—Yo estoy segura de que hubieras sido una gran maestra, digo, tienes mucha paciencia conmigo y eres cariñosa. Incluso si había hecho una travesura de pequeña no me habrías dado un regaño fuerte. Mamá no lo dudaba. Pero soy conscientes de que me lo merecía por ser una chica un poco mal portada en ese momento.
—Pues sí, mi madre también decía que tenía que tener un poco más de carácter pero simplemente no he podido meter esa dureza en mi personalidad. Y definitivamente seguiré siendo la misma. Sé que así será.
—Me gusta que seas así, eh. No cambies.
Andrea amaba muchísimo a Ana.
—¿De verdad no quieres regresar? —le preguntó y ella deslizó una sonrisa.
—En serio, me quiero probar a mí mismo y quiero ser capaz de poder darme cuenta si realmente puedo ser independiente como deseo. Aunque no me estás ayudando demasiado al darme de comer y encima me permites que todavía venga a la casa para hacer mis pinturas, porque en habitación dónde vivo y comparto con una compañera, es más pequeña.
—Y seguirá siendo así, y no lograrás hacerme cambiar de opinión. Voy a apoyarte siempre que pueda. Lo haré.
—Gracias
Suspiró.
Después de almorzar había ayudado a lavar todo, recordando que también solía hacer lo mismo con su madre. Podría decirse que pensaba en ella las 24 horas del día. Así como regresaba a su cabeza, los momentos vividos con su papá. Era invadida por todo tipos de pensamientos y terminaba nostálgica mirando hacia el pasado, pero frenada al saber que no podía regresar a ese sitio en dónde alguna vez puedo sonreír sin sufrimiento alguno. Ya nada era así.
Todavía el tiempo no había sanado las heridas. Solo aprendió a vivir con sus alas rota.
...
Ya estaba de regreso a la habitación, había terminado de hacer el cuadro, se tomaba al menos casi hasta la noche apenas el inicio y aunque Ana había insistido que pasara la noche allí, no podía ya que tenía que hacer otras cosas, que solo tenía la portátil y no la había traído consigo. De manera que se despidió de su tía y pronto se puso de camino a dónde vivía. Era un poco cerca de la casa de su tía, por lo que en poco tiempo ya estaba allí.
Mercedes abrió la puerta, un poco molesta, es que otra vez Andrea había olvidado sus llaves y ella se estaba bañando justo con me insistía en que le fuera a abrir. Llevaba un turbante en la cabeza y parecía estresada, era normal mirarla así, porque su compañera estudiaba leyes, siempre tenía un montón que aprender. La pobre realmente tenía que amar lo que hacía para poder estar estudiando tanto todo el día.
—Lo siento. Te prometo que la próxima vez, no te voy a molestar, porque no se me olvidaran las llaves.
—Descuida...
Resopló.
—Por cierto. ¿quieres que pida pizza para cenar?
—Estaría bien lo que sea.
—¡De acuerdo!
Bufó, pero que genio el suyo. A veces le parecía sorprendente que Mercedes y ella habían logrado congeniar, porque eran tan diferentes, incluso podría asegurar que la estudiantes de leyes y ella, era bastante seria, incluso en algún momentos, se podía molestar con rapidez.
Pero ya estaba acostumbrada a su personalidad, siendo un poco agria algunas veces. Mercedes salió vestida y se tiró boca arriba en su cama liberando el aire sonoramente. En realidad sentía que ya no podía más y todo el estrés le estaba ganando la batalla, lo peor es que apenas era el principio de todo y le quedaba un largo camino por recorrer.
—¿Me dijiste que tenías pendiente lo de la pintura?
—Sí, todavía no la he terminado. Pero poca falta para que sea así —se encogió de hombros.
—Vale. Yo tengo que leerme un montón de libros y prepararme muy bien para defender la presentación. Me pregunto en qué estaba pensando cuando decidí convertirme en abogada, aunque me llama mucho la atención poder ayudar a los demás, no es nada fácil hacerlo. Supongo que solo es cuestión de acostumbrarme. No será más fácil con el tiempo pero sí llevadero, eso es lo que espero, eh.
