Capítulo 21

1188 Palabras

El desayuno en la mansión Rodger era un campo minado disfrazado de rutina. Las copas de cristal, los cubiertos de plata, el aroma del café recién hecho; todo componía una escena perfecta, salvo por la tensión que vibraba en el aire, invisible y cortante. Ginger se sentaba en su lugar habitual, cuidando cada gesto como si un solo movimiento pudiera desencadenar una explosión. Fernando presidía la mesa con su elegancia habitual, esa calma helada que era más peligrosa que su furia. Desde que había notado la forma en que la mirada de su hijo se demoraba sobre Ginger —esa mezcla de deseo y desafío—, su actitud se había transformado. Ya no solo jugaba a ser su carcelero; ahora la reclamaba públicamente, con gestos tan calculados que dolían. —Aimar, querida —dijo, su voz suave, envolvente—, pru

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