En la mañana, Lucien se encontraba de camino al comedor cuando se encontró con una pequeña figura avanzando por el pasillo en dirección contraria. Lucile arrastraba sus pasos sobre la madera mientras frotaba su rostro, aún llevaba su ropa de dormir, era temprano así que apenas había despertado. —Lucile, ¿qué haces despierta tan temprano? —preguntó Lucien, al verla regresar del camino que llevaba a la habitación de la niñera. —Fuí a buscar a Emmeline, pero no está en su habitación —respondió ella con voz apagada. Lucien frunció el ceño suavemente y se agachó para estar a su altura. —¿No está? —repitió, y la niña negó con la cabeza, aún medio dormida—. Pues aún es temprano, debe haber salido al pueblo. No te preocupes. Elena debe estar preparando el desayuno, bajamos y le preguntamos, ¿

