Konstantin.
Hoy me he pasado por la biblioteca, he despertado con ansias de leer un poco.
Al estar allí no me tomo mucho tiempo decidir que leería, cogí el libro seleccionado y me fui a tomar asiento en alguna de las mesas.
Ahí se encontraba un chico, intenté ser silencioso para no molestarlo pero fracasé en el momento en que saque la silla.
El sonido que está emitió no fue nada a gusto para los oídos, pude sentir como la mayoría dejaba de leer para voltear a verme.
—Perdón— Murmuré.
El chico frente de mí, soltó una carcajada, no se veía molesto si no más bien muy contentó.
Baje la mirada para ocultar lo avergonzado que me encontraba.
—Un gusto— Dijo este extendiendo su mano para presentarse.
—igualmente— Respondí apretando mi mano con la de él.
—Mi nombre es…— Dijo.
—Espera ¿Qué has dicho?— Pregunté extrañado al no a ver podido escuchar su nombre.
—Mi nombre es…
Lo mismo ha sucedido, este extraño ha dicho su nombre pero por alguna razón no podía escucharlo.
—¿Puedes escribírmelo?— Pregunté mostrando la plana de mi mano.
—No creo tener un nombre tan complicado pero está bien— Respondió sonriendo.
Revisó varias veces sus bolsillos, se veía un poco insatisfecho.
—Perdona pero no podré cumplir tu petición, no he traído un bolígrafo conmigo— Explicó.
«No puedo permitir que esto se quede así».
si lo dejo pasar seguro me invadirá una ansiedad indescriptible por saber su nombre.
«Debo hacer algo para poder conocer su misterioso nombre».
—¿Puedes venir un momento conmigo?— Pregunté viéndole fijamente a los ojos.
—Por supuesto— Contestó colocando su mano sobre su cabello.
Salí de mi asiento, dejando mi libro sobre la mesa, me acerque a él y lo tome de la mano para llevarlo conmigo hasta la recepción, dónde se encuentra la bibliotecaria que de seguro carga un bolígrafo con ella.
—Disculpe— Dije Dirigiéndome a ella— ¿Tiene algún bolígrafo que me preste?— Pregunté decidido.
Ella me miró de reojos, criticando mi apariencia seguramente, luego cambio la vista hacia él, se notaba un poco asqueada por alguna razón.
—El único que tengo es el mío y por desgracia no creo poder prestártelo niño— Respondió ella dándose la vuelta.
—Solo será un momento— Repliqué.
—Ya dije que no— Dijo negándose rotundamente.
—De todas formas , gracias— Dije para salir de allí y volver a nuestros asientos.
«Que pesadilla».
Tomé asiento para concentrarme en mi libro pero como supuse mis pensamientos no me lo permitían, a recosté la cabeza en la mesa para tratar de tranquilizarme.
—¿Estás bien?— Dijo el chico enfrente de mi.
Levanté la mirada para verle.
—Si, solo tengo dolor de cabeza— Contesté— Perdona por lo de hace rato.
Este río nuevamente.
—No te disculpes, no ha Sido ninguna molestia para mi— Contestó.
Este extraño era muy amigable, tiene potencial para ser un gran amigo.
—No me cae bien— Dijo Bruno apareciendo a un lado mío.
«Quien diría que es tan celoso».
—Intentare decirte una vez más mi nombre— dijo.
—Esta bien— Contesté.
Puedo ver cómo el mueve sus labios pero no logro entender las palabras que salen de su boca.
—Intenta más despacio— Pedí.
Él intentó decir su nombre más lento pero el resultado seguía siendo el mismo.
Levanté la cabeza para ver el techo.
—Pfff.
Suspiré ante tal derrota.
«Tal vez, después de todo si he quedado un poco dañado».
—¿Por qué están importante su nombre para ti?— Preguntó Bruno.
—En realidad no lo es, solo intento evitar un cuadro de ansiedad— respondí casi susurrando.
—¿Has dicho algo?— Preguntó el extraño al frente mío.
—No es nada, solo hablo conmigo mismo— Respondí sonriendo para despistarlo.
—Disculpa por interrumpir en tu lectura— Dijo él.
—No te preocupes, más bien discúlpame tú a mi por robar tanto de tu tiempo— Contesté riendo levemente.
—Ha resultado divertido— Respondió.
—Si, creo que sí.
Ambos sonreímos para luego volver a nuestros libros.
«Que extraño mas extraño».
Pasé unas cuantas horas allí, hasta que mi cerebro no pudo con más letras.
Me levanté para devolver el libro a su lugar, pude notar que él levantó la mirada para observarme.
—Hasta luego— Dije.
—Hasta luego— Contestó.
Fui y llevé el libro, me di una vuelta por la sección de cuentos infantiles para ver si aquel libro sigue aquí.
Revisé varias veces ambas estanterías de ambos lados, no logré conseguirlo.
Suspiré un poco con melancolía.
«El pasado, sin duda es pasado».
Salí de ahí para volver a casa.
«Que cansado me siento».
En la entrada me tope nuevamente con aquel chico.
—Oye, disculpa— Dijo acercándose repentinamente a mi.
—¿En qué te puedo ayudar?— Pregunté un poco sorprendido.
—Es que, yo te he dicho mi nombre y me acordé que por nuestro enredó, no alcance a preguntarte el tuyo— Dijo con la mirada hacia otro lado.
Sonreí ante su declaración, aunque se ve mayor que yo, tiene una personalidad muy infantil.
—Me llamo Konstantin, es un gusto conocerte.
Él se sonrojo todo, no podía entender el por qué de su expresión.
—¿Podrías darme tu número?— Preguntó un poco exaltado.
—¿No hay problema con eso?— Susurré
—Creo que no o por lo menos no en el ahora— Contestó Bruno.
—Claro, dame tu teléfono y lo anotará— Respondí sonando alegré.
Él sacó su celular, de una vez pensé en qué hubiese Sido más fácil haber anotado su nombre en su teléfono y habérmelo mostrado.
Anoté mi número de teléfono y me despedí para finalmente regresar a casa.
—Hasta luego— Dijo detrás de mi.
Yo continué con ansias de llegar para lanzarme en mi cama.
Al llegar a casa, noté que mis padres no se encontraban, no le di mucha importancia pues seguro estaban de compras o en una cita de las que por alguna razón siguen teniendo.
Fui hasta la cocina para sacar de la nevera una manzana, me la comí mientras subía a mi cuarto, ya adentro deje lo que quedaba de la manzana sobre la mesita de noche y me lancé a la cama, dejando reposar mi cuerpo en ella.
«Hugo».
Ese extraño nombre vino a mi mente, no podía descifrar de quién era.
«Tal vez sea el de él».
Por algún motivo me da igual, él… me genera asco.