Termina la jornada laboral para todos y es hora de regresar a su jaula de cristal donde la espera su más grande tesoro, apaga su computadora, recoge sus cosas y camina a la salida, se toma un momento para recuperarse, últimamente Valeria siente mucho cansancio, pero es que cada investigación solicitada por su padre debe hacerla en tiempo récord, sin peros que valga, ya recuperada, continua hacia el estacionamiento, ubica su carro y emprende su camino hacia él su casa que solo era su lugar seguro cuando era una niña y su mamá aún vivía.
Llega a la mansión, sube a su habitación sin determinar a nadie, en ese lugar todos le temen a su padre por lo que ella únicamente confía en su hermano, se da un baño rápido y baja al comedor, una mesa tan grande que se siente vacía por todos los malos momentos compartidos en ella, nunca ha podido entender a su padre y como su madre siempre busco justificar cada acción, Valeria se acerca a Gerardo sentándose a su lado, quien la esperaba con una gran sonrisa como todos los días.
—Hermanita me dijiste que hoy entregabas un trabajo a papá en la mañana, por lo que estarías más desocupada en la tarde y podríamos hablar como hace días no lo hacemos. — Habla con algo de reproche y jugueteo, nunca puede molestarse con su hermana, ha sido quien lo escucha y esta para él en sus malos momentos.
—Si sé que quedamos en conversar temprano, pero se me complico unos papeles y debía dejar todo en orden, pero no te preocupes luego de cenar hablamos de eso, ya papa está bajando. — Habla Valeria con voz más baja mientras visualiza la figura de su padre bajando las amplias escaleras con porte imponente y la cara amargada que lo caracteriza.
Se acerca a la mesa del comedor sentándose en la cabecera dirige una mirada intimidante a sus hijos, Valeria aunque no pronuncia palabra alguna, no le baja la mirada, él solo es un hombre con dinero, pero sin él no es nadie.
—Antes de que coman quiero informarles que para este sábado no quiero que hagan planes así que, de su salida me vienen temprano, tendremos invitados y los quiero elegantes, esta cena es muy importante, ya pueden servir la cena. — Como siempre dando órdenes, la comida llego y todos se dispusieron a comer, cada uno sumergido en sus pensamientos. Su padre termina de comer y se retira, dejando un ambiente de paz.
Valeria y Gerardo luego de cenar se disponen hablar sobre lo que él quiere contarle.
—Hermana conocí una chica muy linda en la preparatoria, pero bien sabes lo malo que soy para cortejarlas, así que necesito que me digas que puedo hacer por favor, ella es muy reservada y tierna, no habla con todo el mundo y siento que si me acerco me rechazara, ya que desconfía de la gente…— Habla emocionado y a la vez triste por no haber podido tener un acercamiento, Valeria le presta total atención.
—Baja la voz, sabes que esas cosas no las podemos hablar libremente, si nuestro padre se entera de que tienes distracciones en la escuela puede hacer algo para evitarlo. Con respecto a lo que me pides yo no soy la más indicada para hablarte del amor, papá se ha encargado de espantarme los pocos novios que he tenido aparte que no han sido las mejores relaciones, pero te puedo decir que cosas podría gustarle a tu chica. — Le guiña un ojo, mientras le explica todas las formas que podría hacer para acercarse a la joven.
Tras conversar por un rato, los hermanos caminan a sus habitaciones para descansar.
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Ya es sábado los hermanos Lombardi listos para pasar un día lleno de diversión, aun cuando su padre controla cada uno de sus movimientos, pueden tomarse un día de distracción al mes, se encuentran al salir de sus habitaciones, bajan a desayunar al comedor solos, hoy su padre no se encuentra en casa lo que hace más amena su comida.
Llegan al parque de diversiones en Santa Cruz Beach Boardwalk, Gerardo sale rápidamente del auto una vez se detiene, es un adolescente, pero con alma de niño, quiere explorar todo lo que se le permite, Valeria se apresuran a salir, siente la brisa fresca que golpea sus rostros, para ellos esto es un escape, la alegría de la gente que los rodea, los niños correteando alrededor de sus padres felices, es todo lo que ellos quisieran tener, se funden en un fuerte abrazo.
