Capítulo 1
Hola!!!!
"APRENDIENDO A QUERERTE" será una novela de renovación diaria.
Espero que les guste.
Quería darles las gracias por todo el apoyo que le han dado a mis demás historias. Estoy feliz y me siento bendecida???.
Gracias de corazón❤
Portada: Albania Jiménez
Novela escrita por: Albania Jiménez
Instagram: novelas_jc
Por el i********: pueden preguntarme cualquier duda. Además, por ahí veremos a los protagonistas?
Ahora sí, disfruten y háganme saber en los comentarios si les gusta.
Besos!!
─────────────────────
*Narra Angelo*
Estaba nervioso y feliz. Joana se encontraba sentada a mi lado. Nuestras manos se movían constantemente porque estaban entrelazadas y yo no dejaba de moverlas por los nervios. Moviendo así su mano.
Cuando algunas de las enfermeras que pasaban por el pasillo o de las mujeres que estaban sentadas en la sala me miraban, ella las miraba y luego me miraba a mí.
Joana era celosa. Pero no eran celos exagerados, así que no solíamos tener problemas por eso.
Nos habíamos conocido en Barcelona, hacía cinco años ya.
Yo era el jefe narco de uno de los principales cárteles de Italia, pero dejé eso de lado cuando ví que Joana estaba dispuesta a dejarme porque no quería sufrir pensando en que algún día me matarían.
La amo tanto que preferí abandonar toda esa mierda para dedicarme a ella y a mis empresas.
No veo mi vida sin esta preciosa mujer que se encuentra sentada a mi lado, acariciando su barriga de cinco meses con una sonrisa.
── cariño, que muevas así tu mano me pone más nerviosa aún, lo que hace que el bebé también se ponga nervioso y se mueva así.
── perdón princesa, es solo que estoy muy emocionado -acaricié su barriga.-
── ¿Joana de Martinelli? -ambos miramos hacia allí. Una enfermera se encontraba fuera de la consulta mirando toda la sala.-
── soy yo.
Ambos nos paramos y entramos. La doctora le hizo varias preguntas y luego le pidió que se tumbara en la camilla para hacerle el ultrasonido.
Sonreí cuando ambos vimos al bebé en la pantalla.
── ¿cómo está? -pregunté. La doctora no dijo nada. Tenía el ceño fruncido mientras veía la pantalla. Joana y yo nos miramos, ya no sonreíamos.-
── ¿has tenido dolor abdominal o pélvico?
── sí, muchas veces, pero eso es normal, ¿no?
La doctora no dijo nada, nuevamente. Simplemente limpió la barriga de Joana y fue hacia su mesa. Ayudé a Joana a bajarse de la camilla y nos sentamos delante de la doctora, que había empezado a teclear en su ordenador.
Cuando por fin nos puso atención, sabía que se acercaba una mala noticia por su cara.
── en el ultrasonido he visto una masa, creo que es cáncer de ovario, pediré que te hagan unas pruebas lo antes posible.
La palabra cáncer me dejó en shock. A partir de ese momento había dejado de escuchar lo que decía la doctora.
Miré hacia Joana cuando apretó mi mano.
── todo estará bien -me dedicó una sonrisa pequeña.-
── ¿quieren saber qué es?
── por supuesto -dijo inmediatamente Joana.-
── es una niña.
Joana volvió a mirarme, esta vez tenía los ojos llenos de lágrimas mientras sonreía.
── una niña, es lo que yo quería -me dijo feliz. Pero yo seguía igual.-
Escuché que la doctora le dijo algunas cosas y luego salimos.
Mientras caminábamos por uno de los pasillos del hospital, tomó mi mano. Yo la miré.
── todo estará bien, Angelo.
── ¿si no es así?
Suspiró y se detuvo parándose delante de mí.
── estamos juntos en esto, lo vamos a superar. Si es cáncer tomaré el tratamiento y haré quimios. No quiero que por esto estés así. Vamos a tener una niña, deberías estar feliz por eso.
Acaricié su mejilla mientras nos mirábamos.
── quiero que tú estés bien, la niña ya me da igual.
── ¿qué estás diciendo, Angelo? -apartó mi mano de su cara y se separó de mí.-
── Joana, tu eres lo más importante para mí.
