—No lo sé—, Expresó Alana—, Creo que estás confundida, porque, no sientes lo que crees.
—¿Qué? —, Alargué con confusión—, Qué no te he entendido, ¿De que estás hablando? —, Sonreí incómoda.
Francis se sentó frente a mí, para dejarme una taza de café, para verme con un toque de burla, no les solía entender en la mayoría de las ocasiones, quizá eran los estragos de que ella era escritora, me hablaba o muy filosófica, o solía usar oraciones que no solía entender con claridad, sinceramente.
—Qué si sintieras con claridad, si estuvieras segura de tus emociones, no sentirías por la segunda persona—, Repitió, a lo que alcé una de mis cejas—, Porque no habría espacio para otra personal.
—Sí, estoy confundida—, Mencioné mirando hacía la taza—, Es que, él me trata cómo siempre lo desee, es perfecto, siempre tiene los chistes que me hacen reír, los momentos a su lado en realidad me llenan de paz.
El me abre la puerta para que pueda pasar, me trata cómo un caballero, me hace sentir cómo la princesa de un cuento, cómo todo lo que habría soñado.
—¿Y Shawn…?
—Me recuerda a las peleas bajo la lluvia, los días divertidos que pasamos juntos, las tardes donde sólo éramos nosotros dos, cuando llamábamos en la madrugada—, Seguí—, Que siempre era un desastre, pero eso me confunde.
Porque uno era cómo el atardecer de una playa, que me hacía llenarme de colores, que me hacía sentir feliz, más las historias que pasaba con él en realidad eran bastante buenas, las cosas que hacíamos juntos, todo era diferente, sin embargo, todo era diferente, porque eran personas completamente diferentes.
—Y no sé si la confusión que siento por Shawn sea porque estoy a base de recuerdos…
—De una persona que no existe ya—, me recordó Alana—, Quizá, necesitas pasar un día, sin que estén ellos merodeando cómo zopilotes la carne de un animal moribundo.
Miré hacía Francis quien tenía la misma mueca que yo, ¿Me habría comparado con un animal moribundo? Solté una risa sin gracia, para después suspirar. Podría recordar muchas cosas dentro de esto, las primeras peleas, los gritos, la forma en la cuál intentaba alegrarme después de las peleas, pero sin embargo, terminaba confundida de nuevo una vez más.
Gritando que lo odiaba, pero no lo hacía. Sin embargo, una persona nunca podría soportar las balas a la piel por siempre, estaba completamente segura que las cosas eran un desastre porque yo lo habría permitido así. Y es que no podía borrar mis sentimientos por nadie de un día para otro, habría despertado con el corazón ilusionado en esta realidad, sin embargo, cuando llegué aquí, despertó algo que creía que no tenía más.
—Bien, vamos al lago—, mencionó Alana, a lo que le miré—. Solo los tres, ¿Bien?
—Por mí esta bien—, Les dije a lo que sonrieron—, ¿Podemos llevar comida? Allá no hay y…
—Tampoco hay baños, ¿Quieres llevarte una letrina? —, Se mofó—. Quizá la podemos comprar en la tienda de todo por un dólar.
—Quizá. Anda, vete a cambiar—, mencionó Francis a lo que le miré—, Nosotros íbamos a ir al lago igual, ya tenemos nuestras cosas.
Les miré por unos segundos, quizá era hora que dejará de sentir por ambos, no sabía si cuando acabará el mes despertaría en mi realidad, y todo lo que soñé en este mundo podría desvanecerse, cuando me diera cuenta, que esto era eterno, comenzaría a dejar de huir de cada una de las cosas que sucedían, mientras tanto, parecía ser una mala idea, mientras tanto lo mejor era mantenerme quieta.
Comencé a cambiarme, estaba en completo silencio, sola contra mis pensamientos, cuando comencé a escuchar la conversación de Alana y Francis.
—No confió en ellos. Ella es cómo una anciana con alzhaimer—, mencionó Alana en un susurró—. De ser posible, quisiera que no pasará tiempo con ninguno de los dos.
—No podremos cuidarla toda la vida cómo si tuviera cinco años, tenemos casi la misma edad los tres—, mencionó Francis—. Ya no es una niña pequeña, necesita ser ella quien se estrellé contra la vida, para saber que decisiones tomar.
—Sí, Pero cuando conoces a la vida, no cuando despiertas en medio de la nada, sin saber si quiera que es lo que haces aquí, ella no tiene ni la menor idea de que es lo que esta pasando en su entorno, cómo para ser capaz si quiera de tomar la más mínima decisión.
—Eso lo tengo en cuenta—, expresó Francis—, pero, ¿Qué tal si un día no estamos ahí? Es más que evidente que sabe lo que siente.
—¿Lo crees de ese modo?
