Mientras tanto, en la oficina…
—¿Cómo es posible que aguantes que esta chica se equivoque como si fuera una principiante?—Bufa un muy molesto Aaron ante su jefe y mejor amigo.
—Creo que se te está pasando la mano, Aaron. No hay error en los cálculos ni tampoco en el proceder de Shannon, es más veo bastante bien el bosquejo que nos entregó. A ver dime mejor ¿cuál es el puto problema, hermano?
—No hay ningún puto problema, James, lo único que hay en estos papeles es que en vez de haber calculado en escala de uno a cien, está calculado en una escala de uno a mil.
—¿Es broma, Aaron?— ahora es James el que lo mira con cara de pocos amigos— de verdad que según tú ¿ese es el problema?
—Pues claro, está en la página seis de el mentado bosquejo.
—Tengo claro de dónde está el mentado cálculo, el tema es que ese error como dices tú, querido amigo, esta absolutamente correcto. Si leyeras bien las indicaciones que hay en la página 3 entenderías que estaba todo correcto, cariño.
La cara del rubio se ruboriza y sus ojos se expanden, pero él no quiere dar su brazo a torcer, no con esa chica que lo único que hace es poner su mundo de cabeza.
—No puede ser, yo hice los cálculos y…
—Y será mejor que lo dejes por esta semana, estamos a nada de navidad y quiero que todos descansemos, Aaron. Es simple ¿no?
—Pero, pero, pero…
—Pero nada, Aaron. A propósito ¿Qué le compraste a Louise para navidad? No quiero que nos vayamos a equivocar dándole lo mismo que tú.
—Aún no le compro nada, es que no sé, no tengo idea y mamá se puso idiota desde que le dije la verdad respecto a mi relación con Shannon y no me ha querido hablar.
—Ahora entiendo porqué estás insoportable desde que llegaste.
—Es que… es que…
—Es que nada te sale como tu quieres desde que ella apareció en tu vida.
—Así es y además…
—Se lleva tan bien con Louise que te molesta.
—Y mis padres, ¡dios, mis padres!
—La aman, como nunca lo pensaste.
—¡James!
—Sinceramente debí conocer a mi Moritas antes, ahora la entiendo a la perfección.
—James, ¿de qué hablas?
—De que a ti te gusta Shannon y odias que ella no te dé ni la hora, pero que se preocupe de tus seres queridos. Si te soy sincero, preferiría que no te acercaras a Shannon, ella es una buena chica y tú no eres precisamente el apuesto príncipe azul de los cuentos de Louise.
—¡Qué no me gusta Shannon! Es tan incipida, enojona y lo único que hace es meterse en lo que no importa que ya me tiene harto.
Una Shannon que entraba a la oficina escucha estás últimas palabras y aunque su corazón es de piedra, las palabras del rubio lo resquebrajan.
—El sentimiento es mutuo señor Connelly, de verdad que lo es. James, si no te molesta tomaré la tarde libre, quedé con Luise y Vannah.
—Puedes retirarte, ¿Mi hermano?
—Él ya se retiró, dijo que tenía una misión que cumplir o algo así.
—Entonces, vayan. No hay mucho mas que hacer y te agradezco mucho todo lo que haces por nosotros.
—Gracias, aprovecho de avisarte que Dominik me dijo que te recordara lo que habían acordado.
—Tienes toda la razón, con tantas cosas lo había olvidado.
—Bueno, los dejo en su liberadora discusión. Nos vemos y no te olvides lo que pidió Dom..
Shannon salió sin despedirse del rubio higlander y lo dejo con la espina clavada.
—¿De nuevo ese tal Dominic? me molesta que sean tan cercanos— pregunta entre dientes, porque, aunque tuviese novia, siempre el tipejo podría ser un peligro.
—¿Y eso a ti qué te importa? Ya dijiste lo que pensabas de ella y creo que a ella le quedó lo suficientemente claro, como me quedó a mí.
—Tienes razón, James no me importa ni una mierda. Veremos lo de la construcción del edificio de Letterman terminando las fiestas.
—Como digas amigo, como digas.
Ambos amigos se quedaron trabajando un rato más, este sería el último día hasta la vuelta después de las fiestas, esa era otra de las tradiciones que James ha mantenido de su padre y le encantaba, sobre todo ahora que su bebé estaba por nacer y quería estar la mayor parte del tiempo con su Moritas.
Mientras James salía de su oficina no notó que su amigo aún seguía trabajando sin preocuparse por salir a comprar el regalo de su hija, en su cabeza aún se plasmaba la cara que había puesto Shannon al escuchar sus palabras tan crueles y se preguntó si había sido muy cruel con ella.
—Pero vamos, si ella dijo que el sentimiento era mutuo de ¿Qué me preocupo? Ella no vale la pena.
Se levantó de su silla y fue hasta su pequeño mini bar, tomó una copa y sirvió un poco de whisky sobre los dos hielos que reposaban en el fondo. Tomo la copa y se acercó a la ventana. Se maravilló al ver la imponente ciudad cubierta por la nieve.
