La oscuridad del vacío alrededor de Samuel comenzaba a sentirse menos opresiva. Había algo en él que lo hacía diferente a los otros que había visto allí, a las almas vacías que colgaban en la sala de los Vigilantes. Él había hecho una elección. Había aceptado la propuesta de la Guardiana y, al hacerlo, había sellado su destino. La Guardiana permanecía de pie frente a él, su presencia imponente y enigmática. Samuel, aunque comenzaba a aceptar su rol, aún tenía una pregunta clavada en su mente, un misterio que necesitaba resolver. —Hay algo que debo saber —dijo, rompiendo el silencio que llenaba el lugar—. El hijo de Mauricio… él también portó uno de estos objetos, ¿no? Un collar. ¿Qué fue de él? La Guardiana lo observó en silencio por un momento, su mirada evaluándolo, como si tratara de

