Cadena de favores

5000 Palabras
En general, creo que nunca he sido buena diciendo las cosas que siento, en general creo que comienzo a sentir las cosas y se van acumulando en mi garganta al punto de sentir que estás podrían quedar atoradas y cuando quiera respirar no podré, vomitaré y no habría mucho que hacer, quizá he pasado mucho tiempo creyendo que así es la vida. Si te guardas lo que sientes, no hay manera en que algo pueda salir mal, ¿Pero que tanto puedes guardar? Creo que esa es una de las cosas que más me he preguntado. No puede pasar mucho tiempo antes de que las cosas escalen, y cómo un vaso de agua, con cada gota, terminé por llenarse, y terminé derramando con fuerza el liquido que se encuentra cerca. BLAKE Las calles de España eran hermosas, el clima, las personas, creo que estando aquí en lo único que podría pensar era en que habría cumplido mis sueños y que la persona que habría deseado ser por tanto tiempo, sí existía. Pero conforme el tiempo pasa, las dudas crecen, claro que lo hacen, porque así es la vida, cuando algo comienza a salir mal, comienzas a dudar de que es lo que has hecho bien, de que es lo que has hecho mal, y cuanto podrías correr si deseas hacerlo. —Cuidado—, Un chico me jalo, haciendo que saliera de mis pensamientos—. Las personas normales normalmente esperan a que dejen de pasar los coches, para poder cruzar. —No me percaté, lo siento—, Me disculpe, para suspirar—. Gracias. —Sí, que me ha quedado claro que no te percataste, casi eres un chicle—. Me dijo, señalando el asfalto—. Además, ¿Sabes cuantos traumas podría haberme llevado por tu culpa? —Sí. Pero, seguro serían de los mismos que me harían quedarme en el limbo—, susurré, para mirar hacía mi celular—. Lo siento, tengo prisa. Seguí caminando, para mirar hacía ambos lados y cruzar, noté que él mismo chico caminaba hacía donde yo lo hacía, suspiré, seguro teníamos caminos parecidos, no lo sabía, no conocía nada, ni nadie de aquí, habría pasado mis días intentando recuperar mi amistad con Shawn, que no me puse a investigar sobre lo que habría sido de mí cuando viví aquí, cosa que comenzaría a ser un problema, porque mágicamente no desaparecí de este universo y regresé al mío. Todo seguía sintiéndose un sueño, más como una pesadilla, para mí lo era y lo único que quería era despertar, de verdad rogaba por despertar, porque cada una de las cosas que pasaban se sentían mucho más espesas que las anteriores y las dudas… Esas me hacían sentir tan enferma. Supongo que era lo mismo, sentir que todo iba de mal en peor. Giré en la calle que me habría indicado Francis, notando que el chico hizo lo mismo, podría decirle que, si me estaba siguiendo, que podría darme las indicaciones, porque no sabía a completa certeza cómo llegar, pero me limité a no hacerlo. En realidad, me limité a no hacer muchas cosas, ¿Por qué? Supongo que aún en mi cabeza se sentía cómo una especie de nube espesa de la cuál no podría salir. —Sabes, Blake, podríamos habernos evitado mucho camino, si te hubieras detenido—, me dijo a lo que fruncí las cejas—. Pero bueno, ¿Por qué pareces tan confundida? Sabía que su sonrisa me miraba divertido, quizá estuvo por darme dichos papeles cuando menciono lo del chicle y por eso parecía hablarme con una familiaridad impresionante, cuando… —¿Te ha comido la lengua el gato? Seguramente, no le contesté de nuevo. Intenté recordar, pero no sabía cómo hacerlo. —Risitas, eres una descuidada y una boba—. Me dijo rebuscando en su portafolio—. Sí, esa eres tú. Sonreí de lado. Supongo que habría historias que nunca se completan, quizá habría visto sus ojos en algún universo, donde nosotros éramos perfectos, una amistad sana, pero hay cosas que fracturan otras. —Sí, esa