El Alacrán Viajaba directo desde Colombia hacia Estados Unidos. No en un avión comercial, no con escoltas visibles ni nombres reales. Todo estaba calculado. Cada frontera, cada ruta, cada soborno. Iba a coordinar el golpe personalmente porque cuando algo es grande, sucio y definitivo, no se delega. El tráfico humano es un negocio delicado: mercancía que respira, que grita, que deja rastros. Pero si todo salía como lo había planeado, la ganancia sería obscena. Demian iba conmigo en el auto. Conduciendo tenso y encima de él, su esposa, riéndose, besándolo como si el mundo no estuviera a punto de arder. Él la sostenía como si fuera lo único real que tenía. Apenas me prestaba atención. No lo entendía. Nunca lo entendí. Jamás comprendí cómo un hombre puede perder la cabeza por una mujer. Yo

