Capitulo 17

1530 Palabras
Ni loco me visto de Santa. Por Thomas Scott Hoy es uno de esos días donde el sol resplandece, los pajaritos cantan y la vieja se levanta, ¡Ups! Esa era otra canción, pero el día pintaba para ser un día fenomenal. Después de nuestro bochornoso encuentro con una celda de uno de los precintos de Nueva York ya no me quedaban dramas que pasar en mi vida, si hasta en el manicomio había estado ¿no? —Mejor no escupas al cielo, querido demonio de tres patas — me mofo de mí mismo con el apodo que me puso mi mujer y me reí d emi mismo. Pero hoy, era uno de esos días en que todo había salido de maravilla. Terminamos una negociación compleja con un sindicato de trabajadores y la empresa que defendemos tuvo que ceder, no soy tonto y Dani era la bruja de la historia y la que hacía que todos se rindieran a sus pies. Era un as en las negociaciones y me encantaba ser su escudero y solo levantar las cejas o asentir cuando ella exponía los puntos cruciales del caso. Tomo mis cosas y salgo de la sala de juntas, pero antes de seguir con mi camino le hablo a mi amiga y asistente. —Me voy a casa de mis padres, ¿te sumas? —Dame cinco minutos y voy, ya Jex está con los niños y Dana estaba por llegar. —Eficiencia y eficacia, por eso te amo Dani— me quedo en el dintel de la puerta y le guiño un ojo—, pero recuerda no se lo digas a mi mujer. —¿Qué no le puedes decir a Dana? —¡James! ¿Qué haces por aquí? —Si no fuera porque son unos mamones enamorados de sus respectivas parejas diría que algo ocultan. —¡Vannah! ¡Qué hermosa estás! Ven y dame un abrazo— le grita la loca de Dani y se abalanza sobre la pobre de Vannah que parece una pelota de básquet. —¿Y para mí no hay nada? —Por supuesto que sí, querida Louise. La ahijada de mi amigo era una niña muy amorosa y ya había tenido el gusto de conocerla el día de su llegada, aunque su padre era un verdadero bruto. Me sentía un poco identificado con ella, naaaaa muchísimo. Todo eso pasó, cuando de la nada me contó su historia, la pequeña al igual que yo perdió a su mamá al momento de nacer y el idiota de Aaron la había abandonado a su suerte, por lo menos yo me había quedado con papá, aunque tampoco fue la mejor experiencia, pero logramos superar nuestras diferencias y ahora somos como piti y poti, los mejores amigos del mundo. —Hola, tío Thomas. —Hola, preciosa. ¿Vendrás a la casa de mis padres el día de hoy? —Pues sí, el idiota de papá se llevó a Shanny para trabajar— hace con sus dedos comillas en la palabra trabajar y sonríe de oreja a oreja—. Así que no me queda de otra de estar de niñera de los tíos. —¡Louise!—ambos se quejan, pero luego sonríen, esa niña era un verdadero dulce dw regaliz. —Pero aún no me dicen por qué están acá. —Te traje los contratos del proyecto Letterman, queremos cerrar el viernes, antes de comenzar el descanso de fiestas navideñas. —Perfecto, me lo llevo y aprovecho de verlo en casa cuando terminemos el mentado árbol. —¿Qué no te gusta la navidad tío Thomas? —La verdad ni sí, ni no, es que ahora con los niños he vuelto a vivirla, estuve un tiempo un poco perdido y retomar el espíritu navideño no ha sido muy fácil que digamos. —Ah… pues yo te puedo ayudar, claro, si me dejas. —Pues se aceptan todas las sugerencias, querida. Dani, te damos esos cinco minutos y nos vamos. Fuimos con los chicos a mi oficina y aproveché de tomar mi abrigo y decidimos esperar a Dani en el lobby. Una vez que mi futura colega y casi socia, ¿no les he contado? Mejor les cuento, conversé con mis papás para sumar como asociada a Dani, ella no merece ser solo una asistente y pronto estaría dando su examen de titulación, todo era un ganar y ganar, además no podíamos perderla, la convencería de que fuera jueza en unos años más mientras adquiría los conocimientos. —Y ahí viene por quién doblan las campanas—Exclama Louse viendo a Dani llegar hasta nosotros. —¿Nos vamos? Muero de hambre