soy yo—, Le dije, tomando los papeles que sacó del portafolio—. Una descuidada… Ojitos. Sabía quien era, habría hablado con él el último mes, notando que tenía un gusto en música particular, que habría llamado mi atención, habríamos tenido conversaciones bastante buenas, un tiempo bueno, sólo no habría sido el momento adecuado. —¿Qué sucede? Parece que has visto un fantasma. —Nada parecido—, Mentí—. Gracias, tenía que darle esto a Francis. —Sí… ¿Cuándo volverá? Dijo que era importante esto, sobre uno de sus libros, pero al final, parece que ha decidido quedarse. —¿Te ha dado la premisa de su libro? —, Pregunté divertida, a lo que él asintió—. Lo tienes en manos, pero no le digas, es un acto mega confidencial, sólo que tenía que salir yo de la ciudad y el jefe lo hará igual—, Cerró el portafolio—. Contando con que… Francis vuelve en dos días, ¿No? —Sí. Se lo daré—, Alcé la carpeta—. Un placer verte. Que tengas un buen viaje. Él agradeció, me giré y carraspeo. —Risitas—, Me llamó, le miré a lo que me sonrió de manera melancólica—. Creo que eres buena amiga. —Gracias—. Le dije feliz, él contrario a una manera de mostrarme felicidad, pareció consternado—. ¿Qué sucede? —Qué no es un alago… Es pena—. Añadió después de unos segundos, le miré sin entender—. Deberías de cuidarte de las personas que te rodena, ¿No sabías? —¿Por qué lo dices de ese modo? Él soltó el aire de sus pulmones, pero no me dijo más, caminó hacía mí y tomo mi rostro, le miré confundida, se acercó un poco más y dejo un beso en mi frente, antes de salir de mi campo de visión. Me quedé ahí, en medio de la nada intentando pensar en una sola cosa, pero conformé pasaba todo, las cosas no hacían más que aumentar dentro de mi cabeza, no podía parar de pensar en que habría cometido errores. Pero, ¿Habría sido tan mala persona? ¿Qué habría sido todo lo que hice? Para que cada paso de la vida se sienta un poco más pesado que el anterior, para que cada cosa que pasaba por mi cabeza, se sintiera cómo una presión en la garganta, no lo entendía, por mucho que luchará, no podía entenderlo. Estaba consternada. Miré las hojas que se encontraban en mis manos, no negaré que la forma en la cuál el me lo dijo me causo demasiadas preguntas, no negaré que me quedé ahí, afuera de la editorial que me habría mencionado Francis por un par de segundos, sin saber cómo reaccionar, habría sentido muchas cosas en cuestión de segundos y las dudas… Esas eran bastante buenas, para poder comerte la cabeza. Miré la cantidad de papeles que se encontraban en mis manos, miré cada pequeño detalle que podría llamar mi atención y… De cierto modo quise indagar, aunque sea un poco sobre lo que se trataba, pero no había indicios y para saber bien de que era, tendría que abrir esto y leerlo, y hacer eso… Sería invadir la privacidad de Francis a un nivel bastante… Extraño. Por el momento me límite a caminar por ahí, pensando en eso y en todo—en general con la cabeza hecha un lío—quizá Emmanuel habría dicho las cosas del modo que creyera que sería mejor de escuchar, yo dudaba que hubiera un modo donde pudieras escuchar que no deberías de confiar por completo en las personas, ni podía parar de pensar en el modo en el que dijo que podrían traicionarme, así que me quedaba aquí, confundida, sin saber cómo reaccionar. Sólo estaba aquí. Noté las llamadas de Alana, noté mi corazón latiendo de manera irreal, era cómo si supiera que en cualquier momento pudiera darme un ataque de ansiedad, cómo si supiera que en cualquier segundo la respiración pudiera salir de mi cuerpo. ¿Qué sucedía? ¿Habría perdido el uso de la razón? —¿Qué sucede Alana? —, pregunté apenas contesté la llamada, escuché de Francis de fondo—. ¿Qué pasa