—Pero te esfuerzas tanto, que estoy convencida de que serás una gran abogada, ya lo vas a ver —apuntó
—Gracias, y tú una artista famosa. ¡Ánimo!
—A ti también te deseo lo mejor. Mañana... Al fin será el día en que llegue el sustituto de nuestro profesor anterior, en realidad no sé si sea viejo o joven, solo le pido al cielo que no soy una persona demasiado exigente o mala onda.
Ella se echó a reír.
—¿En serio? ¿Te imaginas que sea un tipo guapo y joven, pero con un humor perros? —ata riéndose.
No veía el chiste.
—No estés manifestando algo así —ae quejó y ella se echa a reír aún con más fuerza.
—Es que también hay que pensar en esa posibilidad. En la universidad hay un profesor que es guapo, tienes que ver cómo se ponen las alumnas cada vez que lo ven, para mí es una verdadera pesadilla porque se la pasan coqueteando con él en toda la santa clase. Tampoco es como si fuera Brad Pitt, para que le caigan así. Oh no, es terrible —añadió entre risas.
—Entonces no quiero que mi caso sea igual —emitió entre suspiros.
—No tiene que ser igual. ¡Suerte!
—No me desees suerte, es como si la voy a necesitar y créeme que no quiero tener que...
No terminó de hablar porque el teléfono de Mercedes comenzó a sonar y se disculpó con ella para alejarse y tomar la llamada, últimamente había estado recibiendo muchas llamadas. Pero no era metiche, como para inmiscuirse en sus asuntos. Antes de que ella lo hiciera, Andrea salió de allí para darle privacidad y aprovechó de ir por su cuenta a comprar la pizza.
Al regresar no esperaba encontrarse a Mercedes sollozando, quién rápidamente intentó ocultar el hecho de que estaba llorando, con una forzada sonrisa.
—¿Puedo saber...
—No, realmente no significa nada. Solo estoy en mis días y me pongo sensible.
Pero era mentira lo que le estaba diciendo y Andrea lo sabía. Pero una vez más no quería ser una entrometida.
—Bien, en ese caso espero que te sientas mejor y que tengas hambre. He pedido tu pizza favorita —le señaló para animarla.
Tenía la sensación de que esa llamada había sido la que la dejó afectada. Pero por respeto no preguntó más.
—Muchas gracias.
Comieron juntas. Pero no se quedaron charlar, Mercedes tenía que hacer mucho, al igual que ella en la portátil. Se acostó tarde, pero despertó a tiempo para marcharse a la universidad. A esa hora Mercedes ya se había ido. La muchacha se arregló con premura y se miró al espejo para detallar su apariencia. Se miraba bien, y salió de volada con la intención de llegar temprano a la clase.
Parecía una desquiciada corriendo entre el gentío. Pero nada de eso le preocupaba. Se detuvo cuando ya no podía más y sus pulmones exigían recuperar el oxígeno perdido, apoyando las palmas sobre sus rodillas, a la espera de poder sentirse mejor. Solo le quedaban cinco minutos para la entrada.
A los segundos renaudó la carrera. Por su parte, Alexander ya estaba aparcando su auto en el estacionamiento de la universidad. Se bajó de su lujoso deportivo, muchos estudiantes estaban revoloteando por el lugar y sin disimulo alguno lo miraban, más allá de estar impactados, curiosos también. Él acostumbrado a ser mirado, pasó de largo, dejando atrás todo tipo de comentarios sobre lo costoso qué era su auto y si físico atractivo.
Eso lo sabía Alex.
—¡Auch! —se quejaba la chica, después de tropezar con él, y provocar la caída de sus cosas —. Lo siento...
—¿Lo sientes? No entiendo cómo es que corres por un pasillo universitario. ¿Acaso estás en el kinder? —le expresó, ella tragó con dureza.
Más al verlo a los ojos. Destilaba fuego, Andrea se estremeció.