Emma Me encontraba en el avión con Alaric y Riku. El ambiente era denso, cargado de silencios incómodos y miradas que evitaban cruzarse. Mi madre había decidido quedarse con Andrey; creímos que era lo mejor separar a los gemelos por un tiempo, darles espacio para pensar, para que el enojo se enfríe y la culpa haga su trabajo. Juntos solo eran una bomba a punto de estallar. —No quiero ver a los abuelos… —se queja Alaric, cruzándose de brazos como un niño castigado, aunque la rabia en sus ojos lo delata. —No me importa —le respondí sin mirarlo, con la voz firme—. Es una decisión que mamá ya tomó. Después de varias horas aterrizamos en la pista privada de Chicago junto a los escoltas y mis hermanos. El frío nos recibió de golpe apenas descendimos del avión. Un par de camionetas negras ya

