Enojado, fruncí el ceño y apreté los puños. Tanto Charles como Erika sufrieron durante años ese calvario de matrimonio infeliz, devastado por una posible infidelidad que nunca fue comprobada. Ellos se alejaron para nunca más volver, y escuchar su regreso fue imposible de asimilar. Charles no le perdonaba que ella tuviese contacto íntimo con su jefe, y ella no le absolvía que él dudara de su fidelidad y la hiciera quedar como una cualquiera ante el resto de Charleston. Sabía que si lo necesitaba, Charles siempre estaría para mí, fuera cual fuera la situación, así que no lo dejaría enfrentar eso solo. Erika no era mi persona favorita en el mundo, sin embargo, estaría dispuesto a hablar con ella si eso calmaba las ansias que tenía Charles por saber la verdad. Mi más antiguo amigo caminó has