—Sólo tiene miedo, ¿Vos no te das cuenta de ello? —, Sentenció con un toqué de cansancio—, No quiere herir a ninguno y por ello, se mantiene dando vueltas, persiguiendo algo que si quiera llama su atención.
—No estaría tan segura de ello.
—¿Qué sería de ti si un día despiertas y te das cuenta que a la persona que conocías en realidad solo la idealizaste? Pero jamás existió, ese es el problema Alana—, Le dijo Francis, recargué mi cuerpo en la puerta—. No quiere darse por vencida, porque en algún punto dicha amistad le trajo todo. Pero ahora, que comienza a conocerlo de otra perspectiva, no deja de tener dudas dentro de ella. De ambos.
—¿Y que hará?
—Son sus decisiones—, expresó Francis—, Al final del día, si se topa con pared, estaremos ahí para apoyarla.
Suspiré para caminar hacía el espejo, quizá muy en el fondo sabía perfectamente que ambos tenían razón, pero no quería aceptarlo, porque de ser así, podría ser que jamás entendí de todo lo que se trataba. Quizá no era hora de enamorarme, era hora de seguir con mi vida, investigar que habría sido todo lo que hice desde que perdí la memoria, y seguir con mi vida.
Salí de mi habitación, para ver cómo ambos seguían tomando de su café, estaba agradecido de los amigos que me habría encontrado, porque ellos habrían sido vitales para mí, para que pudiera seguir adelante, sin sentir que la vida se me estaba yendo de las manos.
Quizá tarde un poco más de la cuenta en darme cuenta de lo que se supone que iba la vida, pero ahora que lo entendía, no creía que fuera capaz de dejarlo ir, no tan fácil.
—¿Nos vamos? —, preguntó Alana, a lo que asentí.
Tomamos un par de cosas, comenzamos a cargar el coche, mientras que soltábamos chistes sin gracia y platicábamos sobre las cosas más banales del mundo, podía reír con ellos y darme cuenta, que podía existir más de un lugar seguro en la vida.
Apenas nos subimos los tres al coche la música comenzó a resonar en los altavoces del coche, mientras que los tres comenzábamos a cantar, fue el camino tan tranquilo, cómo divertido, el poder escuchar cómo es que cantábamos, cómo íbamos por ahí, como si fuera de las cuatro paredes del coche ni siquiera hubiera más. Solo éramos nosotros tres, eso me generaba tanta calma.
El saber, que inclusive a pesar de que podía decir que no entendía con coherencia lo que era la vida, los tenía a ellos, así que, ¿Cómo es que saltas a un agujero de conejo y no cambias? Creo que la respuesta podría tener más coherencia con cada segundo que pasaba, con cada minuto que pasaba, sentía que la respuesta estaba introducida en mi piel. Cambias, claro que lo haces.
Pero hay ocasiones, que después de todo, te topas con personas maravillosas que te recuerdan porque la vida en realidad tiene más tonalidades de las cuales solías imaginar, es ahí, en medio del desastre que comienzas a preguntarte, ¿Fue acaso suficiente?
Apenas llegamos al lago, noté todas las cosas que habrían traído, era cómo si se tratase de un picnic, comencé a caminar con ellos, con las cosas en nuestras manos, descargando el coche. No negaría, que sentía que la más si habría llegado a mi cuerpo de manera que lo demás parecía tener el más mínimo interés.
—¿Así que tenían planeado hacer un picnic? —, mencioné teniendo la cobija con Francis—. Es de las cosas más tiernas que he escuchado.
—Pero se escucha divertido—, mencionó, apenas terminamos de colocar la sabana por encima del pasto—, Porque siempre hacemos cosas buenas. Eso es lo divertido de la vida.
—¿Por qué?
—Porque si haces cosas nuevas, vives más de la vida, aprendes cosas nuevas y no sólo vas en una monotonía—, mencionó Alana, mientras dejaba una mochila en el pasto—, A veces nos acostumbramos tanto a la monotonía, que dejamos de vivir con el mismo entusiasmo que antes.
Me quede callada pensativa en lo que habría dicho, a pesar de todo, las palabras que habrían salido de sus labios tenían sentido, recordaba que entre más pasaba la vida en el pueblo, más me sentía asfixiada, siempre íbamos repitiendo las mismas acciones, los mismos lugares, las mismas películas, todo se sentía tan, pero tan igual, que todo lo demás en realidad si comenzaba a cansar, supongo que ahí fue cuando me di cuenta que en realidad tenía bastante razón.
—Así que, mínimo una vez al mes, solemos hacer algo diferente—, Mencionó Francis—. Así, además, avivamos nuestra creatividad, puesto que todos nosotros vivimos del arte.
