La voz digitalizada se cortó y el silencio llenó el búnker. Solo quedaba el zumbido grave de las luces rojas de emergencia. Ginger se quedó inmóvil, los labios temblándole. —Nos estaba observando… todo este tiempo —susurró—. La filtración de Vida no fue un error. Fue una provocación. Él quería que encontráramos esa cuenta. Un estruendo metálico retumbó desde el pasillo exterior. —¡Están aquí! —gritó Julian, los dedos volando sobre el teclado—. ¡Ya entraron al edificio! ¡Sellaron las salidas! Emiliano corrió hacia la puerta de acero y golpeó el panel de liberación. No se movió. —¡Julian! —rugió. —¡No responden los sistemas! —contestó el técnico, pálido—. ¡Nos están bloqueando! El pánico subió como un nudo en la garganta de Ginger. Emiliano la tomó por los hombros, obligándola a mirar