—Te habría gustado mucho conocer esta ciudad, mi querida Rosemary, recuerdo como amabas estas fiestas y la nieve caer en Londres. Habría sido lindo que lo hubieras podido disfrutar junto a nuestra pequeña, ella se parece tanto a ti que me duele. Desearía tanto que no te hubieras ido, pero el hubiera no existe ¿no? Y me imagino que no te gustaría que haya hecho todo lo que he hecho de mi vida en todo este tiempo. Siempre te amaré, mi pequeña luciérnaga y espero que dónde estés nos sigas cuidando y amando.
Una lágrima bajó por la mejilla de ese duro arquitecto, en el había un deseo que no se podría concretar nunca, pero en vez de seguir sufriendo se formó un nuevo propósito en su mente, uno que tenía que ver con su pequeña hija y con una castaña que no podía sacar de su mente y por lo que estaba pasando de su corazón.
—Es momento de hacer lo que un Connelly debe hacer.
Con aires renovados, dejó la copa en su escritorio y tomó su chaqueta, salió de su oficina y se dirigió al lugar que pensaba le ayudaría a preparar su sorpresa de navidad para esas dos personitas que desde hace poquito se habían instalado en su corazoncito de pollo que ni siquiera sabía que tenía, era ahora o nunca, debía pedir perdón y sobre todo decirles que sí eran importantes para él, que a veces su bocota hablaba antes de que su cabeza pensara.
Se subió a su lujoso auto y enfiló su rumbo hacia el departamento de su amigo y esperaba que todo lo que se estaba proponiendo saliera bien.
Al llegar al departamento de los O’Connor Lewis sus pasos se enlentecieron, nuevamente el temor a perderlo todo lo embargaba, pero alguien detrás de él lo hizo volver a la realidad.
—Es increíble que me salga hasta en la sopa este incordio.
—¿Qué haces aquí? No que estabas preparando la fiesta de mi sobrino.
—Estaba, usted lo dijo, señor Connelly, pero ya todo está listo. Por lo que veo no ha notado que es medianoche.
—¿Qué?
—Medianoche, señor Connelly, medianoche.
—Mierda no vi la hora al salir de la oficina, pero no hay problema, vengo a ver a mi hija y ella debe estar esperándome.
—Si, claro. Esperándolo para que le cuente su cuento de noche— la chica reviró los ojos y suspiró molesta, no se esperaba ver a ese idiota en la casa de su jefe y esperaba pasar aunque fuera un ratito con su pequeña princesa.
—Exacto, para eso mismo, pero y tú ¿Qué haces aquí a estás horas?
—Me estoy quedando con ellos, hasta que me entreguen mi nuevo departamento.
Detrás de la puerta tres pares de oídos escuchan atentamente la conversación, mientras el otro integrante de la familia los mira negando con una sonrisa.
—Déjenlos, ya van a entrar.
—Pero es que está interesante la conversación, mi niño bonito.
—No puedes dejarnos con el chisme, hermano.
—En eso tiene razón el tío Chris, pero necesitamos que esto funcione.
—Mi pequeña Leprechaun, si ellos dos están hechos el uno para el otro eso lo dirá el tiempo, no podemos apresurarlo.
—No seas aguafiestas, James O’Connor, si no quieres dormir en el sofá.
—Silencio, que se están acercando.
Los tres cotillas se alejaron de la puerta y mientras la niña miraba el dintel de la misma y esperaba que se abriera, su corazón latía a mil por horas. Miró hacia arriba y cerró sus ojitos.
«Ojalá que funcione, mamita ayúdame desde arriba por fis»
La puerta se abrió y esos dos intentando entrar primero quedaron estancados en la puerta, digamos que gracias a que ese rubio molesto las cosas no habían salido como quería la castaña, pero ya qué ella estaba ahí y nadie le impediría estar con su amiguita.
—¡Papi, Shanny! Están aquí— la niña se abalanzó hacia ellos y los abrazó enterrando su carita en el pecho de su papá, después de unos segundos los miró hacia arriba y con su cara de pilliuela les indicó —¡Oh! Que lindo papi, mira el lo que hay arriba de sus cabezas.
Ambos elevaron su mirada y se encontraron frente a la pequeña trampa que les habían puesto sus amigos. Shannon frunció el ceño y Aaron intentó no atragantarse con su propia saliva.
—Creo que me encanta esta nueva tradición, mi niño bonito. Deberíamos colocarla todo el año en nuestra habitación dorada.
—Lo que usted diga mi amada Moritas, sus deseos son órdenes para mí.
—¿Se van a quedar de pie toda la noche?
—Primero lo primero, tío Chris. Estos dos deben cumplir la tradición.
Ambos se pusieron rojos como la nariz de Rodolfo el reno y se miraron a los ojos, la pequeña Leprechaun se separó de ellos y los miró suplicante.
Sin poder decir nada, los dos bajo el muérdago y sin siquiera pensarlo unieron sus labios en un dulce y tierno beso.
—¡Yey! Mi deseo de navidad se ha cumplido.