Después de los momentos amargos, tristes y tensos, la conversación finalmente tomó otro rumbo. Quizá porque de nada servía seguir lamentándose por lo ocurrido. Massimo no estaría en Nueva York por mucho tiempo, así que ambos tenían que aprovechar el tiempo juntos. Y para eso, el alcohol siempre era un buen aliado. Las cervezas vacías empezaron a acumularse sobre la mesa mientras Massimo le contaba a Gabriella cómo le había ido en Suiza. Su voz tenía ese tono relajado y seguro que a ella la hacía sentirse tranquila, era algo que no se podía explicar con palabras, pero de pronto, ya no parecían los desconocidos que se miraron en la entrada. Rita entró con aperitivos y no pudo evitar sentirse más tranquila de ver que los dos jóvenes que ella había visto desde pequeños, estaban hablando como

