Capitulo 3

2034 Palabras
Y sí, me case, estoy casada con él, por más que me enojé y di todo de mi para no ceder, no pude, lo que siento por él es más fuerte que mi fuerza de voluntad, y no solo eso, sino que también está el hecho de lo que hiso en el aeropuerto.   Terminé cediendo y siendo llevada a NY, nunca me imaginé una boda como la que tuve, pero estoy casada con el hombre que amo. Se preguntarán como fue la boda, pues, sin invitados él y yo, su abogado y la mujer de su abogado como testigos y el juez; ya esta no más que eso. Lo malo no es eso, lo malo en realidad es que, para el mundo, estamos casados hace más de un año ya.  —el empresario multimillonario Alan Redinton, da a conocer por fin a su mujer, después de un año de haber contraído nupcias, el famoso empresario dio a conocer a través de una conferencia de prensa esta mañana, que está casado con una muchacha italiana, hace más de un año... —  Dejé de escuchar lo que decían los noticieros, cuando mi computador sonó informando una video llamada, el rostro de Mioka apareció en la pantalla en cuanto le di aceptar a la llamada.   —es una locura lo sé... — dije antes de que hablara   —¿cómo te dejaste arrastrar a eso? — pregunto enojada   Ella más que nadie sabe lo que sufrí cuando Alan me mando a la Friends zone y me dijo que no me quería como mujer si no como una amiga.  —solo acepte ayudarlo y quedamos que sería por un año solamente — informé Roy rio al oírme — ¿y tú qué? — dije enojada   — que solo tú te crees eso... — contestó y se encogió de hombros   —ya no importa.... ahora ya acepté, y ya estoy casada pronta para ir a conocer al pequeño hijo de él — dije   —suerte con eso — habló de nuevo Roy — su ex suegra no es nada linda de tratar y el viejo menos — informó, suspiré   —gracias creo... — dije y vi a Mio reír de mi   Mi vista fue del computador hacia la escalera que estaba justo frente al sofá de la sala, por ella baja el hombre más guapo y sexy de todo el planeta tierra, llevaba puestos unos pantalones formales negros y una camisa del mismo color que le quedaba como un guante, carraspeé al notar que veía como estaba examinándolo y volví mi mirada al computador escuchando su risita de fondo.   —chicos... — saludó al llegar a mi lado   —volveré a decir lo que una vez te dije – hablo Mio – la lastimas y te quedas sin tus amigos sin nada ni siquiera las pelotas te las dejaré, para que recuerdes que con una mujer enamorada no se juega – advirtió y Alan asintió regalándole una sonrisa   —Mioka — advertí   —¡tú no te metas! — dijo “enojada”   —bien amigo, yo no podré ayudarte si haces estupideces, las mías son muy preciadas como para perderlas... — dijo Roy riendo y Mio le dio un manotazo en el pecho   —debemos irnos... — dije — ...amiga, cuídate mucho, espero estés disfrutando de tus pequeños y también espero pronto poder conocerlos — dije sonriendo   —los estoy disfrutando mucho, ya puedo darles de mi pecho y el medico dijo que pronto podrían ir a casa, espero que cuando eso suceda puedan ir a Italia y así podremos conocer a Elliot – dijo y asentí  —también espero que pronto conozcan a mi pequeño — habló Alan y ellos asintieron   […]  Después de despedirnos de ellos, salimos de casa directo a conocer al pequeño Elliot, en el camino mi pulso aumento y mis manos comenzaron a traspirar, Alan se dio cuenta de mi estado y tomo mi mano para depositar un beso en el dorso de esta, regalándome una cálida sonrisa luego, no voy a decir que me tranquilice, pero al menos sirvió para saber que todo iría bien.   Al llegar Alan se estaciono frente a la residencia y nos bajamos del auto, él camino hasta mi lado y tomo mi mano antes de comenzar a caminar hacia la puerta de la misma, mire como Malcom se paraba de tras nuestro, mientras nosotros hicimos sonar el timbre mínimo cinco veces, sin tener resultados. Ya cansado Alan aporreo la puerta y esta se abrió bruscamente, dejándonos ver a una mujer de edad adulta, unos 50 años quizá, tenía el pelo cobrizo y los ojos marrones, nos miraba con el ceño fruncido y claramente enojada   —¡Elliot no está! — dijo enojada   Alan alzó una ceja y empujó a la mujer para meterse dentro de la casa, llevándome a mí con él ya que nunca soltó mi mano   —¡Elliot! — grito mi ahora esposo   —dije que no está... — su voz perdió fuerza cuando la mirada cabreada de Alan se posó en ella — … no está él salió con su abuelo — dijo con voz calma la mujer   —mira Amira, me entero de que me estas mintiendo y lo pagaras caro — amenazó Alan con voz tan calma, que hasta mi piel erizo   —no miento, no sé cuánto van a tardar así que no esperes – dijo la mujer, ahora conocida como Amira   Alan rio sin ganas y la apuntó con un dedo, no dijo nada, pero ella sabía que la amenaza estaba en su mirada, y de todas formas no bajo la mira, al parecer estos dos no se llevaban muy bien desde tiempos pasados.   —vámonos — me dijo y comenzó a caminar hacia la puerta   —una pobre copia barata de mi hija te conseguiste como esposa... — habló la mujer y la mandíbula de Alan se tensó tanto que pensé iba a quebrarse   —disculpe señora... — dije girando para poder enfrentarla – ...su hija no me llega ni a la punta de los pies, y si cree que me gustaría tan solo parecerme a ella, está muy equivocada, me amo tal cual soy y no necesito parecerme a nadie para que alguien más me ame – dije con voz suave, aunque por dentro ardía de rabia – si cree que puede llegar a ofender a mi esposo o a mí con lo que acaba de decir, está muy equivocada, sus palabras para nosotros son como silbido de mosquito... — dije y ella me miro furiosa — … molestas — terminé deletreando la última palabra.  Alan soltó una risita disimulada, carraspeo su garganta y luego hizo un asentimiento de cabeza hacia la mujer, giramos de nuevo para poder irnos, pero algo detuvo nuestros pasos, algo que hiso cabrear a Alan, mi mano fue estrangulada por la de él, al oír la voz de su hijo llamándolo a nuestras espaldas.  | —señora, usted está muerta —| pensé en ese instante.  —¡papi, papi! – gritó eufórico   Me giré para poder verlo y me encontré con una pequeña cosa, que no llegaba a medir ni un metro de estatura, tenía el pelo cobrizo como su padre y abuela y unos hermosos ojos azules, muy parecido a los míos, su piel era clara con pequeñas pecas marrones adornando gran parte de sus mejillas y nariz.  —¿cómo está mi pequeño campeón? — dijo Alan sonriente, mientras levantaba a Elliot en brazos   —muy bien papi, ¡te extrañé! — informó y sonreí   En ese momento su mirada conecto con la mía, azul con azul, me escaneo durante un buen rato y luego sonrió feliz, sus ojitos se iluminaron de tanta felicidad y sabría lo que diría a continuación.  —¡mami! — gritó entonces   Trague en seco mientras veía la mandíbula de Alan tensarse en desacuerdo, y lo entendía a la perfección, ya que no soy la mamá de Elliot, ni tampoco la mujer a la cual él ama.  —¡ella no es tu madre! — gritó furiosa su abuela   Elliot la miro asustado y luego de entender sus palabras comenzó a llorar desconsolado, me apresure a él y lo lleve a mis brazos, pronto su cabeza se vio refugiada en la unión de mi cuello y hombro, mientras sus brazos rodearon mi cuello. Sobe su espalda mientras le decía que todo iría bien, que dejara de llorar, poco a poco lo logré.  —la próxima vez que le alce la vos a mi hijo se arrepentirá – amenazó mi esposo   —esa cualquiera no se compara con mi hija, y Elliot debe entender que ella no es su madre – dijo enojada  Alan se aproximó a ella furioso y yo tomé su brazo antes de que cometiera cualquier locura, sus esmeraldas conectaron con mis ojos y le hice saber que todo estaba bien  —será mejor que nos vayamos ya – dije y él asintió  —me llevaré a Elliot con nosotros, él va a pasar unos días en mi casa – informo Alan    —¡mi nieto no sale de esta casa! - casi grito la mujer   —lo lamento, pero usted no me va a decir que hacer con mi hijo... — dijo entonces Alan y ella lo miro fulminante   —no te llevaras a Elliot, no sin mi permiso — habló una voz a mi espalda   Pronto tuve a un hombre de unos 60 años frente a mí, su cabello era canoso, dejando saber que una vez fue n***o y sus ojos de un profundo azul, ahora sabia de donde había sacado el color de ojos la fallecida prometida de Alan.  Él hombre me observo durante algún tiempo y luego dirigió su mirada a mi esposo, Alan lo miraba ceñudo y con los puños apretados.  —¿y usted quien se cree para prohibirme las cosas? – preguntó Alan   —tengo la custodia de Elliot, así que tengo derecho de decidir si va o no va – contestó tranquilo   —pues va a ir — dijo entre dientes   —yo quiero ir con mamá y papá... — habló bajito Elliot   —¡ella no es tu madre y no vas! — dijo el hombre   Después de eso todo paso velozmente, él me quito a Elliot de los brazos y en el proceso me empujo haciéndome trastabillar, me fui de espaldas golpeando mi cabeza con algo filoso, el dolor no se hiso esperar y mis ojos pronto se quedaron borrosos, dejándome poco a poco en la inconciencia.  —lucecita...— fue lo último que escuché.    Narra Alan  Tomé a Yan en brazos inmediatamente, el corazón me latió exageradamente cuando la vi cerrar sus ojos y que sangre salía de su nuca.  —rayito abre los ojos – murmure – ¡Malcom! - hable en voz alta   Lo vi aparecer frente a mis ojos justo cuando cargaba a Yan en brazos, le hice una seña con la cabeza apuntándole al abuelo de Elliot, y él de inmediato entendió lo que quería decirle   —¡de esta casa no sacan a mi nieto! — grito el viejo al darse cuenta que Malcom se lo iba a sacar.  El llanto de mi hijo no se hizo esperar, al escuchar el grito Esteban, estiro los brazos hacia Malcom y este lo tomo de inmediato, Elliot se refugió en el cuello de mi seguridad y este salió con él en brazos de la casa.  —no te lo puedes llevar, y si la policía se entera de lo que hiciste, menos que vas a obtener su custodia – habló Amira   —cuando la policía se entre de lo que le hizo tu esposo a mi mujer, no van a pensarlo dos veces, para enviar la denuncia al juez del caso – dije sin mirarla  Estaba de espalda a ellos, pues ya había tomado camino hacia la salida.  Cuando salí de la casa, metí a Yan dentro del auto, y fui a donde se encontraba mi hijo, bese su frente y le asegure que Yan estaría bien. Después de eso solo me subí al auto y conduje lo más rápido que pude al primer centro médico que encontré. 
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