chicos? —¿En dónde estás? —Ah… En un parque—, mencioné mirando mi alrededor con tranquilidad—. ¿Por qué? —¿Emmanuel te entregó los papeles? —, preguntó Francis. Miré aquellas hojas y no negaré que las dudas iban creciendo un poco más dentro de mí a un nivel en el cual creería que podría sentir el corazón latirme lento, ¿Qué era? Quizá Emmanuel habría peleado con Francis, tenía la sospecha de que él era gay, quizá salía con él y se habría molestado, dios, yo que sé. —Sí, aquí los tengo—, mencioné mirando aquel bulto de hojas—. ¿Qué es? —Son papeles, del trabajo—, Chasqueo la lengua—. En tu casa tienes llaves de mi departamento, ¿Puedes llevarlo? Te debería una. —Me debes muchas—, mentí para suspirar—. ¿Escribiste un libro? Se quedó callado por unos segundos, posiblemente se estaban mirando entre sí, Alana y Francis, el silencio de ambos me dejo dudando de manera impresionante, parecía cómo si ambos estuvieran guardando secretos, cómo si no quisieran que supiera que era lo que sucedía… Quizá estaba sobreactuando. —Lo mencionó él, no he abierto esto—, Terminé por decir—. Lo llevaré a tu departamento, ¿Era todo? —Ah, no. Eso era lo que Francis quería decir, yo llamé para otra cosa—, Escuché cómo caminaba—. ¿Crees que puedas hacerme un favor? Quizá pasaría todo lo que quedaba del día haciendo favores, no me molestaba, no era cómo que tuviera más cosas que hacer en realidad, quería conocer la ciudad, pero de ahí en más, no había mucho que quisiera hacer. —Sí, ¿Qué necesitas? —Necesito que vayas a recoger un vestido, cuando llegues a casa, ¿Puedes medírtelo? Estamos igual de flacas, si te queda a ti, me quedará a mí. —Sí—, Suspiré—, Creí que sería algo más emocionante. —Sobre eso… Necesita un favor Gia. Solté un quejido, no era que fuera malagradecida por el favor que ellos me hicieron, pero no tenía de verdad planeado que mí día se fuera en hacer favor tras favor, no era egoísmo, simplemente, creía que tendría más cosas que hacer, que pasar el día haciendo una cadena de favores. —¿Qué necesita Gia? —Ella esta tomando cursos de maquillaje, lo sabes, necesita una modelo. —¿Cuándo? —Justo ahora. Apenas colgó, me mando la dirección, me quedé pensando en lo gracioso y extraño que podría llegar a ser, era curioso cómo parecía que habrían estado llamando a cada persona cercana, no me molestaba. Así supongo que podría ir conociendo a las personas que olvide. Caminé hacía él lugar a donde Alana menciono, resulta que Gia era amiga de ambas, la conocimos años atrás y resulta que nos llevamos bastante bien con ella, por lo que resultaba bien venir. También resulta, que ella habría estudiado más que un curso de maquillaje, porque cuando llegué, note cómo es que las personas ahí estaban haciendo de todo, parecía uno de esos salones, donde lo único que no podían hacer era volar a marte, porque todo lo demás lo tendrían bajo control. —¡Tía! Pero has regresado—, Me saludó con emoción Gia, dejando un beso en mis mejillas—. ¿Cómo ha sido ir a visitar a tu pueblo? —Interesante, lo pasé bien—, Le sonreí, ella miró hacía sus amigas—. Parece que tienen todo bajo control, ¿Si necesitas una modelo? Ella asintió para jalarme hacía una de las sillas, le miré con una mueca. —La cosa es, que, en realidad, necesito un hermoso rostro cómo el tuyo para la publicidad y ese tipo de cosas—, me señaló a lo que alcé duna de mis cejas, notando que lo decía enserio. —¿Publicidad? —Sí, de esa que cuelgas afuera, para llamar la atención—, mencionó con obviedad a lo que me miré confundida ante el son de sus palabras—. ¡Qué estoy jugando Blake! Tu confía en mí, ¿Alguna vez te he fallado? Somos amigas, claro que puedes confiar en mí. Con esas mismas palabras no pare de pensar en lo que habría