Capítulo 31Arco

1282 Palabras

El tiempo en Port Farrow pasaba con la lentitud de las mareas. Los días de Ginger se confundían entre sí, una sucesión de amaneceres iguales donde nada cambiaba. Se levantaba con el sol, trabajaba hasta que el cuerpo le pesaba y regresaba a su pequeño apartamento para intentar callar los fantasmas con el murmullo del mar. Era su penitencia, un exilio elegido. Cada amanecer le recordaba que seguía viva, mientras Gabriel no. Había encontrado una paz frágil en el anonimato, una calma sostenida sobre mentiras y silencios. Aquella tarde el cielo estaba cubierto por nubes que prometían tormenta. El aire se sentía espeso, eléctrico. Ginger caminaba de regreso a casa después de un turno doble, el cansancio marcado en cada músculo. Cuando subía la vieja escalera exterior que llevaba a su puerta, a

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