y creo que Jexito también— dice tocando su pecho y todos entendemos. —Entonces, volemos, no queremos que mi sobrino deje a todos sin tímpanos de tanto gritar. Bajamos por el ascensor y luego de unos minutos ya estábamos todos instalados en nuestras camionetas, el día estaba nevado y las calles abarrotadas de gente comprando sus regalos navideños, una sonrisa triste se instaló en mis labios, recordando como con Alma muchas veces fuimos parte de ese grupo, dos adolescentes felices que buscaban el regalo perfecto para todos y que la compañía del otro era suficiente regalo para cada uno. Después apareció en mi mente mi peor etapa, dónde me recluía en mi habitación cada navidad para que nadie me hablara porque no quería a nadie en mi vida. Cerré mis ojos y ahora pasaba por mi mente mi primera navidad con Tommy y mi Dana, esperando a los Tri. —Todo ha valido la pena… —¿Qué cosa, Thomas? —Nada, nada, es solo que me sentí como Scrooge cuando repasaba las navidades pasadas y de verdad, Dani. Todo lo que he pasado en todos estos años vale cada puta sonrisa de mi esposa y mis hijos. —Eres un hombre afortunado, Thomas y yo también por ser parte de tu vida. —Gracias, Dani. De verdad, gracias por todo. —Como siempre mi don Quijote, para eso está tu Sancho Panza. Dani me tomó la mano y sentí que con mi fiel escudera las cosas siempre estarían bien, ella era mi cable a tierra y la mejor amiga que podía tener en la vida. Para cuando llegamos a los Hamptons el bullicio se escuchaba desde la entrada, por lo que ambos nos miramos y suspiramos. —¡Vamos por la batalla de la crianza! —Vamos mi querida escudera. Bajamos de los autos y lo primero que hicimos fue presentarle a los niños a Louise, la que se integró como si los conociera de toda la vida. Aprovechamos de tomar ponche y comer galletas de jengibre, en eso veo que Louise y Cata están cuchicheando y luego me observan, vuelven a cuchichear y ahora se acercan a mí en tono cauteloso. Enarco una ceja esperando al golpe certero que esas dos van a dar y me acomodo en mi asiento. —Tiito, bello… —Dispara, Di Rossi… —¡Mierda que te pareces al abuelo Adam!— me dice abriendo esos hermosos ojos que tiene y su nueva amiga ríe como si de una maldad estuvieran tramando. —¿A qué te refieres? —A bueno, a qué me conocen más que a nadie en el mundo, por eso es que te quiero pedir un gran, gran, requete contra gran favorcito. —Si está en mis manos poder ayudarte, por supuesto, cariño, pero deja de tanto rodeo y dime en qué quieres que te ayude. —Lo que pasa es que Alo está como todos los años pensando en secuestrar a santa y Greg quiere arruinar sus planes y el tío Jex no quiso prestarle su bastón de electroshock, los abuelos no viajaran porque es su sorpresa de navidad para ustedes y si Alo y los demás saben que no existe Santa me dará mucha pena. —Respira, Cata, te estas ahogando. —Dame un segundo, Louise que aún no termino. Tío de verdad que no quiero que dejen de soñar, es muy triste y ellos aún son chiquitos— no sé si reír o llorar porque ella es un poco más grande que los demás y para qué decir con Alondra, son solo minutos de diferencia entre ellas dos al nacer, pero no cambio mi cara de duda, pues aún no me dice qué es lo que quiere de mí. —Como dice Louise, respira cariño y dime para qué te soy bueno. —Quiero que te disfraces de Santa y te hagas pasar por él la noche de víspera de navidad y les mantengamos el sueño a esos chiquitos. —¡¿Qué?! —Eso tío Thomas, Cata me lo contó y creo que eres el espécimen perfecto para ser nuestro Santa y poder mantener el espíritu navideño de los niños. —¡¿Qué?! —Tío ¿Qué te pasa? ¿Por qué sigues repitiendo lo mismo? Estoy en estado de shock, ¿a quién mierda se le ocurre que yo puedo disfrazarme de Santa Claus? Bueno, a mi sobrina y su nueva amiga al parecer, pero… Pero… No... No... No...¡Ni loco me visto de Santa!
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