mencionado el amigo de Francis, Emmanuel, sobre el hecho de confiar, sobre el hecho de cualquier cosa, a decir verdad, mordí el interior de mi mejilla para ver hacía el espejo. ¿En qué me habría metido? Ahí sentada por lo que habrían pasado largas horas, pensé en mi vida en general, creo que a pesar de que Shawn no habría sido la única persona con la que me habría acostado, las ideas del pasado me abrumaban, claro que en la lista habría más personas, pero no podía decir que sintiera algo por ellas, en lo más mínimo, era cómo si quizá las hubiera encontrado por un mero accidente en el lugar y hora inadecuados. —¿Encontraste un chico guapo en tu pueblo? —, preguntó Zoé, Gia le dio un codazo—. ¡Vamos! Ella viene una vez cada mil millones de años, puedo intentar averiguar si no se quedará toda la vida cazando santos. —Eres una tonta—, Rodó los ojos Gia—, Por dios, somos jóvenes cómo para pensar si quiera en un matrimonio. En eso me encontraba completamente de acuerdo, no me habría imaginado mi vida con alguien, menos de ese modo, en una boda, con un enorme y pomposo vestido blanco y los cientos de invitados. Pero… Por alguna razón, la idea que siempre me habría desagradado, esta vez no lo hacía, por alguna razón, la idea de pensar en el futuro, en eso… Parecía bueno. —Sí, pero… —No fui buscando un romance, Zoé—, Reí—, Pero hay personas guapas allá, hombres y mujeres, y ancianos con dinero que no saben en que gastar. —¿Ancianos? ¿Ves? —, Zoé codeo a Gia—, Podría ser mi oportunidad. —Sí, ancianos que se mudan al pueblo para llevar los últimos años de su vida en plena tranquilidad, es lo que ellos dicen, claramente. Sí, era lo que ellos decían, dudaba que uno de nosotros, que los llegamos a atender en diferentes establecimientos llegáramos a esa conclusión. Suspiré, noté que en cada lugar al que terminaba por llegar había una persona que podía llegar a ser capaz de incomodarme, pero, ¿Por qué? Creo que esa duda no parecía algo que podría resolver prontamente. —Sí, a relajarse—. Gia dejo una de las brochas del maquillaje encima del tocador—, no a tolerar a una chica loca que se escapo de España para buscar su oportunidad. —Ay, ¡Vamos! Seguro que él no sabría en que gastar su dinero—, Se quejo. No sabía en que momento muchas ideas se habrían ido más extrañas a mi cabeza, y tampoco sabia si en realidad sabía hacía donde podría llegar el ritmo de cualquier cosa. JACK Esto me parecía completamente extraño, no podía negarlo, no podía negar la idea que, cuando llegué a España, dudé si en realidad Blake quería estar conmigo, o era el miedo, era acaso que quería escapar de la misma realidad a la cuál fue ella misma quien decidió llegar Luego me di cuenta que no tenía nada que ver con ninguna de las dos opciones anteriores, sino en mis dudas. En que habría pasado la mayor parte de mi vida siendo rechazado por Blake, sabiendo que ella no quería ir por ahí con absolutamente nadie, por lo cual, el haberla escuchado en realidad, e habría hecho sentir dudas. —Tienes que tener las fresas perfectas—, Mencionó Alana por el altavoz—, No la dejas en la heladera, y por favor, dime que limpiaste la casa. —¿Por quién me tomas? —, Le dije, mirando hacía mi entorno. Esto me parecía la cosa más ridícula posible, pero también… La más dulce, pensaba en los actos de amor que alguna vez podría haber realizado y estos terminaban por ser pocos, muy, muy pocos. Ahí recaí en que quizá, si a ella no le gustaban los temas del amor, o estás cosas “cursis” era porque creía que nadie podría llegar a hacer cualquiera de los actos que dicen los libros. Recordaba las veces que comenzaba a leer los libros y terminaba por cerrarlos con cara de asco diciendo, “cómo si el amor existiera”, claro