El ambiente dentro de la mansión Blackthorne había adquirido tintes diferentes con el pasar de los días. Por la mañana, Emmeline y Lucile desayunaban con la compañía de Lucien, al igual que en la cena, llenando los espacios que antes solían estar vacíos. El silencio en que antes se sumía la mansión había sido conquistado por las conversaciones animadas y las risas suaves de la pequeña de la casa y de su niñera. Las caminatas por el jardín se habían vuelto parte de su rutina, pero cuando nevaba demasiado fuerte tenían sesiones de juego y dibujos frente a la chimenea, a las que el dueño de la mansión se había unido. Esa tarde, la nieve caía del cielo cubriendo todo a su paso con una elegante sutileza. Lucile y Emmeline se encontraban fuera, disfrutando de la sensación de los delicados co

