Corría el verano del ochenta y seis y Ofelia Cappone, obstinada de ser una hija de la mafia, decidió vivir por sus propios medios. O bueno, simplemente simular que era otra chica más disfrutando sus años universitarios en New York. Era irónico quizá, que al ser hija de unos mafiosos recién llegados de Sicilia, Italia, la chica estudiara leyes. Pero así era y le iba de lo mejor. Para su sorpresa, luego de ser una niña malcriada de papá, le fue perfecto: mantenía su renta trabajando en un bar de moda en el campus y con suficiente dinero, consiguió pagar su propio auto. La vida le sonrió a Ofelia Cappone o al menos, por unos cinco años. Miriam Pevens, así era conocida por el mundo desde hacía 5 años. El nombre fue un regalo de su padre, Vittorio Cappone. Quien, exiliado de Italia por sus

