El sexo con Don era perfecto y decadente.
Cómo esa vez en que la despertó mientras ella aún dormía plácidamente completamente entregada a los brazos de Morfeo. Él estaba a sus espaldas abrazado a ella, besando su omóplato con suavidad mientras hociqueaba su cuello y su mano traviesa hurgaba entre los pliegues de su v****a jugueteando con su clítoris. Cuando ella abrió los ojos.
— Mmmm ¿qué hora es??? — susurró ella con voz pastosa.
— Es hora de tomar la leche signorina — murmuró él en su oído, su voz se oía sonriente.
Su tono masculino y sensual erizó cada uno de los bellos del cuerpo de Eme mientras su piel se estremecía de modo anticipado. Él la enloquecía de deseo de una forma en que no creyó posible en su vida, aparte, estaba loca de amor por él. Solo verlo de lejos hacía que sus bragas se humedecieran.
Ella sintió como pasaba su glande por el orificio de su v****a ida y vuelta.
— Oh por Dios Don...— susurró de modo entrecortado, ella.
— Soy tu Dios...tu Dios mi bella Emily, amores mío— susurró él y la penetró por su v****a lentamente mientras acariciaba su clítoris sin parar.
Al principio fue despacio, pero de a poco tomó ritmo con sus embestidas. Sus huevos golpeaban en el culo perfectamente redondeado de Eme, que él estaba sosteniendo hasta que en determinado momento ella quedó boca abajo en la cama, su cuerpo completamente sometido al de él.
Ella comenzó a sentir como la zona baja de su cuerpo se estremecía cuál preludio del orgasmo monumental que tendría...pero Don no había terminado aún con ella.
Mientras ella todavía temblaba, estremecida de pies a cabeza por ese gran orgasmo, él sacó su v***a que lucía brillante por los fluidos de ella, y de la punta se veían salir gotas perladas de líquido seminal.
Don escupió en su mano y con sus dedos penetró el ano de Eme, hacía mucho que lo deseaba, ya lo había penetrado con sus dedos y se lo había dicho muchas veces. Lo mucho que le gustaba y las ganas que tenía de penetrarla por allí aunque ella aún no había cedido a su deseo.
Ella nunca lo había hecho por ahí y la idea de ser su primero lo volvía loco, tenía una necesidad muy masculina y primitiva de ser por allí su primer hombre.
— ¿ Qué...haces??? — susurró ella aún temblorosa, sintiendo las intenciones de Don.
Él se agachó y lamió completamente su culo de un modo tan erótico que ella supo en ese preciso instante que no podría decirle que no, o más bien no quería. Estaba perdida, absolutamente perdida del deseo más hedonista por él. Aparte lo amaba y cada vez le costaba más decirle que no. Pero lo más importante de todo era que no quería negarle nada.
Cuando sintió como su ano se estiraba mientras él lo manipulaba con sus dedos supo que estaba intentando agrandar un poco su agujero, adaptando su tamaño para poderla meter su v***a dentro del orificio anal de ella.
— Amo tu sabor mmm que delizia..— susurró él y volvió a hundir su lengua en su culo mientras con su mano volvía a atacar su clítoris a la vez
Cuando sintió que ella se retorcía bajo sus manos, se propuso intentarlo, y esa vez logró meter la cabeza de su v***a y luego de a poco todo el tronco también, con un grito triunfal que daba cuenta de que el culo de su Eme era suyo, todo suyo, se sintió exultante cuando su pene fue comprimido dentro del culo de ella.
— Voy a moverme, avísame si te duele — le advirtió con un susurró ronco y ella asintió con la cabeza sepultada en la almohada.
Don comenzó de a poco a moverse, y mientras se sostenía con una mano sobre el lecho, con la otra buscaba nuevamente la carne tierna del clítoris de Eme por delante, entre sus piernas.
— Ay Don...— gimió de modo amortiguado, ella.
— Si oh sí mi Eme, MÍA...— gruñó él cuando ella se estremeció con un nuevo climax entonces la tomó con ambas manos de su cintura estrecha y comenzó a penetrarla analmente con más ímpetu, más salvajemente hasta que con un estertor derramó su leche dentro del culo de su Eme.