Un tiempo después
— Don, esto es intenso, pero debemos hablar de lo que realmente queremos —respondió Emily, apartándose suavemente de él, aunque sus miradas seguían conectadas. El magnetismo entre ambos era innegable, pero Emily sabía que debía abordar ciertos temas antes de dejarse llevar por completo. Especialmente, con ese anillo tan caro que le había dado unos instantes antes, él.
Donatello le dedicó una sonrisa seductora, pero asintió.
— Claro, cara mía, hablaremos. Pero primero, permíteme decirte cuánto deseo estar contigo en todo sentido. Eres mi debilidad — dijo y la besó de forma arrebatadora poniendo su lengua hondo hasta su garganta mientras la abrazaba, ambos estaban desnudos en la cama de él.
Él se colocó sobre ella y agachó su cabeza para tomar uno de sus pezones entre sus dientes, lo rozó mientras ella se frotaba contra él.
— Oh por Dios…— murmuró Eme con placer.
— Por Don — susurró él y sonrió antes de sumergirse en su pecho y comenzar como loco a lamer y chupar uno y otro, succionaba sus pezones, juntaba sus senos con sus manos para ayudarse mientras ella solo pronunciaba su nombre y agarraba su cabeza hasta tirar de su cabello.
Luego fue lamiendo su vientre hasta que se agachó entre sus piernas y comenzó a lamerla allí. En su mismo centro. Su lengua jugueteaba con su botón de carne mientras sus dedos hurgaban entre los pliegues de su v****a, entrando en ella con dos dedos hasta enloquecerla por completo de deseo. Cuando Eme estalló en un poderoso orgasmo sus piernas quedaron temblando y cuando él alejó su cabeza relamiéndose, se incorporó un poco, la tomó de sus tobillos y la penetró con fuerza. Mientras la embestía puso sus pies sobre sus hombros y con una de sus manos siguió tocando su clítoris, sus estocadas cada vez más duras y hondas mientras ella lo miraba con un inconmensurable deseo, hasta que finalmente estalló dejando chorros de leche dentro de su ajustada v****a que lo volvía completamente loco.
Aún tembloroso, él se recostó sobre ella. Ambos temblaban de hecho, ella también se había venido, él había sentido como las paredes vaginales de ella lo estrujaban a su alrededor.
— Bella mía — le dijo con un tono ronco poco después mientras sonreía y la miraba embelesado, como cada vez que lo hacía. Nunca pensó sentir algo tan profundo por una mujer como lo que sentía por ella.
Ella lo miraba embobada a su vez, si bien Eme había tenido un novio antes, ninguno tan intenso como Don. Su romance relámpago hizo que prácticamente se mudara con él y a duras penas podía disimular en la oficina, especialmente cuando él cerraba la puerta y le hacía las cosas más escabrosas sobre el escritorio como ella había deseado desde el inicio, desde el primer momento en que lo había conocido.
— Mía mía mía — dijo él y le dio un beso sonoro en el vientre que la hizo reír.
Emily sonrió con complicidad.
— Don, eres increíble y lo sabes, no necesitas que te lo diga, pero esto es demasiado, en serio — dijo y le mostró su mano donde él había insistido en colocar ese anillo fastuoso —. Ambos tenemos carreras demandantes, metas y sueños individuales. O, mejor dicho, yo también las tengo… todo eso…y esto, es mucho — dijo sonriendo y él la abrazó y se recostó casi sobre ella.
Donatello acarició suavemente su mejilla, aunque su expresión mostraba un dejo de impaciencia.
— Sé lo que dices, Eme, pero ¿y si pudiéramos tenerlo todo? ¿Y si te dijera que puedo ofrecerte una vida más allá de todas tus expectativas? — dijo él alzando una de sus oscuras cejas de modo inquisitivo, como solía hacerlo.
Emily frunció el ceño, consciente de que Don estaba a punto de plantear algo que podría cambiar el rumbo de su relación para siempre.