que le parecía una tontería, a mí me habría quedado completamente claro aquella vez que la miré, pero… Por alguna razón, también era importante para mí poder demostrarle que las cosas a veces pueden ser un poco más diferentes de lo que alguna vez creímos alguna vez, supongo que es por eso mismo… Que las cosas cambian. —¿Ella si quiera vendrá? —, Le pregunté, a lo que ella afirmo con un sonido—, ¿Por qué vendría? —Porque ella lleva todo el día haciendo favores—, Chasqueo la lengua, a lo que rodé los ojos—, Se que ella ira. Si, ella no habría visto el rostro de decepción de Blake al ir escuchando cada una de las palabras que salían de mis labios, ella no habría podido ser capaz de enfocar en la mente cuadro por cuadro la primera duda de amor que recorrió su cuerpo, ellos no habrían visto que habría parecido que le rompí el corazón con solo un par de palabras. —Además, ella nunca ha recibido este tipo de cosas, seguro mínimo una cosa si le mueves. Las ideas, seguro pensará que soy un idiota que no sabe lo que quiere, siempre he sabido lo que quiero y cuando, pero lo que sucedió con Blake habría sido un caso excepcional, nunca habría creído que, por primera vez, todo lo demás podía cambiar. —Sí, seguro. Ella no sabía que las cosas no podían ser siempre perfectas. Creía que conocía todo, por el simple hecho de que ambas eran mujeres, pero dudaba que por ser del mismo sexo ella supiera que era lo que sentía—por si quiera un solo segundo—Blake. Pero no se lo reproche. En realidad, quería saber que era lo que habría descubierto de Shawn. Sabía que Blake no creía en lo que habría dicho Fabiola, por qué, ¡Vamos! La niña no cree en el amor, ¿Por qué es que creería en una historia que su base en realidad es el amor? Parecía la cosa más ridícula del mundo, claro que no funcionaría así. —¿Qué? —No dije nada—, mencionó pasados unos segundos, rodé los ojos—. ¿otra cosa que deba saber? Cupido. Podría haber jurado que sus ojos se giraron con un toque de molestia, pero no me lo diría, podría jurar que en su mirada habría más cosas de las que yo podría imaginar, pero no me las dijo, y no sabía si en realidad yo quería preguntar. Tomé un poco de aire, para seguir haciendo cada una de las cosas que me habría dicho que hiciera. Si lo que sentía yo por Blake era sincero, el destino podría tomar las cartas a mi favor, con aquel deseo. Me detuve por un par de segundos, reí sin gracia. Qué era un idiota. —¿Sucede algo Jackson? —No, no sucede nada. Lo sucede todo. Blake y yo no éramos tan diferentes, es decir, le habría dicho a ella que era lo que sentía, casi dibujado por peras y manzanas, pero no habría sido capaz de aceptar que ella podía sentir por mí, porque… No confiaba mucho en aquellos lares del amor, no cuando era externo, sabía que yo lo sentía—porque lo sentía—pero, ¿Cómo podía saber que era lo que sentía Blake? Si eran del tipo de cosas que no podía palpar, si eran del tipo de cosas que yo no podía ver. Si era… Del tipo de cosas… Que terminas por perder la razón. —¿Sucede algo? —Que no, Alana, que no. Lo sucedía todo. Podía hacer las cosas cómo Alana me lo pedía, pero creía, que existía la posibilidad de que las cosas funcionaran mejor del modo en el que yo las haría. No lo dije. Pero comenzaba a tomarle el sentido a las cosas. BLAKE El día en general me habría parecido una locura, bueno… Actualmente, con todo lo que estaba sucediendo, podría asegurar que todo esto era una locura completa de pies a cabeza, una que no sabría cuando habría comenzado, estaba sintiendo mi cuerpo un poco cansado, era quizá que el sueño comenzaba a entrar dentro de mi cuerpo de un modo que no habría sentido en los últimos días. Habría sido un día bastante movido. Apenas