El conocimiento de que Zuri descubriría su traición era un veneno de acción lenta recorriéndole la sangre. Cada hora que pasaba dentro de la mansión era un tic-tac que la acercaba a su sentencia. Pero el miedo ya no era por ella. Era por las ondas de destrucción que su caída provocaría. Sabía con una certeza cruel que Zuri no se detendría con su muerte. Iría tras Fernando, por desafío, y tras Emiliano, por pura crueldad. Esa noche, cuando todo estaba en silencio, Ginger tomó una decisión fría, absoluta. La venganza por su familia había mutado en una misión de protección. Si ella era el vínculo que unía a Zuri con los Rodger, debía romperlo de la única forma que quedaba: sacrificándose. No podía desaparecer sin más. Zuri la encontraría y seguiría el rastro hasta ellos. Necesitaba que toda

