Gabriella sacó las fresas del refrigerador y las colocó en el fregadero. Abrió el grifo con cuidado y comenzó a lavarlas una por una, con movimientos tranquilos, casi domésticos. Miranda observó el espacio con atención y sin dudarlo se acercó a una de las empleadas para preguntarle dónde podían encontrar recipientes y utensilios. La mujer se movió con rapidez, regresó con bowls de cristal, cuchillos pequeños, tablas y paños limpios, dejándolo todo sobre la isla. Miranda agradeció con una leve inclinación de cabeza y dejó su bastón apoyado con cuidado junto a una silla antes de tomar asiento frente a la mesa. Gabriella terminó de desinfectar las fresas y se las acercó; Miranda comenzó a secarlas con paciencia, una por una. Gabriella miró alrededor y, con una sonrisa amable, agradeció a las