llegué a casa, con el vestido de Alana en una de las bolsas, sentí cómo mis piernitas pedían a gritos cualquier tipo de descanso. Recibí el mensaje del vestido, dijo que era para mi exposición, que era vital verlo ahora, porque mañana sería el último día que estaría allá, podría buscar uno, pero, quería dar por hecho que aquel vestido, no sería lo que usaría. Apenas me coloqué el vestido noté lo lindo que era, pero… Era curioso, porque no era el gusto de Alana. Era rojo, me quedaba a mitad del muslo y el escote era un poco marcado, me miré en el espejo, lo habría amado. Quizá le estaba pasando los gustos a Alana, eso sería increíble. Así podríamos compartir más ropa. Apenas le mande la foto, una llamada entro. —Esta lindo—, me dijo a lo que afirme, mirándome en el espejo—. Pero, creo que te queda mejor a ti. —No, tendrías que ponértelo para terminar por dar esa afirmación—, le recordé a lo que ella chasqueo la lengua—. Pero es lindo. —Se que es lindo, yo lo escogí—, Se mofó a lo que rodé los ojos. Pero tenía razón, si ella lo habría escogido era porque le habría gustado—por evidentes razones—así que… —¿Crees que los tacones lo mejoren? Miré mi reflejo, seguro unos tacones altos harían que el vestido se viera mejor, al igual que los accesorios, ella lo sabía, ¿Por qué me preguntaba cosas que ella ya sabía? —Posiblemente—, mencioné a lo que ella se quedó en silencio—. Deja me cambio. —No, antes… ¿Puedes enviarme una con zapatos altos? —, preguntó a lo que solté un suspiro—, Por tu mejor amiga. —Dame un minuto—, resoplé, escuché cómo reía—, Me deben una cerveza. —Te debo el mundo entero, si quieres. Preciosa. Reí, parecía querer mantenerme de buen humor, y aunque no me encontraba de malas, podría sentir mi corazón ya demasiado cansado. Resople. Le envíe la fotografía y espere una respuesta por el altavoz. —De verdad me ha encantado—, mencionó con tono de emoción—, ¿A ti no? —Es lindo—, mencioné, mirándome—. Lindo. —Ay no… Mierda. —¿Sucede algo? —, pregunté nerviosa, ante el tono de miedo en el cuál el insulto salió de los labios de ella—. ¿Alana? —Jackson… Creo que esta en problemas, ¿Puedes bajar? Y asegurarte que todo este bien. —¿En problemas? —, pregunté ladeando la cabeza. —¡Anda! ¿Qué tal si es vida o muerte y tu preguntando “En problemas”? Dijo con cierto tonó de enfado. Tomé mi celular y las llaves para terminar por salir de la habitación, y del departamento, apenas llegué al piso de abajo, comencé a tocar la puerta, primero con tranquilidad, después… Un poco nerviosa. JACKSON Creo que hay cosas que muchas personas no suelen decir, es curioso, pero entre más pronto lo entiendes, la vida se va convirtiendo en un camino un poco más sencillo, las cosas parecen ir a un toque de tranquilidad. Me recosté en el sofá, para mirar hacía el techo con las dudas en mi mente, quizá nunca antes habría sentido con claridad que era de lo que se trataba el amor, quizá nunca habría entendido con claridad lo que sentía por absolutamente nadie, pero entre más avanzaba el tiempo, las dudas iban creciendo dentro de mí, más y más, hasta llegar al punto de sentir que todo, en realidad todo, podía cambiar. Esto era una ridiculez Ella lo sabría, apenas abriera la puerta, que yo pensaba que esto era una tontería, quizá ella sería quien lo dijera mucho antes de que yo pudiera decirle algo, sin embargo, Alana dijo que mantendría todo bajo control y que no tendría que preocuparme porque las cosas terminarían saliendo bien sin importar qué, pero lo dudaba. Las cosas no eran así de sencillas, nada era así de sencillo, nunca lo habría sido. —¿Entonces? ¿Lo tienes todo? —, preguntó Francis, rodé los ojos—. Alana me ha colocado a supervisar, dice que no quiere que lo