La luz del amanecer se filtraba suavemente a través de las cortinas de la habitación de Tim, iluminando su rostro tranquilo mientras dormía. Fido, acurrucado a su lado, levantó la cabeza al escuchar el leve ruido de la puerta al abrirse. Eme entró en la habitación luego de ir al baño y lavarse los dientes y la cara, con pasos silenciosos, deseando no despertar a su pequeño hijo. Observó por un momento la escena, su corazón latiendo con una mezcla de ternura y amor que hacían que su pecho se sintiera más henchido. Tim, tan inocente y lleno de vida, se merecía toda la felicidad del mundo, pensó con un suspiro. Y ahí estaba Fido, el cachorro que había traído un rayo de sol en la vida de su hijo por más que hubiese venido de las mismísimas entrañas de la oscuridad. Eme suspiró nuevamente pens

