Samuel parpadeó, desorientado por la luz del sol que caía sobre él. **El aire era fresco y limpio**, y el sonido de las olas rompiendo en la orilla llenaba el ambiente. Miró a su alrededor, reconociendo el lugar, aunque algo en su interior le decía que no era exactamente igual. Estaba de vuelta en la Tierra, en una playa que se extendía bajo el cielo abierto, pero **algo en él había cambiado profundamente**. Observó sus manos, notando la piel, los dedos, el pulso, como si los estuviera viendo por primera vez. La piedra que una vez había sido parte de su cuerpo ya no estaba incrustada en su palma; en su lugar, **solo quedaba una marca pálida, casi como una cicatriz**. No había rastro de la piedra, pero la sensación de su poder aún latía en él, como una corriente subterránea. Samuel caminó

