Konstantin.
Seis meses atrás.
—¿No tienes un poco de agua para que me regales Alisa?— Pregunté luego de revisar mi celular.
—Claro, ya sabes dónde queda la cocina— Contestó poniéndole toda su atención al dibujo que coloreaba.
—¿Quieres que te acompaña?— Preguntó Bruno.
No quería decirle que no a Bruno pero los padres de Alisa ya se han enterado que soy homosexual y prefiero evitar que se hagan ideas erróneas al vernos juntos saliendo del cuarto por agua.
—No te preocupes, hazle compañía a Alisa— Contesté sonriéndole dándole un toqué con mi dedo índice en su nariz.
Bruno me miró con incomodidad, seguro porque no quiere quedarse a solas en este espacioso y silencioso cuarto.
—Volveré pronto— Dije saliendo de ahí— No tardo.
Bajé las escaleras para ir directo a la cocina, me distraje viendo la bonita colección de vasos de cristal de la mamá de Alisa que por alguna razón guarda en una vitrina en medio del largo pasillo color salmón.
Me extrañó un poco pues, su madre es decoradora de interiores y esto a me criterio no encajaba.
No quise seguir dándole tanta importancia, así que terminé por llegar a mi destino.
En la cocina no pase mucho tiempo, agarré un vaso de vidrio de los gabinetes, me serví un poco de agua y tomé un gran trago para tragar la pastilla que cargaba en el bolsillo de mi camisa.
—Listo por hoy— Dije para volver a subir al cuarto.
De regresó me crucé con los padres de Alisa quien iban de salida.
—Querido Konstantin, que alegría tenerte aquí— Dijo con entusiasmo la señora Vasiliev.
—Hola señora Lauren.
La saludé de inmediato, mostrando mis buenos modales.
—¿Andas con Alisa?— Preguntó.
Entré en pánico, no quería mentir pero tampoco me gustaría que se moleste.
—Si— Contesté riendo levemente.
—Que bueno cariño, dile que saldré un rato, su padre y sus locuras— Comento riendo de su elocuencia.
—Con mucho gustó le daré su mensaje— Contesté sonriendo.
Ella pasó a un lado mío para llegar a la puerta principal.
—Saludos a tus padres Konstantin— Dijo saliendo de casa.
—Se lo daré— Contesté en voz baja.
Nuevamente volví a las escaleras para llegar hasta la habitación de Alisa.
Al entrar todo seguía igual, Alisa entretenida en su dibujo y Bruno… Bruno muere del aburrimiento.
—He vuelto— Dije con emoción.
Alisa no se inmutó, Bruno tampoco, me acerqué a él para asegurarme de que todo estuviese bien.
—¿Pasa algo amor?— Pregunté.
—No, solo me preguntaba a qué hora reparten el café en este funeral— Contestó con sarcasmo.
Me reí por su comentario.
—Que mal genio tienes hoy— Respondí entre risas.
—Es que al menos hubiese deseado que nos invitará a pintar con ella— Respondió.
—¿Quieres irte?— Pregunté viéndole con mi atontada mirada de siempre.
—No, hemos venido Lara pasar esto con Alisa— Respondió.
—Podemos venir luego.
—Pues si tanto insistes— Dijo levantándose de la cama dónde se encontraba sentado.
«Que “Difícil” de convencer».
Me acerque a Alisa para despedirme de ella y darle el mensaje de su madre.
—¿Se han aburrido cierto?— Preguntó ella.
—No, es que tenemos otras cosas que hacer— Contesté.
—Si, nos aburrimos— Contestó también Bruno.
—Perdón— Dijo Alisa avergonzada.
—No te preocupes, ahora que veo de que se trata tu dibujo siento que yo también hubiese estado como tú— Respondió sin cambiar la sería expresión que carga.
Miré el dibujo de cerca para ver de qué se trata.
«¿Un poni?».
«Supongo que el comentario de Bruno fue sarcástico».
Alisa se puso de pie para abrazarnos y prometer que la siguiente vez que la visitáramos haríamos cualquier cosa que nosotros consideremos divertidas.
«Yo considero divertido colorear».
Nos acompaño hasta la puerta de salida y allí nos despedimos.
—Hasta pronto— Dijo ella.
—Hasta pronto— Respondí.
—Chao— Contestó Bruno.
—¿Y ahora a dónde vamos?— Pregunté a Bruno.
—Tu solo deja que te guíe— Contestó con una sonrisa dulce.
«Que emoción».
—Esta bien— Contesté viéndole ligeramente.
—Por cierto ¿Aún sigues tomando aquellas pastillas?— Preguntó mirando al frente.
—Por supuesto— Contesté extrañado.
—Deberías dejarlas— Sugirió.
—No creó que eso sea buena idea— Contesté sonriendo sin saber a qué se debía su interés repentino.
—Bueno— Respondió sin decir nada más durante el camino.
Mientras llegábamos a dónde sea que vamos, intenté hablar de cualquier cosa con Bruno pero este siempre me respondía cortante, hasta que en un momento preferí dejar de seguir intentándolo.
Luego de un par de minutos llegamos al sorpresivo lugar.
—El parque, que bien— Dije mostrando mi felicidad atrás vez de mi sonrisa.
Bruno se quedo en las bancas observándome desde allí, mientras yo caminaba por el césped.
«¿Qué le podrá estar sucediendo?».
“«¿He hecho algo malo?».
Me cree un cuestionario en la cabeza para saber la razón del repentino cambio de humor de Bruno pero por más que lo pensaba, no lograba dar con la solución, así que decidí afrontarlo.
—¿Ocurre algo?— Pregunté demandando una respuesta concreta.
Bruno se encontraba observando el cielo, bajo la mirada para observarme.
—¿Te gustan las mascotas?— Preguntó.
«Eso no tiene sentido».
—Si ¿Eso que tiene que ver?— Repliqué.
—¿Qué animal te gustaría tener como mascota?— Preguntó.
—No lo sé— Respondí confundido.
—Intenta pensar en cualquier que quisieses tener.
—Tal vez un gato o un hámster— Contesté a su extraña pregunta.
—Perfecto— Contestó— ¿Qué harías si supieras que tu hámster sufre porqué está enjaulado?— Preguntó.
—Lo soltaría, creo que cualquier persona normal haría eso.
—Tú eres ese hámster y cada vez que tomas esas pastillas, le das el poder a los demás de enjaularte— Argumentó.
Me reí por su raro ejemplo.
—¿Es por eso que estás así?— Pregunté.
—Solo no me gusta verte depender de ese veneno que te dicen que te arreglará, eres perfecto y aunque no lo fueras yo seguiría viéndote como la mejor creación de los dioses.
Las palabras lograron no solo sonrojar mi cara, si no también, colorear de varios colores mi corazón.
—Tienes razón, no las necesito— Dije viéndole con una sonrisa suave.
Bruno se levantó para colocar su mano en mi cabello y acariciarlo.
—Te amo Konstantin.
Actualidad.
Bajé el agua al excusado, dejando ir mis cadenas.