NUNCA ANTES HABIA SIDO FELIZ

2031 Palabras
CAMILA Me despierto con el ruido de una alarma, abro los ojos y al principio me siento desorientada; luego recuerdo donde estoy, la cama de Edward, me acurruco en la almohada del lado donde el durmió, está impregnada de su delicioso olor, miro el despertador y veo que son las 7:00 am y debo ir  a trabajar, desearía quedarme aquí mas tiempo pero mis responsabilidades me llaman. Me levanto y voy al baño, es un hermoso espacio el que tiene aquí; amplio, con paredes de vidrio y esta ducha es de otro mundo; recojo mi cabello en un moño sobre mi cabeza, regulo el agua para que no salga tan fría  y me meto bajo la regadera, uso su gel de baño y cuando he terminado me seco con una mullida toalla que encuentro en uno de los cajones del mueble del lavabo; debo estar en el trabajo hoy a las 9:00 así que debo apurarme para alcanzar a llegar a mi casa, cambiarme y salir al restaurante. Luego de vestirme, rápidamente hago la cama, quiero contribuir al menos con un poco de orden, me gustaría quedarme mas tiempo y explorar un poco, pero mis responsabilidades no me lo permiten, me aseguro de cerrar bien cuando salgo y voy corriendo a casa a cambiarme. *** **** **** **** Llego al restaurante con el tiempo exacto, agradezco a todos mis ángeles por no haber llegado tarde, me cambio a mi uniforme y empiezo mi jornada laboral. Cuando Lauren llega de la universidad no puede evitar lanzarme miraditas sospechosas, ya sabia yo que ella iba a torturarme por lo de ayer. — ¡Habla ya! me tienes desesperada con esas miradas raras que me estás lanzando — Le digo con fastidio. — No puedo creer que me dejaras para irte con el Doctor polla grande — Suelto una risotada por como llama ahora a Edward. — ¿Tu que habrías hecho? ¿no te habrías ido? — Hay por Dios, se que me quiere, pero dudo que hubiera hecho algo diferente en mi lugar. — Y si la tiene grande — Ella rueda los ojos y contesta riendo: — A quien quiero engañar, también me habría ido. — ¿Ven? tenía razón. — ¿Como fue? — Pregunta mirándome expectante. — Lauren fue increíble, nunca había sentido tantas cosas a la vez por alguien. — Ni siquiera podría poner en palabras el mar de sensaciones que recorren mi cuerpo, pero creo que mi cara de felicidad  resumiría todo. — No quiero sonar negativa, pero no me gustaría que termines herida. —  Me dice poniéndose seria ahora. — Creo que debes hablar con el y saber a que atenerte antes de enamorarte como una loca. — Si Lauren supiera lo profundo que ya estoy por el, ese barco zarpo hace buen tiempo. — Creo que llegas un poco tarde — Admito con un poco de vergüenza, ella lejos de lo que yo pensaba, no me sermonea. — Pues entonces al diablo, se feliz y nada mas, si se porta mal contigo tengo un bate, puedo romper su auto — La abrazo, porque siento que no estoy sola y sé que de ser necesario, ella lo haría por mi. — Gracias Lauren . — Ella resopla y me suelta. — ¿Para que son las amigas si no para patear el culo de ex novios traicioneros? — Pienso en esto por un momento, no se que es lo que está pasando entre Edward y yo o como llamar a esto, realmente necesitamos hablar. Son las  4:00 de la tarde cuando Vincent viene a despedirse, siempre es tan amble y cariñoso conmigo que me siento mal por como lo dejé anoche. — ¿Llegaste bien a casa ayer? — No sé como responder a eso, no quiero mentirle, pero tampoco sé cómo están las cosas con Edward o si nos volveremos a ver, no me gustaría que Vinni lo tuviera entre ojos. — Si, me fui a  lo de Ed a tomarme algo con Lauren — Lo que no es una mentira..... del todo. — ¿Por qué no me dijiste? las habría acompañado. — Me siento peor ahora, soy una mala amiga. — Era cosa de mujeres lo siento. — Me disculpo dándole una pequeña sonrisa. — Está bien, pero para la próxima vez, debes invitarme, no tengo mucho amigos con quien salir. — Me iré al maldito infierno. — Vale. — Le doy la mano y el me da un apretón, me aparto de el para limpiar algunas mesas y levanto la mirada cuando veo la puerta abrirse y entra un Edward muy guapo, vestido con esos pantalones caqui de niño rico y camisa blanca hecha a la medida,que se adapta perfectamente a su perfecto pecho, me quedo embelesada mirándolo y prácticamente babeo sobre la mesa que estoy limpiando, me ve donde estoy y me da una sonrisa deslumbrante que hace que mi centro se vuelva liquido de inmediato ¿que no me involucre demasiado? ¡ja! estoy hasta el fondo con esto, Vince me dice algo, pero en realidad no lo escucho porque estoy inmersa en la mirada de ojos miel de este hombre, que se aproxima a mi y es como si solo existiéramos los dos en este lugar. Se acerca y sin ningún aviso me agarra de la cintura, me acerca a el y me planta un beso en los labios, al principio estoy en shock y me quedo de piedra, pero luego me relajo y le devuelvo el beso, cuando nos separamos estoy sin aliento — Hola — Dice acariciando mi nariz con la suya. — Hola — Contesto casi jadeando, luego me sonrojo al darme cuenta que Vince estaba a mi lado y que lo ignore inmediatamente Edward entró por esa puerta, lo mira mal, se despide  y se va. — ¿Dormiste bien? — Pregunta con esa voz ronca y sexy que lo caracteriza. — Mucho — Respondo con coquetería, es tan fácil sentirme desinhibida a su lado que no me reconozco. — Disculpa por dejarte, tuve que irme