La mañana del cumpleaños de Lucile el aroma de las rosas que ella tanto quería se mezclaba en el aire con el de los muffins que Emmeline sacaba del horno y las risas de las niñas que jugaban en la sala. —¡Me encanta! Gracias, Anne —Lucile le dió un efusivo abrazo a la niña de cabellos miel. —Abre el mío, Luci —otra de las niñas, Sophie, le tendió una caja rosada con un moño blanco encima. Anne y Sophie eran las hijas de Elena. Habían faltado con gusto a clases para pasar la tarde con Lucile. En lo que ellas abrían los obsequios, Emmeline y Elena conversaban mientras llevaban los postres de la cocina a la mesa de la sala. —¡Emmeline, mira lo que me obsequió Lucien! —Lucile fué corriendo hacia su niñera para mostrarle el par de zapatos de ballet que su padre le había comprado. —Son pre

