Queriendo secuestrar a Santa p1.
Por Catalina Di Rossi.
—Definitivamente este año nuestro plan no puede fallar ¿Estamos claras Catalina?
—Como el agua, hermana.
—¿Tommy? ¿Sarita?
—Clarísimo, primis.
—Yo digo que shi, ¿basta?
—Por supuesto, primita, tenemos que lograr que este año pasaremos todos en la casa de los abuelos la nochebuena.
—¿De qué hablan pilluelos?
Como si fueran dos zombies vienen entrando el tío Elliot y Sophia, Junto a los incordios de los mellizos.
—¿No me digan que van a hacer el ridículo este año nuevamente?—Nos dice Gregory mirando nuestros planos y todo nuestro proyecto.
—No seas antipático, Greg. Díganme para que me necesitan que soy material dispuesto.
—Gracias Will, eres el mejor primo del mundo mundial.
—¿Y yo qué?—pregunta Tommy cruzándose de brazos.
—Tu también, tontito— le dice Sophia abrazándolo—, eres el mejor de todos, si quieres te cambio por ese idiota y te adopto como hermano.
—¡Yey!— Tommy hace un bailecito y le sacaa lengua a Greg, mientras nosotras reímos como cabras locas.
—Bruja.
—Pendejo.
—Ya chicos, no discutan que es molesto escuchar sus gritos.
—Tito, discúlpanos — dice Sarita y se acerca a Elliot y lo abraza, cosa que molesta a Tommy que ha dejado de bailar—. Ustedes saben que no aguanta los glitos, pol favol.
—Gracias mi pequeña hadita.
Sarita se pone de todos colores y todos reímos, salvo el nuevo Grinch de la familia, pero lo dejamos pasar, el amor es así.
—Oye Cata ¿De verdad lo harán de nuevo?
—Por supuesto que lo haremos, tonto. Santa no se nos puede escapar esta navidad.
—¿Cuándo dejará de creer?— y ahí es que intervengo, puede ser que nosotros ya no creamos en Santa, pero Alondra y los más peques sí y si está en mí que mi hermanita siga con ese sueño pues lo voy a lograr, me acerco a Greg y disimuladamente le doy un pellizco en el brazo— ¡Auch!
—¿Qué te pasó, Greg?—Adivinen quién está usando la mirada Soré en estos momentos, Greg baja la cara y responde casi sin aliento.
—Nada, nada, parece que una pulga insidiosa me picó.
—Ah… que pena, pero bueno sigamos. ¿Se suman?— miro a mis primos y a mi tío y todos aceptan, esta sería una hermosa navidad…
Los días han pasado lentos y hoy es nuestro último día de clases antes de comenzar las vacaciones de invierno.
Miraba por la ventana y un pequeño pajarito se posó en ella.
—Pobrecito, te vas a congelar, ve a casa hermoso.
—Cata, te estoy hablando…
—Perdón Alo, es que estaba pensando en algunas cosas.
—No te me pongas melancólica, hermana, te necesito al cien porciento para nuestros preparativos.
—Tranquila, bella. Te prometo que me pondré las pilas ahora que estemos en casa.
—Pues claro que debes ponerte las pilas, tu eres la que convencerá a los abuelos de no irse en ese estúpido viaje de abuelos ñoños para que todos celebremos la navidad en su casa.
—Alo, con ellos o sin ellos lo pasaremos ahí. También es nuestra casa.
—Pero no es lo mismo, sin ellos no será lo mismo la navidad.
—Por qué será que siento que la señora Alma Di Rossi metió su cizaña en tu alma pura como el algodón —Afirmo más que preguntar, ese había sido el mismo discurso que mamá le dijo a los abuelos para que no viajaran al caribe a pasar las fiestas.
—No te escucho, hermanita. Según el plan hoy debes hablar con ellos, espero tu reporte a las mil ochocientas.
—¿Mil qué? ¡Ah, no! Ahora te crees el tío Christian, por favor Alondra, deja de ver esas series.
—Ya, hermana, sigamos con el plan y en el recreo conversamos con los demás.
Al llegar el recreo nos reunimos con los mellizos, Sophia y mi tío Elliot. Era raro decirle tío porque era unos años mayor que nosotros, pero iba adelante en varios cursos al igual que Sophia, pero ellos no hacían distinciones con nosotros cuatro y eso era genial.
El gen Scott era apreciado en esta escuela y pronto Tommy y Sarita ingresarían también, era un ganar y ganar al tenerlos a todos aquí, pues aunque para los mayores fuera un tremendo lujo el tenernos por desgracia los niños no eran así y mi tío Elliot era el que más tenía que soportar las burlas de algunos por ser tan callado, pero para eso estábamos nosotros sus sobris, los que lo defendíamos a capa y espada.
—Llegué, perdón, pero Emily estaba preguntado por el idiota de Greg y como siempre me detuvo— nos dice Will en todo dramático, el odiaba que lo molestaran preguntándole por su hermano y obvio a cualquiera, a nosotras nos pasaba, pero era más sencillo, cuando queríamos jugar solo nos cambiábamos y hacíamos nuestro juego de gemelas.
Las palabras de Alondra me sacaron de mis pensamientos y debí ponerle atención.
—Pues nuestro plan va viento en popa. Hoy, Cata se encargará de los abuelos, Tommy del tío Thomas y nosotros de preparar el terreno, mi papá me contó que hoy llega el árbol, así que estaremos todos en casa para decorarlo.
—Todo se escucha perfecto, Alo, pero aún falta más de diez dias para navidad.
—No seas aguafiestas, Greg. El año pasado empezamos tarde y por eso nuestro plan falló.
