Capítulo 20

1188 Palabras

La mañana siguiente al beso prohibido amaneció con un aire pesado, como si el edificio entero de Rodger Corp contuviera la respiración. Ginger caminaba por los pasillos con la serenidad precisa de una actriz en el escenario, cada paso medido, cada gesto calculado. Por dentro, sin embargo, sentía el zumbido eléctrico del desastre inminente. Sabía que Vida no se quedaría callada. No era cuestión de si hablaría, sino de cuándo y cómo elegiría hacerlo. No tuvo que esperar demasiado. La encontró en el pasillo de los ascensores privados, ese corredor de mármol que amplificaba hasta el más leve sonido. Vida la esperaba allí, erguida, impecable, con una sonrisa que destilaba veneno y triunfo. —Buenos días, Aimar —dijo con una dulzura tan falsa que helaba la sangre—. ¿Dormiste bien? Supongo que

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