Konstantin.
Tres meses atrás.
Hoy, los chicos y yo saldremos a navegar en canoa, las cosas han estado un poco tensas últimamente así que decidimos resolverlo todo con un buen paseo por el lago, el gran lago, he escuchado muchas leyendas de el pero obviamente no creo en ninguna.
—No te quedes atrás— Dijo Bruno.
—Entendido— Respondí exaltado.
Ser parte de la naturaleza no es lo mío, prefiero acampar en mi cuarto, dónde hay wifi y una cocina a unos cuantos pasos.
Bruno me ayudó a sobreviví al bosque para poder llegar a los botes.
«Hubiera deseado la ayuda de Alisa pero últimamente le agrada de la nada Luka».
Aún así no puedo molestarme con ella pues, estoy aquí gracias a sus muy buenas y creíble mentiras.
La mentira de hoy es… Voy al cine con Alisa y la razón para quedarme por fuera, es que la función que veremos será reproducida muy tarde.
«Estoy seguro que mamá ya sabe en cuál página pedir la cuna».
Estuvimos un rato caminando, yo observaba el monto de árboles a nuestro alrededor.
«¿Por qué queda tan lejos?».
—¿Quieres que te cargué?— Preguntó Bruno quien noto mi evidente cansancio.
—No te preocupes amor, estoy bien, aún puedo continuar— Contesté.
«En realidad ya no puedo continuar».
Obligué a Bruno a seguir para que no perdiera de vista a los demás.
«Seria peligroso si a alguno de ellos se los come un oso».
«¿Aquí saldrán osos?».
Me senté en una enorme piedra que encontré en el camino.
«En serio ha no aguanto el cuerpo».
Me detuve para descansar un poco, perdí de vista a Bruno pero no me preocupa, aún tengo mi celular.
Levanté la cabeza para mirar hacia el cielo.
«Que hermosos todos estos árboles que nos rodean».
A pesar de que no estoy del todo agusto, la vista, el aire y la forma en que te hace sentir este bosque es fenomenal.
Después de descansar un rato me levanté para continuar.
«No quiero preocupar a nadie».
Fui en busca de los muchachos, caminando sin cesar pero por un mal cálculo termine perdiéndome.
Fui en busca de mi celular para poder pedir ayuda a Bruno pero al meter la mano en mi bolsillo me di cuenta que lo he dejado en el equipaje de mano de Alisa.
Me empecé a hiperventilar.
«Ahora seré yo la comida del oso».
Di varias vueltas en el mismo lugar, intentando recordar el camino de vuelta pero ni las huellas aparecían.
El miedo empezó a ser presencia en mi, mire con temor el cielo.
«Supongo que son las cuatro de la tarde».
No cuento con mucho tiempo y si me permito estar aquí cuando caiga la noche posiblemente sea mi fin.
Decidí empezar a caminar nuevamente, quedarme allí sin hacer nada no le facilitaría las cosas a los demás.
—¡Bruno!— Grité con fuerzas.
Nadie contestó, no importa aquí en llamará del bosque no sería tan fácil escapar.
Tengo que poner a prueba lo poco que se de supervivencia, el problema es que no se casi nada, nunca pensé que algo así me pasaría.
«Para próximo paseo yo destino el destino».
Pase un buen rato divagando en la soledad de ese inmenso bosque, solo puedo escuchar a los animalitos a mi alrededor, quien de a momentos era bonito escucharlos pero luego se me hacían como algo de historias de terror.
El cielo empezaba a apagar su luz, el lugar donde me encuentro se empieza a ver más oscuro.
El miedo en mi creció.
«Ahora si es mi fin».
Con mi último aliento salí corriendo desesperado en busca de cualquiera que pudiese ayudarme.
«Pero ¿Qué pasa si termino cruzándome con algún caníbal o loco destripador?».
Me detuve de inmediato.
«Debo pensar bien lo que tengo que hacer para sobrevivir».
Bajé la mirada al suelo, sin saber que hacer, cada vez había menos luz y yo empezaba a perder las esperanzas.
Me devolví, deseando poder encontrar el camino.
Llegué a la gran roca dónde me había sentado anteriormente, volví a dejar caer mi cuerpo sobre ella.
«Mejor espero aquí mi fin».
Cerré mis ojos para intentar recordar aquella canción que me cantaba mamá cuando me encontraba nervioso o asustado.
De la nada sentí una mano sobre mi, de una vez contraataque.
—¿Qué haces?— Preguntó Bruno deteniendo mi golpe.
—¡Bruno!— Exclamé saltando encima de él— Te he extrañado mucho, casi y no salgo vivo de esta— Agregué.
—Konstan, te he dicho que no te alejaras de mi— Dijo sermoneándome— Pero me alegro de que estés bien— Agregó acariciando mi cabello.
Yo seguí un buen rato abrazado de Bruno.
«No quiero volver a alejarme de él».
—Regresemos con los demás.
—Esta bien— Respondí un poco más serenó.
Bruno tomó fuertemente mi mano para que yo no volviera a perderme.
Aunque se haga el serio, se que ha estado muy preocupado, lo puedo notar en sus manos frías y temblorosas, en su manera triste de verme y la forma tan insegura de hablarme.
—Gracias por volver por mi— Murmuré sonrojado.
Supongo Bruno no me escucho, tampoco fue necesario que lo hiciera.
«Me encuentro feliz».
Aunque mi estómago si está un poco insatisfecho.
Luego de un rato de caminar, la noche nos alcanzó, por suerte logramos llegar al campamento a tiempo.
Alisa al vernos llegar, salió corriendo para abrazarme, mostrándose preocupada, detrás de ella se acercó Luka.
—¿Cómo te encuentras?— Preguntó Alisa.
—Estoy bien, en realidad no fue la gran cosa— Respondí.
—El pequeño Konstantin es imparable— Dijo para animarme Luka.
Pude observar como Bruno golpeó suavemente su cabeza para que se detuviera.
«Supongo que no es el momento adecuado».
—Nos tenías a todos muertos del susto— Dijo Alisa alejándose de mi.
—Perdón— Respondí apenado.
—Luka ve a preparar la carpa— Dijo Bruno mandando a Luka.
Él aceptó, yéndose con Alisa para que le ayudará.
—Que bien se llevan esos dos últimamente— Dijo Bruno.
—Lo mismo pienso— Contesté riendo un poco.
—No te vuelvas a desaparecer tonto— Dijo al aire.
Miré a Bruno quién tiene la mirada fija al mar, sonreí al escuchar sus palabras aunque me dolía el corazón por causarle sufrimiento.
—No te preocupes, no me volveré a alejar— Contesté tomando su mano.
Konstantin.