Konstantin.
Tres meses atrás meses atrás.
Bruno me ha estado sacando a muchas citas las cuales se llevan acabó en los mejores restaurantes de la ciudad, a veces vamos al cine y pasamos gran parte de la tarde allí, también solemos recorrer cualquier sitio que pueda servir como excusa para estar juntos.
Desde que ha logrado conseguir dinero de manera descomunal, salimos casi todos los días a hacer algo más que solo tirarnos al suelo y mirar las nubes.
Debes en cuando suelo extrañar eso, aún así entiendo los motivos de Bruno para comportarse de esta manera conmigo, por eso, al igual que él, intento disfrutarlo lo más que pueda.
He intentado que me confiese la razón de que de la nada obtuviera tanto dinero para gastar en mi pero su respuesta siempre es la misma, su abuela a recordado dónde ocultó el patrimonio familiar.
Me cuesta creer pero él nunca me ha dado razones para no hacerlo y aunque esa no sea la verdad, no creo que sea algo malo de todas formas.
Aún no conozco del todo a Bruno pero puedo asegurar su amor por mi y eso me tranquiliza porque se que como la persona más apreciada en su vida, él nunca tendría las intenciones de cometer algún acto que me lastime.
—¿Pasa algo Konstantin?— Preguntó Bruno.
—No es nada— Respondí sonriendo de inmediatamente.
—Llevas un largo rato pensativo, tus fideos se enfriaran— Comentó.
—Tienes razón, disculpa— Respondí dando un bocado a lo que he pedido de comer.
Hoy como ayer y los últimos días, Bruno me ha comprado más ropa y para celebrar este logro me ha llevado.
—¿No quieres hacer algo diferente?— Pregunté con emoción.
—Te entiendo, también he notado que la comida tiene un sabor insípido— Respondió dejando caer su tenedor— Si gustas podemos ir a otro de los restaurantes cercanos de la zona— Agregó.
«Que arrogancia a optado estos últimos días».
—En realidad me refería a cualquier otro lugar donde no tuvieses que sacar tu tarjeta Bruno— Respondí sonando alegré.
—¿Qué tiene de malo los lugares a donde te llevo?— Preguntó él un poco confundido.
—Nada, no me malentiendas, es solo que esto se vuelve un poco rutinario— Respondí.
—¿Entonces ya no te gusta?— Preguntó mirándome seriamente.
—No es eso.
—¿Entonces que es Konstantin?— Preguntó malhumorado.
—Solo estoy cansado— Respondí para luego tomar un poco de aire.
—¿Te cansa que te trate bien? ¿Qué quiere que te abofetee?— Preguntó alzando la voz.
—No es necesario que me hables así— Respondí bajando la mirada.
—¡Es que enserio no te entiendo, intento hacer de todo para complacerte y pareciera que nada es suficiente!— Exclamó.
—Perdóname, solo buscaba intentar pasar más tiempo contigo, dónde pudiésemos hablar— Respondí con la voz baja.
—Esta bien— Contestó suspirando— ¿A dónde te gustaría ir?— Preguntó con una mirada compasiva.
—A mi casa— Respondí ya sin ánimo alguno.
Bruno se quedo un rato en silencio, mirándome con desesperación.
—En serio que no logro entenderte— Contestó.
—No te estoy pidiendo que lo hagas— Respondí.
—¡Soy tu novio es mi deber!.
Por un momento dejé escapar al yo que tanto miedo causa, permitiéndole tirar los platos junto al mantel de la mesa al suelo.
Mi respiración se encuentra agitada, todos nos veían.
Bruno seguía sin decir nada.
Unos cinco o diez segundos después, llegó un mesero para rectificar que todo estuviese en orden.
—No se preocupe, pagaré todos los daños— Dijo Bruno.
—¿De dónde estás sacando el dinero?— Pregunté enfurecido.
—Ya te he respondido mil veces esa pregunta— Contestó sin darme importancia.
—¿Me mientes?— Pregunté.
—No lo hago.
Me levanté de mi asiento para tomar del cuello de la camisa a Bruno.
—¿me mientes?— Pregunté gritándole.
—Cálmate, estás provocando un espectáculo a nuestro alrededor— Contestó serenamente él.
Empecé a llorar de la nada, no podía entender lo que me sucedía, un miedo enorme se ha apoderado de mi cuerpo.
Solté a Bruno para luego pedirle disculpas.
—Mejor vámonos— Respondió dejando suficiente efectivo sobre la mesa para salir saldados de este pequeño accidente.
Ya afuera, Bruno tomó mi mano para guiarme, yo continué con la cabeza hacía bajo.
«Me siento muy avergonzado».
—¿A dónde vamos?— Pregunté en voz baja.
Bruno no me contestó, se encuentra muy entretenido con la luna quien ilumina su sendero.
—Me arrepiento por mi comportamiento— Murmuré.
Seguimos caminando alrededor de veinte minutos, hasta que finalmente llegamos al parque.
Bruno me llevo para sentarnos juntos en el césped, a esperar que los regadores se activarán.
Podía ver en su rostro una linda sonrisa que omitió la culpa que cargaba.
—Es esto lo que querías— Dijo feliz.
—Gracias pero.
—No te preocupes, me alegra poder hacerte feliz, en realidad también necesitaba un cambio de ambiente, extrañaba venir aquí— Contestó antes de que yo pudiera terminar de hablar.
—No quiero estar aquí— Murmuré.
«No digas eso».
—¿Qué has dicho?— Preguntó confundido.
—¡Que no quiero estar aquí!— Exclamé.
Bruno quitó la mirada, los rociadores empezaron a encenderse.
—¿Podrías contarme que te ocurre?— Preguntó.
—No lo sé, solo no quiero estar aquí— Contesté sin más.
—Entiendo, supongo que ya no te hace feliz— Murmuró.
Me levanté de allí, sin voltear a verlo, corriendo hasta mi casa.
Al llegar, me cubrí con la sábana, temiendo de mi, temiendo de él.
Actualidad.
Esa espantosa pesadilla terminó por despertarme en la madrugada, me levanté asustado con lágrimas cayendo de mis ojos.
Empecé a gritar sin motivo alguno, queriendo morirme.
Mis padres no tardaron en entrar en mi cuarto para ver qué me sucedía, mi madre me agarró entre sus brazos cubriéndome con ellos.
—Calma mi cielo, todo estará bien.
Quería creer en sus palabras pero el corazón me duele y la cabeza me retumba.