Konstantin.
Siete meses atrás.
Ayer me decidí a contarles a mis padres sobre Bruno, resultó ser más fácil de lo que esperaba aunque su reacción al nuevamente confirmarles que no hay nada entre Alisa y yo, fue muy cómica.
Ellos solo me han pedido dos cosas.
La primera es que no haya secretos entre nosotros, dicho por mi padre “somos una familia unida e amorosa y por ende no es necesario ocultarnos nada”.
Y la segunda petición, un poco más complicada, quieren que Bruno asista hoy a la cena para conocerlo.
No he encontrado manera de negarme y luego de pensarlo un rato decidí que tal vez si es mejor que lo conozcan, así pueden estar tranquilos.
Ya he hablado con Bruno y al principio le pareció extraño que quisieran verlo tan pronto pero supuso que es porque me quieren mucho y quieren sobre protegerme, eso último sonó muy raro, lo omití.
Al fin que Bruno si aceptó.
Al llegar a casa, mi madre se encontraba en la cocina preparando su mejor platillo para esta noche.
—¿Cómo te ha ido cariño?— Preguntó ella al notar mi presencia en la entrada de la cocina.
—Bien— Contesté sonriendo.
—¿Vienes de dónde tu amigo?— Preguntó condimentando la carne del pollo.
—¿Amigo?— Pregunté extrañado.
—¡Discúlpame cariño!— Exclamó riendo forzosamente— Quise decir de tu… Bruno.
—Ah no, fui un momento a casa de Alisa para contarle lo de esta noche.
—¿No se ha puesto celosa?— Preguntó lavando el cuchillo para empezar a rebanar la carne del pollo.
—No y agradezco que no hayan ese tipo de comentarios cuando Bruno llegué madre— Contesté un poco incómodo.
—No te preocupes, estaré callada, tanto que no me notarán, pareceré un búho— Dijo riendo.
—Esta bien— Respondí para salir de allí y subir a mi cuarto.
«Ya no sé si fue buena idea haber invitado a Bruno».
Organice la ropa que me colocaría para luego meterme a la regadera y tomar un baño caliente.
Estando allí Adentro, mientras fregaba mi cabello con champú, deslice mis manos sobre mi cuerpo para que quedara bien enjuagado, hasta que me tope con mi entre pierna, bajá mi mirada para verlo, lo tomé entre mis manos pará enjabonarlo, cada vez que tocaba de manera suave mi glande, este comenzaba a aumentar de tamaño, provocando que poco a poco se me pusiera erecto, no tengo tiempo para esto pero no puedo evitar pensar en él, en sus labios, en su pecho, en sus brazos, en el lindo y redondo trasero que se marca en la parte trasera de sus pantalones.
Deje volar mi imaginación mientras me masturbaba con dedicación, me proyecté una imagen de él totalmente desnudo, dónde pudiera ver su m*****o, dónde pudiese acariciarlo y jugar un poco con él, es peludo y gigante, es solo mío y quiero chuparlo hasta sentir su tibio líquido en mi lengua.
Eyacule marchando la pared del baño, coloqué mi cabeza contra la pared para tomar aliento.
—Cariño, tú invitado ya llegó— Gritó mi madre desde el pasillo.
«Demonios».
—Ya salgo— Grité.
«Que puntual es Bruno».
Terminé por sacarme el jabón del cuerpo, para salir del baño mojando todo el suelo a mi paso, finalmente secándome en mi habitación.
Me coloqué los boxer, me mire velozmente en el espejo para asegurarme de que se me vieran bien y que todo quedará bien ajustado.
Me coloqué el resto de la ropa y bajé, con el cabello aún húmedo y desordenado.
Ya abajo, le vi.
Él al mírame sonrió de inmediatamente.
«Se ve tan lindo con ese traje que carga puesto».
—Hola— Dije acercándome para saludarlo.
—Hola— Contestó sonriendo.
—Espero no haber tardado mucho— Dije avergonzado.
—No te preocupes, tú padre me estuvo entreteniendo con sus anécdotas de cuando fue selección nacional del equipo de fútbol— Contestó.
«Empezamos mal».
—Perdona por eso, mi padre es muy obsesivo con ese deporte y cada vez que tiene la oportunidad de contar sus logros de la juventud lo dice sin siquiera preguntar— Respondí sonrojándome.
Él sonrió dulcemente.
—Se me ha hecho interesante, no es necesario que te preocupes.
—No quiero interrumpir pero la cena está puesta— Dijo mi madre.
«Que bueno que su “presencia” no ha sido notoria».
Bruno se levantó del sofá para dirigirse a la mesa.
Ambos tomamos asiento al lado del otro.
Mi padre y mi madre, ya hacían ahí.
Todo marchaba muy bien, comíamos y repentinamente alguien decía algo divertido y todos reíamos, fue una buena noche hasta que mi madre se le olvidó ser como un búho.
—Cuéntanos más sobre ti Bruno— Dijo riendo mi madre.
—¿Qué les gustaría saber de mi persona?.
—¿Qué estudias?— Pregunto mi madre.
—Por los momentos no me encuentro estudiando, he decidido tomarme un año sabático para pensar bien que quiero para mi futuro— Respondió alegré.
—Ah ¿Entonces mi hijo es un juego para ti?— Preguntó atacándolo.
—No, mi relación con Konstantin va muy enserio— Dijo volteando a verme.
—¿Y que le puedes aportar a nuestro hijo, si ni siquiera estudias— Preguntó mi padre.
—¡Padre!— Exclamé viéndole con enfado.
—Entiendo sus preocupaciones porque seguro me ven como alguien sin futuro— Contestó— pero no es así, por los momentos es cierto que no puedo darle algo más que mi amor a su hijo pero con el paso del tiempo les demostraré a ambos que Konstantin ha tomado una muy buena decisión al darme la oportunidad de ser su novio y les aseguro que cuando menos se den cuenta él estará viviendo conmigo— Agregó para finalizar.
Un gran silenció invadió la mesa, mis padres dejaron de preguntar.
—Perfecto, lo alejaras de nosotros— Murmuró mi madre con ironía.
—Por favor no les hagas caso— Susurré a Bruno.
Él se miraba muy serenó.
Al finalizar la cena mis padres le dijeron a Bruno que hasta que no hiciera verdad sus palabras no podía contar con su bendición.
Y ya que no nos podían separar, agradecerían que él no volviera a pisar está casa.
—Eso no es justo— Grité alarmado.
Bruno colocó su mano en mi hombro para tranquilizarme un poco.
—Entendido— Contestó sin rechistar.
Afuera, nos tomamos un momento para despedirnos a solas.
—Perdóname por haberte pedido que vinieras a este infierno— Dije con vergüenza y decepción.
—Me he divertido— dijo mirando el cielo estrellado.
—Quisiera poder tomarlo tan a la ligera como tú— Contesté.
Él sonrió para luego voltear a verme.
—No me lo tomó a la ligera, es solo que siento que por ti, nada es imposible, al menos que nosotros queramos que lo sea— Contestó para luego darme un beso en la frente.
—Gracias Bruno— Dije en voz baja.
—Gracias a ti, mi querido Konstantin— Contestó apoyando su cabeza en mi hombro— poco a poco siento que te amo.