El padre del Alacrán

1289 Palabras

Emma Antes de salir de Colombia fuimos a la hacienda de los Montoya. Camilo nos recibió en el pórtico, el cabello castaño ya invadido por canas, la postura firme de un hombre que ha sobrevivido demasiadas guerras. A su lado estaba Karla, su esposa, de cabello oscuro y ojos cafés, serena pero alerta. Detrás aparecieron sus hijos: Carlos, el mayor, rondando los treinta; luego una muchacha de dieciocho años y un muchacho de veintitrés, casi de mi edad. Los Sato somos dueños de parte del territorio Montoya. A cambio damos protección. Es un acuerdo antiguo, sellado por mi padre cuando aún respiraba, reforzado por mi tío Stravos. Aquí nadie olvidaba eso. Las niñas, Amaya y Mia, subieron enseguida a descansar. Camilo se quedó conversando con Mateo, Alekdrad y Alessandro; Riku, a un lado con Sa

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