—Poco valorado a la opinión de los demás si me preguntas—, mencionó Alana, apenas se sentó en el pasto, acomodando un par de cosas—. Quizá vivo en la creencia, que las personas somos capaces de manifestar el arte hacía los demás, mostrándoles colores nuevos…
—Pero, el arte se encuentra en todas partes—, le dio la razón Francis, a lo que Alana asintió—, Vivimos del arte, ¿Qué sería de nosotros sin este? ¿No es que la vida sería un poco más gris? Viviríamos en una monotonía que podría apagarnos.
Les sonreí, quizá, a veces habían personas que no confiaban en nosotros, que hacían que sintiéramos que nuestros sueños eran tontos, así fue cómo recordé la pelea que habría tenido con mis padres, ellos no estaban de acuerdo con las cosas que quería hacer, ni lo que quería estudiar, parecía que le habría dicho la peor de las cosas, y podía sentir de verdad el vacío.
Quizá habría sido necesario llegar aquí, porque pase mucho tiempo pensando “pobre de mí”, pero, ¿En realidad era pobre de mí? Comenzaba a dudarlo, quizá las cosas sucedieron justo del modo en el cual debieron de pasar. Quizá la vida nos habría colocado a muchos en el lugar correcto.
—Sabes, preciosa—, Me llamó Alana—. No eres a la única que sus padres no le apoyan, Francis se salió de su casa también, un poco más joven que tú, puesto que no se sentía capaz de seguir escuchando las palabras de sus padres diciendo que iba por ahí perdiendo el tiempo.
—Sí, no todos tenemos la suerte de tener unos padres cómo Alana—, dijo él mirando a ella—, puesto que, sus padres siempre le apoyaron, siempre creyeron en ella, y le ayudaron a cumplir sus sueños.
Alana le miró con una pequeña mueca, sabía que lo menos que él intentaba hacer era incomodar a Alana, pero en realidad, se escuchaba cómo lo mejor del mundo, ¿Lo sería? Claro que sí.
Supongo que eran del tipo de cosas que cruzabas los dedos y esperabas que en algun punto te pasaran a ti.
—Es sólo que a veces los padres olvidan, que ellos han vivido su vida ya—, mencionó Alana, sacando un par de cosas—, Padres que quieren vivir su vida a través de la vida de sus hijos, sin darse cuenta, que sólo les convierten en personas infelices.
Ahí lo entendí. Era cierto.
Quizá habríamos muchas personas que en realidad podríamos ser capaces de abandonar nuestros sueños, con la única esperanza de mantener la felicidad de nuestros padres, lo hacíamos en ocasiones sin pensarlo, ¿Por qué? Esa duda siempre le habría tenido.
Supongo que, es algo que nos parece normal.
—En fin, no venimos a terapia—, mencionó Alana, sacando una botella de vino de una pequeña bolsa, la cual contenía hielos—. Sino, que venimos a festejar.
—¿Y que festejamos? —, pregunté a lo que ellos se miraron divertidos—. ¿Se han propuesto matrimonio?
—Creo que eso sería un poco difícil, si contamos con que Alana es gay—, mencionó divertido Francis, a lo que miré con las cejas alzadas, Alana soltó una risa—, ¿En tu universo si le iban los…?
—¡Francis! —, Chistó Alana—, Sí, no lo sé. Pero…
—Sí, le iban muy bien—, mencioné entre risas—, Aunque siempre sospeché que lo eras, aunque, nunca lo dijiste.
—Supongo que sólo necesitábamos salir del pueblo conservador—, Señaló Alana pasándome una copa—, En realidad, brindamos por nosotros preciosa, necesitamos ponerte al día, parece gracioso ver cómo no reconoces nada, pero inclusive siento que parece que te excluimos de los planes.
En realidad, aquello si quiera habría pasado por mi cabeza, aunque si agradecía que quisiera contarme sobre lo que habría perdido de memoria, haría las cosas mucho más fáciles, de ese modo, podría entender un poco más las cosas que sucedían, de ese modo, podría ser más sencillo poder ser capaz de entender hacía que ritmo debía de avanzar.
—Si, eso estaría increíble—, mencioné con una ligera sonrisa—. ¿Qué de nosotros? ¿Un mes más siendo amigos?
—Sí, e inclusive, mira tu mano—, mencionó Francis, lo hice, tenía una cicatriz que recorría toda la palma, le habría visto antes, pero creía que se trataba de una caída que habría olvidado—, La tenemos los tres.
—¿Hicimos un pacto de sangre? —, Pregunté conmocionada.
—Sí, pero no, ¿Sabes lo peligroso que puede ser poner la sangre de ese modo? —, mencionó Alana—, Las bacterias, cualquier cosa. Tenemos un pequeño frasquito con sangre en el departamento de Francis, lo hicimos en una noche de borrachera.
—Y aquí estamos.
