Un par de días después, cuando el fin de semana llegó, Don había organizado una visita al zoológico, pero bajo estrictas medidas de seguridad. Había contratado un equipo de seguridad adicional y coordinado con el zoológico para una visita privada fuera del horario regular. Cuando le dieron la noticia a Tim, su alegría fue contagiosa. El sábado por la mañana, se despertó antes que el sol, lleno de emoción. Y Eme y Don se miraron, compartiendo una sonrisa de complicidad. Pero justo cuando estaban a punto de salir, el teléfono de Don sonó. Su expresión se volvió seria al ver el número en la pantalla. —Dame un momento —dijo, alejándose para contestar. Eme observó a Tim, cuyo rostro radiante se transformaba en una mezcla de ansiedad y preocupación. Los minutos pasaron y Don regresó con una