—Sé que no somos la familia que deseabas tener, pero te aseguro que llegara el día donde seamos libres y podamos ser nosotros. Te amo hermanito siempre voy a estar para ti. — Gerardo la abraza fuerte, ella ha sido como su mamá en cada caída, cada enfermedad ella ha estado, Valeria es su lugar seguro.
—Yo también Te amo. — Con los sentimientos alborotados ese abrazo se vuelve una necesidad, son tantas cosas las que han tenido que pasar y aguantar, que solo son ellos contra el mundo que su padre ha construido para ellos.
Gerardo corre a pedir sus boletos, suben a todas las atracciones posibles, desde la montaña rusa hasta carros chocones, comen dulces, almuerzan cerca en un restaurante sencillo, en su vida han aprendido que el dinero no compra la felicidad. La alegría que desprende Gerardo al sentirse libre y compartir momentos como estos con su hermana es inigualable.
Se hacen las cuatro de la tarde y ya deben volver.
—Valeria estuvo increíble, el próximo mes debemos hacer algo con más adrenalina, sabes que son los únicos momentos que tengo para salir de la cárcel que mi papá me tiene, los escoltas siempre están detrás de mí vigilando cada movimiento, un día de estos, término volviéndome uno de ellos. — Dice entre risas, imitando la postura rígida y seria de los escoltas que están a pocos metros de ellos.
—Inventas unas cosas, tú serás quien quieras ser, pero no estaría mal tener un hombre fuerte y valiente que cuide de mí. —Menciona picándole un ojo mientras le hace cosquillas.
—Vamos ya es hora de volver o si no nos cuelga el ogro del castillo. — Comenta entre risas, abrazando a su hermano mientras camina al auto.
De camino a la mansión Lombardi, Gerardo se queda dormido en las piernas de Valeria, quien lo deja dormir en el trayecto de regreso a casa, la noche es larga, tendrán invitados y deben estar descansados, no sabe de qué se tratara, su papá es tan impredecible que cualquier cosa debe estar tramando. Llegan, Gerardo despierta y suben cada quien a su habitación arreglarse para la cena.
*
Valeria está terminando los últimos retoques, se colocó un vestido n***o de tirantes, descotado en v, ajustado en la cintura y falda suelta con un corte en la pierna derecha hasta medio muslo, un maquillaje suave y un labial nude, tacones plateados brillantes. No le interesa en lo absoluto de que se trata esta cena, pero siempre debe estar impecable.
Ya lista toca la puerta de su hermano quien abre la puerta
—¿Estás listo?
—Sí. — Contesta y sigue a su hermana.
Juntos bajan las escaleras con elegancia, el timbre es tocado. Una muchacha del servicio se dirige abrir la puerta, Valeria pone total atención a la entrada, su padre aparece desde el salón vestido en un traje n***o y camisa blanca sin corbata, por la puerta entran dos caballeros uno de algunos 60 años, trigueño, cabello corto canoso, un poco relleno, vestido de traje elegante y otro más joven de aproximados 30 años parecido al anterior, pero con pelo castaño y cuerpo fornido, porte elegante con traje de tres piezas azul marino, fija su mirada en Valeria, quien se lleva toda su atención.
Augusto Lombardi saluda con un caluroso abrazo a ambos hombres, para Valeria ver estas muestras de afecto es algo extraño, ese hombre es una piedra que nada lo ablanda, ni lo hace sonreír, se separan y llama la atención de Valeria.
—Hija mía acércate quiero presentarte a mi querido amigo y socio Ernesto Santos y a su hijo Lorenzo, ellos nos acompañarán esta noche. — Habla en un tono cariñoso que no conocía.
Valeria se acerca saludando al patriarca de los Santos y extiende su mano a su hijo.
—Mucho Gusto Valeria Lombardi, es un placer tenerlos esta noche en nuestro hogar. — Habla con toda la convicción posible, evitando demostrar su desagrado por la cena tan repentina con personas desconocidas.
—El placer es mío, futura esposa.— Declara mientras besa su mano.