arruines. —Y por eso somos tan buenos amigos—, Rodé los ojos pesadamente, abrochando la camisa—. Porque ella siempre sabe que decir. Ella podría ser todo lo buena amiga que quisiera, pero no tenía tacto, no tenía modo de decir las cosas, era bastante mala en cientos de cosas, y sabía que esta era una de ellas. —Sí, pero lo ha conseguido. —¿Qué? ¿Qué ella baje? —Con una cadena de favores, sí—, Dijo después de unos segundos—. Ha ido todo el día preparando a Blake a miles de kilómetros de distancia para su cita. Reí. Alana tenía muchos dones, el ser entrometida debería de ser uno de ellos, puesto que se le daba de maravilla, porque sabía cómo hacerlo. —Sí, seguro ella hace esto todos los fines de semana—. Le dije con sarcasmo—. Llama a desconocidos y les forma las parejas. —Qué podría hacerlo y seguro lo haría bastante bien—. Dijo Francis. Sí, posiblemente, podría hacerlo y las cosas le saldrían bien, podría hacer parejas a diestra y siniestra y fingir que las cosas podrían salir mejor. Relamí mi labio inferior. —Sí… ¿Cuándo es que ella bajará? —, Le pregunté, para bufar—. Qué siento que… —¿Estás nervioso? —No—, Negué con desdén, a sabiendas de que él no podía verme—. Es sólo que no cocine todo como doña mandona menciono, para que no lo coma caliente. Si estaba nervioso, creo que nunca me habría sentido a este punto de ansiedad. Era cómo si todas las cosas que habría creído en un pasado hoy se burlaran de mí. —Sí, lo que digas. Están buscando unos zapatos que combinen, creo—, Expresó con desaires—. Cosas de mujeres, ya sabes. —Sí, claro… ¿Cómo es que Alana podía hacer este tipo de cosas estando tan lejos? Que seguramente podrían terminar por salir bien, tomé un poco más de aire, para suspirar. Quizá habría pasado más tiempo del que podría recordar. —Ahora, antes que pase todo… ¿Por qué es que tienes que hacer todo esto? Alana no me lo quiso mencionar Y lo agradecía, me agradaba Francis, era gracioso, y parecía ser buen amigo de Alana y Blake, pero por alguna razón, cuando sentía que ellos tres estaban juntos, sentía que él tenía la capacidad de controlar a ambas, de un modo que anteriormente, no habría podido ver. Haciendo que ellas dudaran. —Nada en particular, nos conocemos desde hace bastantes años, claro que podemos tener este tipo de salidas de la nada, ¿no lo crees? El se quedó callado por segundos largos, ahí me percate que lo que sucedía en realidad me comía de los nervios. Lo que le habría dicho, claro que quería a Blake, lamentaba haber reaccionado del modo en el que lo hice, pero creía que no habría vuelta atrás. Ese era el problema, que por mucho que lo intentará, posiblemente, no habría vuelta atrás. —¿Amas a Blake? Claro que amaba a Blake, más que a nada, más que a nadie, pero supongo que a veces, no somos capaces de tomar las mejores decisiones, no somos capaces de saber que camino tomar… Y tampoco sabemos si… Tampoco sabemos si la decisión que tomemos pueda cambiar nuestra vida de un día para otro. Y lo sabíamos, porque sabíamos de que trataba la vida, sabíamos hacía donde iba, y a veces, por las mismas razones era por las cuales dudábamos, no queríamos salir lastimados y eso estaba bien, pero, ¿Qué tanto podíamos luchar para que el dolor no nos terminará por perseguir por el resto de la eternidad? —¿Amas a Blake?—, repitió. Y aquella pregunta... Parecía irreal, parecía de aquellas preguntas que era tan evidente la respuesta que si quiera sabías porque habrían preguntado desde un inicio. Claro que amaba a Blake, más que a nadie ni nada en la vida. La amaba. Y eso era algo, que Shawn no podría romper, y algo que yo... No dejaría que se pudriera. Ni lo arruinaría yo. No más.
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