En un intento por mediar y resolver la conflictiva relación con su hermana, y dado que la casa se había convertido en un campo de batalla, Don organizó una cena familiar pues Magdalena muchas veces elegía comer en su habitación cuando él no la enviaba allí puesto que era prácticamente imposible compartir una comida con ella sin atragantarse en el proceso de la cena.
Pero esa velada planeada tan cuidadosamente, dónde sirvieron los platos favoritos de la chica, resultó ser un campo de batalla minado, lleno de palabras afiladas y resentimientos acumulados. Magdalena aprovechó cada oportunidad para menospreciar a Eme y cuestionar las elecciones de su hermano mostrando una cara a Don, que no había descubierto del todo hasta ese momento.
— No entiendo cómo puedes soportar a esta mujer, Don. Está claro que tú solo te casaste por capricho y ella por tu dinero y status... o por su hijo— dijo la jovencita, mirando a Eme despreciativa.
La paciencia de Don llegó realmente a su límite ese día. Ya estaba hasta la coronilla de su hermanita y por mucho que la quisiera, había cruzado una línea.
— Magdalena, Eme es mi esposa y merece respeto. No volveré a repetirlo. Realmente no entiendo por qué te estás comportando ahora de esta manera, si sabías que sería mi esposa y estaría aquí con nosotros. Pero hoy colmaste mi límite y mi paciencia. No toleraré MÁS tus comentarios despectivos e hirientes con mi esposa. Eres mi hermana y te amo, pero esto se ha pasado de la raya cara, te he dado muchas oportunidades pero si no cambias tu actitud deberás irte de la casa — declaró Don, decidido a poner fin a la situación. Por supuesto, la chica, furiosa gritó y tiró su servilleta e insultó en italiano antes de que Don finalmente le gritara que se fuera, y a Eme luego él le pidiera perdón. Cómo lo hacía últimamente.
Pocos días después de aquella cena fatal, la tensión en la casa parecía estar en un equilibrio delicado. Magdalena, que ahora trataba de no quedar expuesta más con su hermano, de manera astuta y aprovechando un momento en que Eme estaba relajándose en la piscina, se acercó con una expresión desafiante en el rostro dispuesta a dar batalla una vez más.
— ¿Qué es lo que quieres, Emily? Eh dime ¿ Cuánto dinero se necesita para alejarte de mi casa y la mia famiglia? — dijo Magdalena, cruzándose de brazos mientras la miraba con desprecio. Eme, sintiendo la hostilidad en el aire, se preparó para lo que vendría —. Don se casó contigo solo porque estás embarazada, lo sabes perfectamente. Si no fuera por ese bebé, te aseguro que no te querría. Y si algo le pasa al bebé — dijo acentuando su maliciosa sonrisa —, prepárate para ser echada de patitas a la calle y sin un centavo, claro...— amenazó Magdalena, con esa sonrisa burlona y cínica, que buscaba herirla.
La furia burbujeó entonces en el interior de Eme, pero en lugar de dejarse llevar por el enojo, decidió enfrentar la situación con aplomo. Así que respondió, levantándose con mucha tranquilidad y dignidad, y luego, usando un tono gélido de voz le dijo:
— Ni se te ocurra amenazarme a mí o al bebé, Magdalena. Eres una mocosa malcriada. Don me ama, te guste o no. Y si no puedes aceptarlo, lárgate de esta casa y déjanos en paz. Ya me di cuenta de la forma inapropiada en la que miras a tu hermano, y nada de lo que hagas va a cambiar nada, yo soy su mujer y la madre de su futuro hijo te guste o no, soy la mujer que eligió para compartir su vida y su cama — dijo cruzada de brazos, haciendo hincapié en aquello —.¿Te queda claro "cara" o necesitas un dibujito explicativo ?— replicó Eme afilada, fijando su mirada con intensidad en su y cizañera cuñada .
Estas palabras provocaron una reacción explosiva en Magdalena, quien enrojeció de rabia e hizo las manos en puños a los costados de su cuerpo.
— ¡Tú qué dices maldita puttana, tú no sabes nada! — gritó Magdalena que enfureció tras escuchar lo que Eme dijo pues se sintió expuesta en lo que refería a sus verdaderos y retorcidos sentimientos por su hermano Don. Así que intentó atacar a su cuñada embarazada con sus manos en garras.
Sin embargo, Emily, conocedora de técnicas de defensa personal, reaccionó rápidamente y logró atrapar las manos de Magdalena, torciendo sus brazos por la espalda. La expresión fría de Emily ahora estaba cargada de una rabia halada. Mientras por dentro temblaba
— Escúchame bien, maldita mocosa engreída y descarada — siseó en su oído —. No sé quién carajos crees que eres para comportarte de ese modo petulante y desagradable conmigo, pero, si vuelves a amenazarme o siquiera intentar tocar a mi bebé, vas a lamentar haber nacido, te lo juro. Don me ama y me ha elegido a mí, y eso es algo que tendrás que aceptar te guste o no. Ahora, lárgate y déjanos en paz — susurró Eme al oído de Magdalena liberando a la joven sin más con un pequeño empujón.
Luego de eso, Magdalena se frotó los brazos y la miró pero no dijo nada. Emily la observó marcharse aún indignada por el atrevimiento de la jovencita, sabiendo que las palabras pronunciadas habían dejado una huella pero que seguramente seguiría con sus tretas. Y tan equivocada no estaba pues sin que lo notara, Magdalena le lanzó una mirada llena de odio mientras se marchaba.
Eme, por su parte, se quedó en la piscina, respirando hondo tratando de tranquilizar los latidos de su agitado corazón, decidida a no permitir que nada amenazara la felicidad que, como un castillo de naipes, estaba construyendo con Don.
Aunque claro, la amenaza seguía latente, dado que había una serpiente en su paraíso. Y los castillos de naipes, podían desvanecerse con mucha facilidad, con un mero soplido...