—Falló porque no…
—Nos faltaron algunas cosas, Greg, solo fue por eso. Si todo está listo prometo hacer bien mi papel hoy, ustedes preocúpense de sus padres y convénzanlos de que nos quedemos en noche buena todos juntos como cuando estábamos más chicos.
—Como que fueras tan grande, Cata.
—Por lo menos ya no usamos pañales, primo, a eso me refiero.
—Bien, entendí— levantó sus manos en rendición y reviró los ojos.
Greg sería nuestra espina en el zapato , ya lo tenía previsto y para que los planes de mi hermanita no se fueran por el tacho de la basura tenía mi plan B.
Terminamos nuestras clases y en la puerta de entrada estaba el tío Jex junto a Sarita y Tommy esperándonos.
—Mis pequeños demonios ¿Cómo estuvo su día?
—Hola Jex, todo bien. Por fin podremos descansar— dice Greg echándose junto a Sarita y Tommy.
—Jexito pechocho tengo que pedirte algo— habla mi hermana y a mí se me encienden las alarmas.
—¿Qué es lo que quiere mi princesita bella?
—Me podrías prestar un gas pimienta, unas esposas y esa vara con electroshock.
—¿Qué te preste qué?— cubro la bocota de mi hermana y hablo tsrtamudeando.
—No… no le hagas… caso Tío Jex, es que mi hermana está un poco loquita.
—Ya me estaba preocupando, juntarse tanto con Chris les está afectando niñas.
—Ni que lo digas tío Jex, ni que lo digas— dice Sophia riendo mientras me suelta las manos de la boca de mi hermana y nos mira con la ceja alzada.
—Será mejor que suban, hoy tenemos un árbol que decorar.
—¡Yey y muchas botas que colgar!
—Y galletas de jengibre que preparar.
—¡Y atrapar a santa en esta navidad!
—¡Alo!— gritamos todos y por suerte el tío Jex estaba subiéndose a la camioneta.
—¿Qué decían?
—Nada, solo estamos planeando cómo decoraremos el árbol este año.
—Yo lo quielo con bastones de cadamelo y chocolatitos.
—También con nuestros adornos favoritos, Sarita.
—Si con los adolnos pafoditos, eso me gusta.
Después del impasse en que case nos descubre un adulto, llegamos a casa de los abuelos. Nuestro bis, el tata Agustín nos espera con la ita Gloria en la entrada.
—Ya llegaron mis dulces angelitos.
—Abelito—Tommy y Sarita se abalanzan sobre él y lo llenan de besos, después los saludamos nosotras y al final los chicos, Elliot toma camino a las escaleras y yo lo detengo.
—Elliot, deja tu mochila con las demás cosas y vamos a ver el árbol.
—Está bien.
Entramos a la sala y nos encontramos con la tremenda sorpresa. Un enorme abeto se encuentra al costado de la chimenea, aún con unos copos de nieve entre sus ramas.
—Es plecioso, papi Jex. Igualito que el de nosotlos.
—Sí, mi princesa. El señor Santa se lució ¿no?
—Shi.
—Pues es hora de decorar— dice mi abuelito entrando con mi abuelita y las cajas de adornos.
Todos gritamos sí al mismo tiempo y comenzamos con nuestra faena.
Mientras los mellizos desenredaban las luces con la abuela yo me acerqué a mi abu Adam.
—Abuelito, ¿puedo hablar contigo?
—Por supuesto mi cielo, dime qué te acongoja.
—¿Cómo sabes que algo me tiene aproblemada?
—Porque eres la que más se parece a tu abuela, cada vez que tienes un problema pones esa carita fruncida, la misma que coloca Blue.
—Ah… pues bien, mi problema son ustedes—digo muy seria sentándome junto a él en el sofá.
—¿Nosotros? ¿Y por qué? ¿Qué hemos hecho para hacerte sentir así?
—Es que ustedes se irán y no estarán con nosotros para estas fechas y la navidad será muy triste—digo todo de corrido, aguantando el nudo que tengo en la garganta, si bien es cierto lo que dice mamá, ahora que lo expresaba yo sentía que me pasaba lo mismo, no quería que ellos se fueran.
—Ah… era por eso, pues despreocúpate, con tu abuela sentimos que no podríamos disfrutar de nuestro viaje sin ustedes, por lo que decidimos aplazarlo para después de año nuevo, pero no les cuentes a tus papás y tíos, queremos darles la sorpresa.
—¿En serio?
—Muy en serio, yo jamás te mentiría, mi princesita.
Me lancé a sus brazos y comencé a llenarlo de besos, esto era mejor que armar el árbol, tendría a mis abuelitos, perdón, tendríamos a nuestros abuelitos en casa y podría hacer posible el deseo de mi hermana si podía convencer a la persona que me faltaba.
—Estoy muy feliz, abuelito. Muchas gracias por amarnos tanto.
—Gracias a ti y a todos ustedes por ser unos niños tan buenos.
—Te amo, abuelito.
—Y yo a ti, mi pequeña princesa.
Luego de mi conversación con el abuelo Adam, les di el okey a los demás, ellos gritaron eufóricos de tanta felicidad y prometieron guardar el secreto.
—Operación santa da comienzo— dice Alondra con una tremenda sonrisa.
—Primer paso concretado. Abuelitos en casa check—digo, mientras les guiño un ojo a todos.
—Vamos por la segunda tarea. Terminemos el árbol de navidad —dice Tommy y con las energías renovadas seguimos armando el hermoso árbol que el señor gruñón nos regaló para estas fiestas.