CAMÍLA
Me cuesta un poco ponerme los pantalones pero lo logro, arreglo mí sostén y la blusa y salgo del auto; el ya está fuera y me da la mano cuando he salido y cerrado la puerta, tiene una sonrisita del gato que se comió al canario y se que es por lo que acabamos de hacer hacer unos minutos.
— ¿Así de satisfecho eh? — Lo tomo del pelo por la cara de satisfacción que lleva.
— Así de mucho — Contesta con una sonrisa de oreja a oreja.
Tomamos el ascensor que nos lleva hasta la última planta del edificio, no es muy grande así que solo vamos hasta el piso 10, caminamos por el pasillo y llegamos a su departamento, el abre la puerta y veo que el sitio es tal cual como me lo imaginaba, libros por todos lados; en estantes, en las mesas, el lugar está limpio pero Edward es un poco desordenado.
—Disculpa el desorden, estoy en exámenes de mi especialización y es demasiado lo que debo estudiar — Es de verdad impresionante, el tipo debe leer muchísimo.
— ¿En qué te especializas? — Es demasiado bello para su propio bien, tiene cara de pediatra.
— Cardiología — Responde con orgullo, siento un vacío en el estomago porque me duele pensar que nuestros mundos están muy lejos uno del otro.
—Debes ser de verdad muy inteligente — le digo con un poco de envidia, creo que si la tía Cecile no hubiera muerto, mi vida seria distinta y estaría por terminar la universidad, pero tomé malas decisiones y ya no puedo cambiar eso.
— No se de eso, pero se requiere mucha disciplina, constancia y trabajo duro, no es fácil dedicarte a la medicina, es un trabajo de tiempo completo y aprendizaje constante, he tenido que sacrificar muchas cosas en mi vida personal pero ha valido la pena, este es mi último año de residencia — ¡Wow! Este hombre de verdad tiene todo lo que una mujer desea; y aunque todo esto es muy interesante, hay algo básico que quiero saber:
—¿Cuantos años tienes? — Se supone que debería haber preguntado lo básico antes de dejarlo meterse en mis pantalones, pero ya qué.
—28 ¿y tu? — Que bueno que la diferencia solo son 6 años.
—22 — Contesto con un poco de vergüenza, no quiero que piense que mi edad es un problema y que es mejor estar con alguien mas madura.
— Eres muy joven — Ruedo los ojos y le sonrío picara.
—Solo en edad, créeme — Trato de hablar en un tono ligero y divertido, pero mis ojos no mienten y Edward no se pierde eso.
— ¿Me contaras esa historia? — Que mas quisiera yo, pero creo que el no entendería por lo que pasé y lo que hice.
—Algún día — Contesto con un nudo en la garganta.
El me toma de la mano y me dice que me dará el recorrido, me enseña su departamento de principio a fin; tiene una gran sala, cocina abierta, un estudio, dos habitaciones y dos baños, creo que es un buen sitio y bastante amplio; luego, mientras yo miro distraída por la ventana, el recoge todos los libros que hay tirados y los apila en la mesa de centro de la sala, sonrío al ver como intenta poner orden, se nota que no es lo suyo. Cuando termina, se acerca a mi y me toma en sus brazos.
— ¿Estás hambrienta? — Pregunta robándome un pequeño beso y manteniéndome cautiva en sus brazos, no es que eso me moleste.
— Muy — Contesto con una gran sonrisa, aunque lo que quiero de verdad no es comida.
— Voy a mirar que puedo ofrecerte — ¿En serio? pensé que había notado la indirecta, me suelta, se va la cocina, abre la nevera y mira su contenido — No creo que tenga nada decente aquí — Se disculpa arrugando la cara.
Voy hasta donde está, miro el contenido y veo empaques con comida china, pizza, y gran variedad de comida chatarra, el Doctor es un hombre de malos hábitos alimenticios.
— ¿Eres consciente que esto es malo para la salud? — Debería saberlo don cardiólogo.
— No tengo tiempo de cocinar — Ahora tengo una necesidad loca de cuidar de el.— Contrólate Camila...— me digo.
— Tienes suerte que amo la comida chatarra — Me sonríe y sacamos lo que vamos a comer de la nevera.
Calentamos un poco de todo y comemos en la barra mientras hablamos, el me cuenta que llegó a la ciudad hace pocos meses, a terminar su ultimo año de residencia en el Sant Louis, ya que fue transferido aquí por solicitud de su jefe, quien lo recomendó, ya que este hospital sería mejor para su carrera porque tenia los mejores médicos del país, también me habla de su madre y de su familia en general, como fue su vida mientras crecía y como se decidió por la medicina desde muy joven porque quería salvar vidas.