temprano a trabajar, son gajes del oficio — Comprendo su trabajo y sus locos horarios, debo estar preparada para pasar mucho tiempo separados y además ser muy comprensiva al respecto si quiero que esto funcione. — Lo entiendo — le contesto con total honestidad. — Cami, no quiero que pienses que solo te uso para tener sexo, eres mas que eso para mi. — Los pequeños bichitos voladores se revuelven en mi estomago, no quiero que el note que estoy así de loca  por el, por eso le contesto un poco juguetona: — Osea que ¿soy algo así como tu novia? — Ahora que pregunté, estoy preocupada por la respuesta. — Si quieres llamarlo de alguna manera supongo que si, eres algo así como mi novia. — Voy a contestar a esto cuando escucho como alguien se aclara la garganta detrás de mi y salgo de la burbuja en la que estaba mientras hablaba con Edward. — Doctor Marshall, es bueno verlo como siempre — Espero que mi amiga no se pase de la raya otra vez hoy. — Lauren es bueno verte sobria — Responde el burlándose de ella por como se portó anoche. — Ja, Ja — Se ríe Lauren sin gracia — Le decía a Cami esta misma mañana, que tengo un bate de beisbol y me gusta romper cosas, sobre todo si son de hombres que lastiman a mis amigas. — ¡Hay por Dios! Lauren es exasperante cuando quiere. — ¡Lauren basta! — La regaño molesta por  su comportamiento irracional. — Lo tendré presente — Le responde el sonriendo divertido. — Siéntate, no le prestes atención,  déjame alimentarte — Tomo del brazo a Lauren para llevarla lejos de ahí, nos metemos en la cocina y antes de entrar ella se señala ambos ojos con el dedos indice y medio y luego lo señala a el como diciendo: te estoy observando. — ¿¡Que fue eso!? — le reclamo mientras julio nos mira sorprendido. — Solo me aseguro que el sepa que no estás sola. — Gruño al cielo por la frustración que siento en este momento. — ¿Quiero saber que sucede? — Pregunta Julio arrugando la cara. — ¡NO! — Contestamos las dos al tiempo, Lauren me deja ahí y se va a seguir trabajando y yo le doy a Julio el pedido de Edward, ya se que es lo que le gusta así que no es necesario que le pregunte nada. Cuando se lo llevo me siento en la silla frente al el y me sorprende diciendo: — Si sigues así, voy a tener que casarme contigo — Tengo que hacer un esfuerzo sobre humano para no desmayarme ahí, se que el está bromeando, pero mi corazón es tonto. — Disimula Camila, disimula. — Me digo mentalmente. — Que romántico Marshall,  solo falta que me incluyas en tu testamento por mi manera de follar y tendré la vida solucionada. — Bromeo. — No es mala idea, te incluiría con mucho gusto — Dice guiñándome el ojo y atacando el emparedado — Por cierto tengo novia y ni siquiera sé su número — Muerdo mi labio y sonrío como una boba al escucharle llamarme su novia. — Dame tu teléfono — Ordeno extendiendo mi mano hacia el, lo saca del bolsillo y me lo entrega; me da la clave de desbloqueo como si nada y no puedo creer que lo haga así sin más, supongo que es alguien que no tiene nada que esconder y además que confía en mi; me siento como la mierda por no decirle toda la verdad a cerca de mi, espero pronto poder hacerlo y que no hayan secretos entre los dos. Tecleo mi número y lo guardo en sus contactos, y luego me hago una llamada a mi teléfono para guardar el suyo — Ahora ya lo tienes, puedes llamarme cuando quieras. — O para el caso escribirme, mandarme fotos de sus partes o lo que quiera, no se lo digo, pero no me molestaría para nada eso. —Las noches en el hospital aveces son un poco aburridas — ¿Querrá sexo telefónico? ¡que cuente conmigo! —  Me gustan los mensajes calientes — ¿Que pasa conmigo? he perdido todo filtro, estoy peor que Lauren. — Creo que tu y yo nos vamos a llevar muy bien. — No lo dudo, pienso, no lo dudo. Esa misma noche me escribe un poco tarde preguntándome si estoy  despierta, le digo que solo un 50% y luego comenzamos un intercambio de mensajes subidos de tono, donde me dice cosas que hacen que me sonroje y me excite a partes iguales; le pregunto a que hora irá a casa y me contesta que no está seguro, debe de verdad amar su profesión, se que aveces está hasta 36 horas o más en el hospital. Nos despedimos cuando alguien lo llama para  volver al trabajo, yo me acurruco en la cama y me quedo profundamente dormida. Son aproximadamente las 4:00 am cuando mi teléfono suena de forma insistente, lo tomo y contesto sin mirar la pantalla: — ¿Si? — Aún estoy adormilada. — Dame tu dirección — No entiendo que quiere decir hasta que me doy cuenta quien es. — ¿Edward? — Ya no estoy dormida, ahora estoy muy despierta. —¿Quien mas podría ser? — Tiene razón, es el único hombre a parte de Julio que me llama y julio no lo hace en horas inaceptables. — Aun estoy dormida — Le contesto con la sonrisa que no abandona mi cara últimamente. —Disculpa, acabo de salir del hospital y no quería ir a casa, no debí asumir que no te importaría si fuera a la tuya a esta hora. — ¿Piensa que estoy molesta? si mi pobre corazoncito salta de alegría cada vez que lo escucho, debo sacarlo de su error. — No seas ridículo, trae tu culo a mi casa ¡ahora! — Nos despedimos, me levanto y corro por todo el lugar haciendo una limpieza de ultimo minuto, sospecho que hoy comenzará una rutina entre los dos. 
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