—Justamente, y aquí estamos—, Añadió Alana—. Hicimos un pacto de sangre, que siempre estaríamos ahí, en las buenas y en las malas.
Y ahí me di cuenta, que en muchas ocasiones, el amor no solo se trataba de una relación, sino de las personas con las que te rodeabas, el amor podía encontrarse en todas partes, así era, podíamos sentir amor por cualquier persona, de este modo, las cosas podrían ser un poco más sencillas, la vida no siempre habría sido complicada, sólo éramos nosotros que no éramos capaces de entender hasta que punto querer.
Pase la tarde con mis amigos, riendo, pintando pequeños cuadros con cosas graciosas, construyendo figuras de legos y hablando, hablamos mucho, me pusieron al corriente de cada una de las cosas que habría hecho desde la preparatoria, al día de hoy, habrían contado cada una de las cosas que vivimos juntos y eso… En realidad, me emocionaba de ciertas formas, de bastantes para ser claros.
Supongo que la vida habría ido tan rápido…
Que a veces no éramos capaces de saber cuando querríamos detenernos, pero ahora, me daba cuenta, que por lo menos yo, no quería detenerme.
Escuche cada una de las vivencias que había tenido al día de hoy, y no podía parar de reír de ciertas tonterías que habría hecho, de ciertos momentos vergonzosos, escuché cómo conocí a Shawn y del modo en el cuál Alana y yo nos habríamos mudado a España, habría quedado encantada con cada una de las cosas que ellos me decían, no podía negarlo, me sentía emocionada, tanto de poder conocer que habría sido de nosotros, cómo de poder seguir entendiendo, que la vida no se me habría detenido.
Ellos eran grandiosas personas, no tenía ni la más mínima duda de ello, no tenía dudas de lo que sentía por cada uno de ellos, contrario a eso, creo que el cariño que les habría comenzado a tomar en los últimos días, sólo habría hecho más que aumentar, ellos habrían sido parte vital para que me encontrará aquí el día de hoy, que me hubiera tomado del valor que no creía que podría tener, y que estuviera aquí.
Que hubiera tomado decisiones que un pasado, no habría tomado.
Con ellos cerca, me di cuenta que habría crecido mucho cómo persona, que no era débil, inclusive, podría admitir que la persona que ellos me describían, a mis ojos sonaba tan irreal, cómo si me estuvieran hablando de alguien más, pero no era así, me enseñaban fotografías, videos, y era yo. Aquella persona que me contaban, de la cual quería saber más y más, era yo.
Y estaba agradecida, porque no era la cobarde a la cuál muchas veces quise enfrentarme, contario a ello era una persona completamente diferente, una persona que… Sin duda alguna, habría cambiado todo antes por un empleo.
Ahora, sólo quería quedarme aquí, porque la felicidad que habría obtenido, me parecía fabulosa, me sentía embriagada de cada una de las cosas que escuchaba y no negaría que eso sin duda alguna me llenaba de emoción.
Vivía en un cuento de hadas, uno que esperaba que no tuviera final.
—Así que esa eres tú—, Mencionó Alana, a lo que sonreí levemente mirando hacia ellos—. Escuché algo…
—¿Qué?
—Habrá otra estrella fugaz—, mencionó a lo que fruncí las cejas—, Es un evento que no volverá a pasar en 300 años, nuevamente, los astros se unirán, será un once…
—¿Otra estrella?
—¿Pedirías que el deseo se rompa? —, preguntó, le miré con curiosidad—, Ahora que conoces tu vida, ¿Quisieras regresar a tu vida anterior?
No los habría perdido, habría ganado nuevas personas, cómo Francis, habría recuperado mi amistad con Jackson, habría sentido cosas diferentes que en un pasado creía que sólo podrían ser producto de mi imaginación, ¿Cómo podría pensar en cambiar absolutamente algo?
Pero… Shawn…
¿Cómo podrías remplazar a tu mejor amigo? ¿Así? ¿Sin más?
Era posible… ¿Qué alguna decisión terminase por ser egoísta? Seguramente sí, pero, ¿Hacía quién?
Si esperaba poder cambiar el pasado, ir hacía un diciembre que los días fueran iguales al pasado, mirando sus ojos una y otra vez, esperando recordar el azul del cielo... ¿Qué sería en realidad? ¿Qué habría traicionado mi corazón o el suyo? Y los momentos en realidad eran bastante bellos, pero sólo podría pensar en aquello, que habrían días en los cuales, no podría con esto, que quisiera regresar, pero... ¿Querría perderlos a ellos?
Quería sin duda a Jackson, cómo quería a Francis...
—¿Cambiar las cosas? ¿Para qué...?
Pero dudé, sobre la fecha de cuando sería dicha estrella fugaz. sobre cuando pasaría todo.