Yo lo escucho embelesada y siento un enjambre de bichitos voladores en mi estomago, ¿por qué tengo que ser tan tonta? fue lo primero que me advertí, ¡solo sexo Camila¡ ¡solo sexo Camila! pero no, nunca hago lo que se supone debo hacer; no quiero solo una noche, quiero sentarme todas las noches a escuchar lo que sea que quiera decirme mientras comemos, quiero que tome mi cuerpo en todas las posiciones y todos los lugares posibles de este departamento, edificio, calle o donde sea que nos agarren las ganas; lo siento Doctor Marshall, creo que voy a quedarme contigo.
Por mi parte, le cuento mi vida a retazos, el ha destapado una botella de vino y nos sentamos en el sofá de la sala uno muy cerca del otro, Le hablo de la muerte de mi madre y como mi padre se desentendió de mi, le cuento que mis tíos cuidaron de mi hasta que ambos murieron siendo una adolescente y viví un tiempo en una casa de acogida, no le hablo de los maltratos de mi tío, o como terminé en una correccional por culpa de mis malas compañías, solo le doy un resumen aceptable y le digo que al cumplir los 18 recibí la herencia de mi tía y decidí empezar en otro lugar.
— Lamento que pasaras por todo eso — No quiero que me mire con lastima.
—Podemos solo no volver a hablar de eso — Digo con amargura.
— Lo siento no quería hacerte sentir mal — Si supiera todo lo que me atormenta por dentro, no estaría disculpándose.
— No lo hiciste, solo no quiero regresar de nuevo al pasado. — No quiero que mis demonios me atormenten de nuevo.
— Que tal si mas bien, vamos a la cama y te hago sentir bien — Le doy una gran sonrisa, me gusta esa idea.
— Pensé que no lo dirías nunca — Le respondo acercándome a el y robándole un beso.
— No quería que sintieras que solo quiero sexo — Cada vez me convenzo mas de lo perfecto que es.
— Puedes ser caballero mañana o tal vez cuando no tenga tantas ganas de estar contigo — Espero que en algún momento entre hoy y algún día, se me quiten estas ganas locas que tengo por estar con el.
— Ven conmigo — Se levanta y me da la mano para que yo lo haga también.
Me levanto del sofá y voy con el tomada de la mano hasta su habitación, me encanta el lugar, su gran cama y como todo esta organizado perfectamente, en contraste al desorden de la sala, el se acerca, agarra mi cara y me besa; es lo único que se necesita para encender el fuego que corre dentro de mi, nos besamos por un largo rato mientras el va desnudándome lentamente y lanzando mi ropa por todo el lugar, lo dejo hacer mientras muero de deseo por dentro, me acaricia con reverencia y besa las partes de mi que van quedando al descubierto, me guía a la cama y caemos en ella riendo como niños, solo llevo puestas mis bragas ya que el me quitó el resto, se aparta, se levanta y comienza a desnudarse también; había imaginado como sería ver a Edward desnudo y déjame decirte que la realidad es 1000 veces mejor que mi sucia imaginación, este hombre parece esculpido por los dioses del olimpo, pecho fuerte, abdomen marcado y esa piel ligeramente bronceada; babeo en la cama donde estoy acostada mirándolo, se quita todo y puedo ver su gran erección apuntándome como un flecha, aunque ya lo había sentido hace un rato cuando estuvimos en el auto, verlo me hace sentir impresionada y excitada en partes iguales, se acerca a la mesa de noche y saca un paquete de condones, saca uno y lo pone junto a mi en la cama, mientras se acomoda entre mis piernas y me besa de nuevo; acaricia mi cuerpo y luego abandona mi boca y comienza a acariciar con ella mi piel, creo que me derrito por sus besos y caricias, pasa sus dedos por mi centro y gruñe en satisfacción al sentir lo mojada que estoy por el, los introduce y comienza a follarme con ellos, gimo de placer, este hombre es muy bueno en esto; cuando estoy a punto de venirme, saca sus dedos, rompe el envoltorio, se lo pone y vuelve a acomodarse sobre mi, me encanta esto, como encajamos juntos, como me toca y como me mira mientras se sumerge en mi interior, gimo de placer al sentir todo su tamaño llenándome y grito de placer, el se mueve al mismo ritmo que yo y me dejo llevar por el mar de sensaciones que me posee hasta alcanzar el orgasmo, el me ataca duro y fuerte hasta que llega también, se queda sobre mi por unos minutos y me acaricia con la nariz, siento ganas de llorar de felicidad, no sabia que podía sentirme de esta manera, plena, feliz y completa.
Me quedo dormida en sus brazos mientras el me acaricia la espalada, el sonido de su corazón me arrulla y por primera vez en mucho tiempo duermo plácidamente.
El me despierta muy temprano en la madrugada
— Debo ir al hospital — Hago ademan para levantarme pero el no me deja — No te levantes, aún es muy temprano, duerme, quédate cuanto quieras, solo cierra bien cuando te vayas — Me da un beso en la frente y se va; vuelvo a quedarme dormida y la felicidad se apodera de mi pecho.