sintió poco después de comenzar a vivir juntos.
“Un viaje, vamos a ver a mi hermano, quizás él nos ayude, conocemos la ciudad del arte, hay tanto que ver en esa ciudad que podemos pasar un tiempo agradable juntos, nuestra luna de miel no necesita ser extravagante, solo necesitamos estar juntos” Dejo salir rapido atropellando una tras otra las palabras. El alfa sintió su corazón agitado. Si quería, definitivamente quería ver a su amigo. Lo extrañaba de manera antinatural.
Si termina esté matrimonio y por la adversidad entre los hermanos conquistar al omega seria dificil y quizas hasta un poco cruel pero no podía negarlo.
Desde que se entero de los sentimientos de Noah con sus propias palabras nunca pudo olvidarlo. El único te amo sin un sentido de amistad que salio de su boca fue el último, el más significativo. Desde ahí a diario soñaba con su amigo, lo deseaba y solía fantasear respecto a él como un adolescente, deseaba cada día que quien despertaba a su lado fuera Noah y no Terry.
Ni siquiera recordaba su sonrisa, no sabía cuando fue la última vez que le vio sonreír, no sabía como se escuchaba cuando reía con fuerza. cuando le acariciaba el cabello, cuando pasaban la noche juntos viendo el cielo. Perder el tiempo, estudiar o jugar algun videojuego nuevo.