CAPÍTULO 47. AL MISMO INFIERNO

1915 Palabras

Entre la bruma de la inconsciencia escuché los gritos de mi madre, los de mis tías e incluso los de mi padre, al parecer sin importarle su herida al verme  desvanecer se levantó, atrapándome entre sus brazos antes de golpearme con el suelo y en medio de las protestas de los presentes, luego de eso dejé de ver, sentir, escuchar, hasta sumergirme totalmente en esa profunda oscuridad, atrapada como si estuviese entre las fauces de un animal salvaje.   Allí estaba él, lo veía corriendo en un campo delante de mí, me emocioné con su presencia, yo lo perseguía llamándolo, ansiosa por tocarlo y besarlo.   “—Camillo, Camillo amor, espérame quiero correr a tu lado”, pero él no se detenía, parecía estar huyéndome.   Solo pude escuchar su voz diciéndome.   “—Hice como me pediste Camil, dijist

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