El Alacrán Me encontraba en Colombia, en la hacienda de los hermanos Salgado, un infierno verde escondido entre montañas y selva espesa. No aparecía en mapas, no figuraba en escrituras oficiales y no existía para el Estado. Pero en el mundo criminal, ese apellido tenía un solo significado: muerte garantizada. La hacienda no era un refugio, era un trono. Cuatro carteles estaban reunidos esa noche bajo el techo.Cuatro alianzas selladas con sangre, no con palabras. El Cartel de Cali, viejos traficantes de rutas humanas, ellos no aceptaban el mando de Camilo Montoya y lo consideraban débil por eso se habían unido a mí. Ellos sabían quién había sido mi padre y quién era mi madre, pero sobre todo quién era mi abuelo. Los Hermanos Salgado, expertos en armas y químicos, el mayor de ellos era

