Eme se encontraba descansando recostada en la cama de la que oficialmente era su nueva casa, una mezcla de emoción y felicidad iluminaba su rostro mientras recordaba los días después de la hermosa boda que habían tenido con Don. La luna de miel en la pintoresca casa de él en Cerdeña fue un sueño hecho realidad.
Después de la ceremonia, la pareja se embarcó en un vuelo en un jet privado hacia la isla mediterránea. La casa de Don, ubicada en un rincón tranquilo de Cerdeña, les ofreció un refugio lejos del bullicio de la vida cotidiana. Al llegar, Eme quedó asombrada por la belleza del lugar: una villa encantadora rodeada de olivos y con vistas al resplandeciente mar.
Los días allí pasaron en un parpadeo, llenos de amor y descubrimientos. Don llevó a Eme a explorar los encantadores pueblos locales, donde disfrutaron de la deliciosa cocina mediterránea y se perdieron en callejones empedrados llenos de historia, dónde Don le robó no la virtud, pero sí le hizo el amor en alguno que otro callejón, contra las paredes de las casitas empedradas subiendo las faldas de su vestido mientras la besaba de manera apasionada. Cada rincón de la isla parecía susurrar los secretos de romance y aventura e invitarlos a explorar, y no solo la isla.
Las noches eran mágicas. Y ambos se deleitaron con cenas a la luz de las velas en la terraza de su villa, mientras el cielo estrellado se reflejaba en el mar. Pasearon por las playas de arena blanca, tomados de la mano, compartiendo risas y confidencias. Don prácticamente la obligó a correr desnuda y la tomó en el mar y bajo la luz de la luna, para luego seguir sobre la arena. Besó sus pechos hasta el cansancio hasta que salió leche de sus pezones, y exploró con su boca y mano palmo a palmo cada centímetro de su piel antes de penetrarla con una posesión que nunca antes había mostrado. La luna de miel fue un tiempo para fortalecer aún más su conexión, para explorar juntos y construir recuerdos que atesorarían toda la vida... Pero también para afianzar su vínculo y la intimidad que ambos habían estado construyendo todo ese tiempo, hasta ese momento.
Eme se sintió agradecida por la oportunidad de compartir ese viaje con su flamante esposo. La manera en que él la miraba, la forma en que cuidaba de ella y su bebé por nacer, todo confirmaba que había tomado la decisión correcta al unir sus vidas para siempre, con bebé o sin él no se arrepentía de la decisión que había tomado para nada.
Aunque tuviera a Magdalena en su contra ella estaba decidida a construir su propio refugio de felicidad, confiando en que el tiempo y la paciencia eventualmente cambiarían las cosas para todos, especialmente luego de la llegada de su retoño.
Pero a veces, al igual que las casas de los cerditos ante el soplo del lobo feroz, ese refugio puede ser muy muy fácil de derribar…
Y aunque la serenidad de Cerdeña proporcionó el escenario perfecto para consolidar su maravilloso "sueño de amor", este fue roto al 'despertar' con su retorno al hogar.
Al regresar a la casa de Milán después de su preciosa luna de miel en el Mediterráneo fueron recibidos por un petulante balde de agua fría, o mejor dicho, Eme y Don fueron recibidos por la “espina en el culo” conocida como Magdalena.
Y desde el momento en que pusieron un pie en la casa, la tensión ya era palpable, y las miradas frías de ella indicaban que las cosas no habían mejorado en la ausencia de la pareja.
De hecho parecía ser que su rabia hacia Emily se había acentuado más profundamente, como si su odio hubiera madurado al percatarse realmente de que las cosas entre la abogada y su hermano, habían cambiado radicalmente.
Así que quizá no debería haberlos sorprendido su recibimiento, salvo a Don, ya que para él aún era su hermanita menor y Eme exageraba un poco con lo que le decía.
— ¡Don, no puedo creer que hayas llevado a "esa mujer" a nuestra casa en Cerdeña! — exclamó Magdalena molesta, apenas disimulando su disgusto y envidia, mientras miraba a Eme con desdén casi luego de haber entrado a la casa. Clavándole su mirada en su vientre que había crecido, especialmente. Sus celos eran tan palpables que le faltaba ponerse verde. Obviamente estaba prácticamente desnuda con un top que apenas alcanzaba a cubrir sus senos pues era muy corto y no usaba brasier, un short de jean minúsculo y sandalias en los pies.
Don suspiró, anticipando la tormenta que se avecinaba.
— Magdalena por favor cariño, ya te lo dije mil veces, Eme es mi esposa. Y cualquiera de nuestras casas son ahora sus hogares también, aparte no entiendo esa clase de comentario, ¿acabamos de llegar y eso es lo primero que tenemos que escuchar acaso? No un ¿“hola hermano qué tal la han pasado”? — respondió Don, claramente tratando de mantener la calma con su hermana.
Eme, sintiendo la tensión en el aire, trató de ignorar las palabras de Magdalena y se dirigió a su habitación para deshacer las maletas que ya habían sido llevadas allí por el servicio. Sin embargo, la joven continuó.
— ¡Oh, felicitaciones por regresar de tu luna de miel! ¿Te has dado cuenta de que esta casa no es un hotel verdad? Para ir y volver cuando quieras… — espetó Magdalena, provocando finalmente la furia de Don.
— Para comenzar esta es mi puttana casa y tu una mocosa malcriada, vete a tu cuarto YA — gritó Don con una mirada asesina que hubiera provocado en otros temor pero no en la joven que lo observó con desafío en su mirada y se dio vuelta como una diva para salir de allí moviendo el culo con cada paso que daba, de manera provocativa.
Luego de aquello, y dada la presencia "embarazosa" de Eme, las discusiones entre hermanos se volvieron una constante en la casa, y Emily se encontró atrapada en medio de sus enfrentamientos, que por otro lado eran siempre por ella solo que había decidido por el bienestar de ella y su hijo que no le afectara así que intentaba continuamente mantenerse al margen pese a que Magdalena expresaba abiertamente su desprecio hacia su cuñada haciendo comentarios hirientes y despreciativos cada vez que se cruzaban.
Pero a pesar de aquello, la abogada trataba de que esto no afectara su relación con Don; y afortunadamente, pese al malestar que la chiquilla generaba, una vez dentro de su dormitorio el mundo era para ellos dos solos. Allí hacían el amor, alejados de todo y todos.
Y fuera de su dormitorio evitaba a Magdalena tanto como podía, centrando su energía en construir su propio espacio en la casa y cimentar su relación con Don que ya no sabía qué más hacer con la chica. Pero a medida que los días pasaban, la hostilidad de Magdalena se intensificaba a pesar de todos sus esfuerzos, generando un ambiente muy incómodo en el hogar.