— Escucha, amore mío, quiero construir un futuro contigo. Y estoy dispuesto a hacer todo lo necesario para que eso suceda — dijo y tomó su mano con su anillo y lo besó.
Las palabras de Donatello resonaron en la habitación, y Emily supo que debía profundizar en esa declaración, sobre todo cuando se trataba de él. Había que saber leer la letra chica del “contrato”, especialmente.
— ¿A qué te refieres con "todo lo necesario"? —preguntó Emily con cierta cautela.
Donatello tomó su mano y la llevó hacia su pecho.
— Emily, quiero que seas mi esposa. Quiero una vida juntos, una familia. TODO. Y estoy dispuesto a hacer lo que sea para asegurarme de que no tengas que elegir entre tu carrera y nosotros, cualquier sacrificio que sea necesario — dijo y luego mintió con la misma facilidad con la que lo hacía en el tribunal —. Yo te apoyaré, ya verás, serás una abogada de éxito de mi mano y con mi apoyo… y también mi esposa por supuesto… y tendrás a mis hijos, cuando llegue el momento claro — le dijo fingiendo.
Aunque ella también había soñado con una vida compartida, la rapidez con la que él lo planteaba la tomó por sorpresa.
— Don, esto es mucho... No sé si puedo decidir algo tan importante en este momento. Creo que necesito tiempo…
Él acercó su rostro al de ella, buscando su mirada.
— No te estoy presionando, Emily. Solo quiero que sepas cuánto significas para mí. Puedes tomar el tiempo que necesites para pensar en ello — dijo y pensó que si su plan surtía efecto no debería tardar mucho, pues en ese poco tiempo había llegado a conocer a Eme. Sabía que pensaba tradicionalmente, por eso había alterado sus pastillas anticonceptivas para que no pasara mucho y un pequeño bebé creciera producto de haberle plantado su simiente, y estaba haciendo la tarea, varias veces y diariamente.
Ella se sintió un poco cohibida como siempre por él que parecía tener un plan siempre, claro que era completamente inocente del plan que tenía para ella.
Pues Don se había enamorado perdidamente de Eme, al punto de que iba a ser suya al precio que fuera, del modo en que fuera, y si de él dependía, para siempre…
Ella suspiró y él comenzó a succionar uno de sus pezones.
— Tienes cierta fijación con mis pezones — le dijo ella sonriente pues a veces los succionaba como si fuera un bebé —. Parece que fueras mi bebé…— susurró con ternura e inocencia, y acarició su cabello oscuro mientras él sonreía y pensaba que esperaba que pronto saliera verdadera leche de allí, estaba ansioso, tan ansioso que su v***a se endureció de solo pensarlo.
Él agarró sus senos con sus manos.
— Me encantan tus pechos, son hermosos como toda tú, bella — murmuró y luego la besó profundamente.
El italiano puso su cuerpo con cuidado enteramente sobre ella, mientras frotaba su v***a endurecida contra su entrada vaginal, los labios alrededor de su v***a hasta que ella gimió y rasguñó su espalda mientras gemía sin parar.
—¿La deseas cara? ¿Dentro tuyo?
— Mu…cho — llegó a decir ella.
— Entonces la tendrás, será solo tuya bella mía — susurró él y comenzó a penetrarla esta vez más suavemente mientras ella lo abrazaba con fuerza.
Con embestidas pausadas, tomó ímpetu hasta que sintió los latidos de la v****a alrededor de su v***a, entonces Don con un estertor soltó un gran chorro de leche en la matriz de Eme, hasta saciarse completamente.
Ambos se quedaron temblando entre espasmos. Luego de un rato él se movió, observó hacia abajo su v***a y vio con gran satisfacción cómo el semen, brotaba de la v****a de Eme. Su sirenita pronto sería completa y absolutamente de él, aunque ella en ese instante, no tenía ni la menor idea.