── para mí lo más importante ahora mismo es ella -acarició su barriga.- no me puedo creer que estés diciendo esto -limpió rápidamente una lágrima que bajó por su mejilla.- si es cáncer se puede tratar, no sé por qué te pones en lo peor. La doctora ni siquiera está segura. Eres un maldito idiota, Angelo...tu...tu...
Suspiré y me acerqué a ella, cuando la abracé apoyó su cara en mi pecho mientras lloraba.
── perdóname...yo...estoy todavía en shock. No quería hacerte sentir mal. Soy un imbécil.
── lo eres.
Cuando nos separamos limpié sus mejillas y apoyé mi frente en la suya.
── te amo, Joana.
── yo también te amo, Angelo, pero como vuelvas a cagarla con este asunto, te mataré -dijo sonriendo. Lo hacía para tranquilizarme. Siempre que había algún problema, ella era la positiva de los dos. La que siempre mantenía la calma y sonreía a pesar de todo.
Como justo en este momento. Quería restarle importancia a lo que sucedía dedicándome una de sus sonrisas encantadoras, pero esta vez no funcionaba. La maldita palabra cáncer ya me había quitado a la mujer más importante de mi vida, mi madre. Se sometió a tratamientos y quimioterapias durante unos años para tratar un cáncer pulmonar hasta que no pudo más.
Cuando llevé a Joana para que la conociera, ya era demasiado tarde, mi madre había fallecido ese mismo día.
Ella me ayudó a llevar la muerte de mi madre, eso nos unió aún más.
Por eso no puedo evitar pensar en lo peor. No puedo perder a la segunda mujer más importante de mi vida.
La tomé de la mano y salimos.
Una vez en el coche, conduje hacia casa.
── ¿llegarás temprano para cenar conmigo?
── hoy no regresaré a la empresa.
── dijiste que tienes dos reuniones muy importantes.
── tú eres más importante, quiero estar contigo -la miré unos segundos y luego volví a mirar la carretera.- te consentiré y haré todo lo que quieras.
── mmm...quiero que veamos algunas películas, que hagas pasta para cenar y quiero una tarrina grande de helado de chocolate.
Sonreí.
── ¿una tarrina grande? eso es mucho, princesa.
── tiene que ser grande, Angelo, estoy antojada de una tarriga grande de helado de chocolate. No pequeña.
── de acuerdo, como usted ordene señora, mandaré a que la compren.
── bien.
Sin apartar la mirada de la carretera, tomé su mano y besé el dorso de esta.
── ¿viste como te miraban todas en el hospital?
Sonreí más, ya tardaba en sacar el tema.
── sí, también miraba como tú las mirabas a ellas.
── en realidad yo no puedo culparlas de que te miren. Eres un hombre muy apuesto y sexi. Lo eres aún más cuando estás desnudo, que puedo observar todos tus tatuajes, tus músculos y lo demás.
No pude evitar reír. Sabía a lo que se refería. A Joana le daba vergüenza hablar sobre sexo y todo lo referido a ello. A pesar de que empezamos a salir hace cinco años y nos casamos hace tres, se ponía como un tomate cuando yo le hablaba sobre sexo. Lo que es increíble, porque esa mujer hace unas cosas increíbles en la cama, con ella he aprendido mucho.
── fue a hablar la mujer más guapa, encantadora y sexi del mundo.
── cállate, no empieces -la miré unos segundos, sonreía con sus mejillas tornándose coloradas.-
Mordí mi labio con una sonrisa.
Joana es de tez blanca, rubia, con unos ojos azules de muerte y unos labios rosaditos que siempre me vuelven loco.
Tiene veintiocho años, yo le llevo dos. Es una mujer valiente y decidida. Me prefirió a mí antes que su familia, no mantiene contacto con ellos desde que supieron a lo que yo me dedicaba.
En unos momentos es una mujer muy feliz, alocada y extrovertida, pero también tiene sus bajones. Hace berrinches, llora y se pone de morros para conseguir todo lo que quiere. Yo como siempre, caigo ante las caritas que me hace.
Es todo lo contrario a mí, supongo que por eso pegamos tan bien.
Como dicen por ahí, los polos opuestos se atraen.