Valeria expande sus ojos con sorpresa no puede creer lo que salió de su boca, como eso puede ser posible, busca a su padre con su mirada, quien se encuentra muy animado hablando con su amigo, Valeria no sabe qué hacer, solo trata de guardar la compostura para no hacer un escándalo.
—Pasemos al comedor, podemos seguir conversando sobre nuestras alianzas allí, es hora de servir la cena. — Augusto dirige una mirada de advertencia a Valeria quien toma por los hombros a su hermano para dirigirlo por el comedor, mientras Gerardo le murmura en el oído.
—Hermana no te puedes quedar callada, él no tiene el derecho de dirigir tu vida, no pienses que no me di cuenta de que no estabas enterada, por fav…— Dice cuando la castaña lo interrumpe.
—shhhh… Sigamos con la cena más tarde me entenderé con papá, esto no se queda así, pero tu tranquilo, estaremos bien. — Responde bajo para zanjar el tema.
Siguen hacia el comedor Augusto como siempre encabezando la mesa mientras tiene a su lado derecho a Valeria seguida por Gerardo. Y al lado izquierdo a Lorenzo con su padre al lado, todo para que Valeria y Lorenzo estén frente a frente.
—Ernesto Normalmente no hago invitaciones a mi casa, pero como ahora seremos familia espero esta sea el comienzo de muchas cenas en conjunto, hagamos un brindis para festejar, TRAIGAN LA CHAMPAÑA Y UNAS COPAS, esto hay que festejarlo. — Los Santos sonríen ante las palabras de Augusto, Valeria y Gerardo apenas curvan un poco su boca en un intento de sonreír ante el incómodo momento.
El servicio se encarga de entregar las copas a cada uno, hacen el brindis y siguen con la cena, Augusto, Ernesto y Lorenzo conversan sobre posibles inversiones y demás temas de negocios, Valeria y Gerardo se mantienen en silencio, para ellos esto es absurdo, su padre hace todo sin consultarlo, dando todo por hecho.
Transcurrida algunas horas los Santos se van y Augusto se dirige a su despacho, Valeria le pide a su hermano que vaya a dormir, no quiere que esté en medio de la discusión que tendrá con su padre, él le hace caso y se va, Valeria respira profundo, es tarde y por haber corrido tanto con su hermano su cuerpo le pide descanso, se llena de valor tras soltar un suspiro se dirige al despacho, sabe que no puede dejar esta conversación para otro día, es ahora el momento en que debe detener esta locura.
Abre la puerta del despacho sin decir una palabra, su padre está muy tranquilo en su escritorio mientras revisa documentos, como si no debiera explicaciones, Valeria no lo puede creer, cierra la puerta de un portazo. Su padre se levanta enojado tras escuchar el estruendo, la mira por encima del hombro, con actitud prepotente.
—Quien te permitió entrar de esa manera a mi despacho, tu comportamiento esta fuera de control y sabes muy bien que conmigo no se juega, así que te vas a tu habitación y te calmas, a mí no me vas a faltar el respeto en mi casa.
—Por encima de mí si puedes pasar, y tomar decisiones sin consultarme y yo tengo que quedarme callada, pues no, quiero que anules ese compromiso, no me voy a casar con un hombre que no conozco, obligada y mucho menos por un acuerdo, tus negocios son tu asunto, a mí me dejas fuera de esto, te exijo que esto se termine lo antes posible, porque la próxima vez no seré nada educada con esas personas. — expresa firme, debe darse cuenta de que ya es una mujer y no puede seguir gobernándola.
Augusto se acerca peligrosamente señalando a Valeria.
—TU A MÍ NO ME EXIGES NADA, HAZTE LA IDEA PORQUE TE CASAS SI O SI, TENGO LAS MANERAS PARA QUE ESO SE LLEVE A CABO Y NI AUNQUE TE NIEGUES HABRÁ CAMBIO DE PLANES, O QUIERES A TU HERMANO FUERA DE TU VIDA Y EN UN INTERNADO MILITAR BIEN LEJOS DE TI, ¿DIME? SOLO ASÍ ANULO ESE COMPROMISO.