Dante no se veía menos atractivo. El traje que Gabriella había elegido para él era un sastre de tres piezas en color perla, el mismo tono de su vestido, y parecía hecho para resaltar cada línea de su cuerpo. El corte slim fit marcaba de forma impecable su estructura: la chaqueta acentuaba sus hombros y torso con una presencia imponente, el chaleco entallado ceñía la cintura y el pantalón de caída perfecta acompañaba su andar con elegancia natural. Dante era un hombre muy atractivo y la camisa blanca de vestir que llevaba debajo sumado a la corbata en tonos claros completaban un conjunto sobrio y poderoso, tan auténtico como el hombre que lo llevaba. Gabriella se acercó despacio mostrándole una sonrisa bella. Ajustó la flor blanca del ojal con dedos delicados, acomodó un pañuelo discreto e

