Había pocas cosas en la vida capaces de romper el hielo con otra persona, y ya que los viejos recuerdos no eran una de ellas, puesto que Gabriella no podía recordar nada, Massimo eligió el alcohol. Beber con su hermana era la única forma de acabar con ese silencio tenso que solo confirmaba que ahora la sangre que compartían no significaba nada para ella, porque ni siquiera sabía cómo había sido la vida de ambos. Lo pensó mientras le entregaba una botella de cerveza y le indicaba que bebiera. Gabriella frunció el ceño, no solo porque era extraño que un hombre cuatro años menor que ella le ofreciera licor, sino porque ese hombre era su hermano. Sin embargo, lo tomó y bebió. Él la había guiado hasta el bar de la mansión Moretti, colocó música para que el silencio no fuera tan pesado y luego

