Capítulo 2

1062 Palabras
*Narra Angelo* Terminé de secarme y me puse unos boxers. ── amor -la miré. Estaba tumbada en la cama y tenía un sujetador deportivo.- siento lo de esta tarde, sé que te da miedo por lo que pasó con tu madre. Hice una pequeña sonrisa. ── todo estará bien, tu lo has dicho -intenté convencerme yo mismo de lo que acababa de decir.- ¿verdad? ── todo estará bien, Angelo. Tendremos una preciosa niña. Acarició su barriga. ── será la princesa de la casa -continuó diciendo.- ¡oh! ── ¿qué? ¿te duele? ¿llamo a la doctora? -pregunté preocupado y me acerqué a ella.- ── no, es que...está dando pataditas -me miró con una sonrisa preciosa.- tócala. Me quedé observando su barriga. No podía tocarla. Sería un hipócrita si toco su barriga para sentir a esa niña, niña que odiaré el resto de mi vida si Joana decide ponerla a ella por encima suyo. ── ¿Angelo? -la miré a los ojos.- ¿qué...pasa? Respiré interiormente cuando mi teléfono empezó a sonar, dándome la oportunidad de librarme de esto. Me alejé y lo cogí. ── es mi padre -me puse el albornoz y contesté la llamada mientras salía de la habitación.- Estuvimos hablando un rato. Luego me serví una copa de vino y decidí quedarme en el salón, si regresaba a la habitación sabía que Joana y yo terminaríamos como en la tarde. Regresé a la habitación cuando empezaba a darme sueño. Ella estaba dormida de lado. Apagué la televisión y dejé la lámpara de noche encendida. Al tumbarme me puse de frente hacia ella y me acerqué lo más que pude. Quería sentir su respiración, olerla y sentirla. Por eso, llevé la mano a su cara. Aparté unos mechones de pelo y fuí bajando la mano por su mejilla para continuar descendiendo por su brazo. ── estoy tan enamorado de ti, Joana -susurré.- yo sin ti...no...es que ni siquiera puedo decirlo. Tal vez soy un maldito egoísta por solo pensar en ti y ponerte ante todo, incluso ante esa niña, pero es que a ti te amo, y ella solo...joder -resoplé molesto y me tumbé hacia arriba.- Casi no pegué ojo en toda la noche. Ambos despertamos temprano porque Joana tenía cita para hacerse todas las pruebas que pidió la doctora. En cuanto estuvimos listos, nos marchamos. ── ¿te quedarás conmigo? ── por supuesto, no te voy a dejar sola. Al llegar al hospital, se la llevaron enseguida. Yo me quedé en la sala de espera. Durante las siguientes horas, mis nervios me tenían tenso. Nadie me decía nada, y para rematar, mi cerebro no dejaba de pensar en cosas malas, complicando aún más las cosas. Este es uno de esos momentos en los que echo de menos fumar. A Joana no le gustaba que lo hiciera, me costó mucho dejarlo. ── ¿Angelo Martinelli? ── soy yo -me acerqué rápido.- ── venga conmigo, su mujer está en una habitación. La seguí. ── ¿por qué está en una habitación? ¿se quedará aquí? ── hasta que no tengamos los resultados de las pruebas que le hemos hecho, se quedará en esta habitación -abrió una puerta.- en la tarde vendrá el doctor con los resultados. Entré. Joana tenía una bata de hospital y estaba tumbada en la cama. ── ¿estás bien, preciosa? -tomé su cara con ambas manos.- ── sí -acarició los dorsos de mis manos que aún estaban en su cara.- ¿tú estás bien? ── nervioso -sonrió.- solo quiero que acabemos con esto ya. ── ¡eh! no eres tú el que está embarazado -dijo riendo. Suspiré.- ── princesa -me interrumpió.- ── es una broma. Estate tranquilo, anda -me tomó por los bordes de la chaqueta y tiró de mí hasta ella. Nuestras caras quedaron cerca.- mejor dame un beso. Sonreí mientras miraba sus bonitos labios rosados y carnosos. Me acerqué más pegando mis labios a los suyos. El beso era lento y profundo. Pero según pasaban los segundos, ambos sentíamos las ganas de devorarnos el uno al otro haciendo que el beso fuera fogoso y placentero. Llevó su mano a mi pelo por detrás y tiró un poco de este logrando de mi parte un gruñido en medio del beso. Mi mano terminó en su nuca, acariciándola. Ambos nos separamos para respirar, aún estábamos muy cercas. Cuando sonreímos, volví a pegar mis labios a los suyos. Esta vez el beso fué más corto. Esta es una de las cosas que más nos gusta de nuestra relación. Los besos. Nunca son unos besos simples, no, Joana y yo nos decimos muchas cosas a través de ellos. Nos decimos lo mucho que nos amamos, nos transmitimos deseo, pasión, confianza, amistad, calma y seguridad. Todo eso nos lo expresamos con besos. Esta es una de las cosas que aprendí con Joana. Antes besaba sin más, pero desde que amo a Joana todo es distinto. No entendía la magia de los besos hasta que lo probé con ella. Al separarnos apoyé mi frente en la suya. ── te amo, princesa. ── yo te amo a ti, amor -sonreí.- túmbate conmigo. Di la vuelta hasta el otro lado y me subí a la cama. Se puso hacia mí y se apoyó en mi pecho. La abracé a mí y besé su pelo. ── quiero que se llame Alessia -dijo derepente. Metí mis labios hacia adentro y cerré los ojos. Yo no quería hablar sobre eso.- ¿te gusta ese nombre? No dije nada. Se separó y me miró. ── ¿no te gusta ese nombre? ── no quiero hablar de esto -acaricié su mejilla.- ── estamos hablando de nuestra hija. ── es más importante tu salud, Joana. ── ¿vamos a volver con lo mismo? ── sí hasta que entiendas que tu salud va primero que esa cosa. ── ¿cómo te atreves a llamarla así? lárgate. ── Joana -me interrumpió.- ── ¡vete de la habitación! -nos quedamos mirando.- ¡vete Angelo! Bajé de la cama y me acerqué a la puerta. Antes de salir, la miré, tenía las manos en su barriga y la cabeza agachada hacia esta. Salí al pasillo. Pasé la mano por mi pelo y empecé a caminar de un lado a otro. La había jodido pero bien, pero eso no me haría cambiar de opinión. Seguiría manteniendo mi postura aunque estuviera enojada conmigo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR