Fiebre

1157 Palabras

No podía moverme. Cada músculo de mi cuerpo ardía como si hubiera sido sumergido en fuego líquido. El golpe en el hombro me había dejado con moretones que parecían flores moradas descomponiéndose sobre mi piel, y ahora, para colmo, la fiebre me estaba ganando la batalla. Me sentía débil, mareada, pero me rehusaba a decirlo en voz alta. No quería que él lo notara, no quería darle ninguna excusa para entrometerse más de lo necesario en mi vida. Pero claro… Kendell siempre encontraba la forma. —¿Estás bien? —preguntó con el ceño fruncido, su voz cargada de preocupación mal disimulada. —Estoy perfectamente —mentí, sentándome en el sofá como si mi espalda no gritara de dolor. Me miró de arriba abajo. Sabía que no me creía. —Ana… estás pálida. Tienes los labios secos, tiemblas… tienes fiebr

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