Emmeline y Lucile se movían por la cocina mientras preparaban la cena, un aroma exquisito llenó el ambiente, fundiéndose con la melodía suave de sus risas y murmullos. El señor Blackthorne apareció bajo el marco de la puerta cuando ambas se encontraban terminando, se dedicó a observar la escena en silencio. Contemplar a Lucile riendo y pasando tiempo con otros se sentía como observar una mariposa, sintiéndose lo suficientemente destructivo como para decidir no acariciarla y mantener distancia. Era consciente que Emmeline había cambiado aquello, con su paciencia, empatía y amabilidad, le había dado el empujón que necesitaba para acercarse a Lucile. Y su pequeña lo recibió con una sonrisa cálida y los brazos abiertos, como si hubiera estado esperando por eso desde hacía tiempo. Lucile hab

