La conexión silenciosa entre Ginger y Emiliano, nacida en la terraza y fortalecida en la gala, empezó a hacerse visible. No había palabras, pero había algo en la forma en que él la buscaba con la mirada, en la manera en que ella contenía una sonrisa cuando él aparecía. Era algo que solo los ojos que temen perder pueden detectar. Y nadie lo temía más que Vida Kavanaugh. Vida lo veía todo. La sonrisa que él le dedicaba a “Aimar”, la atención genuina, el respeto. Cosas que con ella ya no existían. Donde antes había pasión, ahora solo había formalidad y silencios. Lo suyo con Emiliano siempre había sido un acuerdo más que un amor. Pero ese acuerdo era su futuro, su estatus, su vida. Y Ginger, con su misterio y su calma, amenazaba con derrumbarlo todo. La inseguridad se mezcló con la voz pers

